Actualizado 13 / 11 / 2018

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Entre el género y los genitales

Foto: Expansión

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¿Sabía usted que la primera relación de poder instaurada está dada entre los dos sexos? Esta cuestión sobrepasó en muchas esferas la discusión del golpe, el salario o la igualdad entre hombres y mujeres, para convertirse en una línea transversal a todas las cuestiones sociales.

Todavía existen quienes asocian al género con el genital, como si el órgano sexual definiera la identidad de cada quien y la fuerza para dominar a otros. Muchos no comprenden que dos personas de un mismo sexo puedan atraerse o que un hombre pueda sentirse mujer y viceversa.

Tanta confusión no es más que el resultado de la construcción de estereotipos sociales de cómo debemos ser y comportarnos, como si solo existiera una única manera.

Sin embargo, el mundo ha cambiado a la par de los tiempos y las tendencias. El machismo férreo hoy está solapado en prácticas aparentemente inofensivas que en muchas ocasiones defendemos o justificamos sin darnos cuenta.

Los roles y actitudes son otorgados según el sexo. La niña nace predestinada a las tareas del hogar e incluso muchos juegos incluyen imitaciones de actividades domésticas o hacen alusión a la maternidad.

El niño, por otro lado, es criado con mayor desenfado, sus juegos más frecuentes asumen la competencia o la rivalidad como bases, y sus juguetes responden a patrones de la masculinidad hegemónica o lo que yo prefiero llamar el macho man: armas, carros o la práctica de deportes de riesgo o de combate.

En el plano familiar, si antes el grito, la fuerza o el temor marcaban pautas, hoy la dominación está solapada en una caricia, en la ternura o en horizontes construidos a costa de sueños y aspiraciones. En ocasiones no nos percatamos de cuánto sacrificamos por complacer a alguien o a la sociedad, cuando la cuestión es preguntarse ¿merece la pena?

En el imaginario popular la mujer y el hombre tienen un vínculo de relación por oposición. De ahí que la primera debe ser débil, ingenua y delicada como una mariposa; mientras que él, un potro salvaje, intrépido, seductor e inmune al dolor. ¡Ni pensar en intercambiar los adjetivos! Puede ser visto como muestra de falta de valores o debilidad, respectivamente.

El lenguaje es otro detalle importante y muchos no lo comprenden. Hablar de hombres y mujeres, niños y niñas, refiere la inclusión de la figura femenina en el discurso, el mismo que durante muchos siglos nos ocultó tras sustantivos masculinos. Sin embargo, no es suficiente. Existen culturas de habla inglesa cuyo lenguaje no conjuga o refiere sexo y sin embargo son sistemas patriarcales en los que la mujer también es vista como un complemento. Otras naciones recalcan en cada escenario el “los y las” y sus políticas sociales no muestran avances en la dignificación de la figura femenina, en tanto persisten los modelos culturales y de aprendizaje discriminatorios.

El género no está definido por el sexo. La femineidad y la masculinidad son construcciones sociales, históricas y culturales que reafirmamos en tanto las reproducimos. No es una lucha de mujeres, como muchos creen, es un reclamo por la equidad y la justicia social para desmantelar una ideología que domina y somete a toda la humanidad, pese al costo psicológico, social y biológico. Una cultura patriarcal que menosprecia lo diferente.

Sobre el Autor

Loraine Morales Pino

Loraine Morales Pino

Licenciada en Periodismo, graduada en la Universidad de Pinar del Río, Hermanos Saíz Montes de Oca.

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