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De “La Baría” su gente y el olor de la madera

En las instalaciones del aserrío perteneciente a la Empresa Agroforestal La Palma, se celebró este miércoles el acto nacional por el Día del trabajador forestal / Foto: Vania López Díaz

En las instalaciones del aserrío perteneciente a la Empresa Agroforestal La Palma, se celebró este miércoles el acto nacional por el Día del trabajador forestal / Foto: Vania López Díaz

El olor a madera cortada es indiscreto, así como el sonido industrial de su procesamiento. Una sierra fragmentando troncos desprende una cantidad de señales sensitivas que no pasan inadvertidas y menos para este equipo de reporteras que llegó hasta el aserrío La Baría.

Una jornada normal para los obreros de la entidad comienza con el traslado desde sus casas hacia la zona donde se encuentran las líneas de producción. Algunos viven a unos metros pero otros tienen que recorrer más de cuatro kilómetros para llegar, esos son traídos por transportes de la UEB a la que pertenecen, la Agroindustrial de La Palma.

PRODUCCIÓN

Llegan, se saludan, se actualizan o tal vez hay quien va directo a su puesto de trabajo y ahí inicia la primera de ocho horas de cargar troncos, aserrarlos, acomodarlos y repetir las acciones una y otra vez.

Los fines son personales y colectivos. Entre ellos, reportar para un buen salario, cumplir el plan o producir las tablas que se usan en las construcciones de viviendas o de sarcófagos; de módulos de envases en los que se transportan las producciones agrícolas para las fábricas o mercados y de los parles que sustentan mercancías.

Son esas las tres líneas de producción de La Baría aserrío que junto a otro llamado La Jagua y a una empresa extractiva son parte de la UEB mencionada que mereció la condición de Vanguardia Nacional en el 2017.

“Somos reconocidos a nivel nacional gracias al trabajo, ya que la actividad que ellos realizan es de las más importantes. La madera que se procesa tiene un destino de balance nacional, por lo que puede estar en cualquier lugar del país”, dijo Osmel Portales Almora, director de desarrollo de la Empresa Agroforestal La Palma.

SU GENTE

Decenas de palmeros trabajan en las instalaciones del aserrío. Allí se ven rostros de distintas generaciones y de ambos sexos. En conversación con Reina Maritza Cruz Hernández, jefa de producción de la entidad, se constató que tienen la plantilla cubierta ya que el salario oscila por los 1000 pesos y es una forma de ganarse la vida mejor remunerada que en otras labores, además de la tradición que representa para los del área.

Cruz Hernández labora en el sector desde hace 33 años y conoce cada interioridad de “La Baría”, a tal punto, que puede decir sin pensar mucho que entregan al mes unos 1 320 metros cúbicos de madera aserrada, la mayoría de coníferas (en especial de pino), en los que se incluyen más de 170 parles al día y de 420 a 500 módulos de envases.

Ese constituye parte del aporte de la unidad a la economía del país. Además, está la capacitad de emplear a decenas de personas de distintas comunidades, donde los trabajos no están muy diversificados.

“Llevo más de 13 años aquí en esta función. Es duro el trabajo pero ya me adapté y me parece que en otro lugar me sentiría mal. Tenemos las condiciones básicas, nos dan ropa y zapatos, así como medios de protección, por lo que nunca he tenido un accidente”. (Maribel Martínez Cruz, 48 años).

“Trabajo aquí desde los 20 años. Cargamos madera, la llevamos al péndulo y rotamos las funciones. Mientras haya materia prima nos movemos”. (Lilian Pita Martínez, 46 años).

“Cuando terminé el servicio militar empecé, de eso hace siete meses. Me recogen todos los días a las siete de la mañana porque vivo en San Andrés. Tengo más opciones de trabajo pero aquí pagan mejor, aunque me pase el día haciendo fuerza”. (David Suárez Valido, 20 años).

Según el director de la UEB, Raúl Ramos Calvo, los aserríos funcionan casi por las reparaciones de sus operarios, e incluso muchas de las máquinas fueron creadas por ellos, las cuales cumplen todos los requisitos.

Convergen las opiniones que las sierras rústicas necesitan pocos recursos y se rompen con menos frecuencia que el resto.

Durante los días previos a la celebración, los forestales de “La Baría” renovaban las líneas, pintaban las máquinas de la industria y acometían otras acciones con el fin de mejorar el estado de la unidad.

A la par procesan la madera de ese municipio del norte pinareño que cuenta con más de 25 900 hectáreas de bosque. De ellas se aprovechan los árboles que pueden proveer los recursos para distintas construcciones. Son extraídos de áreas que se reforestan de forma inmediata.

 

Sobre el Autor

Anelys Alberto Peña

Anelys Alberto Peña

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca

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