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Las flores que deja Ismael en su camino

Ismael Flores Camejo ha dedicado más de medio siglo de su vida al sector de la construcción. / Fotos: Yurina Piñeiro

Ismael Flores Camejo ha dedicado más de medio siglo de su vida al sector de la construcción. / Fotos: Yurina Piñeiro

Con 73 años de edad no ha ingresado nunca en un hospital. Pero lo más asombroso es que esta salud de hierro no responde a exceso de cuidados o a la sobreprotección de alguien, todo lo contrario, desde muy pequeño, su vida pendió de un hilo.

Nació en 1944 y con solo 12 años, en las mismas alforjas donde él llevaba la leche para venderla en el poblado de Isabel Rubio, ahí también cargaba municiones para los miembros del Movimiento 26 de Julio (M-26-7) en Guane.

UN ADOLESCENTE AL SERVICIO DEL MOVIMIENTO 26 DE JULIO

Ismael Flores Camejo entró al Movimiento por su hermano mayor, Guarino Flores y su cuñado, Rafael Gómez, quienes eran miembros activos del M-26-7.

“Por la edad que tenía me utilizaban como enlace. Colaboré trasladando dinamita y fulminante. Participé en acciones de sabotaje como quitar la corriente, quemar casas de tabaco y otras que frenaban un tanto el desarrollo de la dictadura.

“Yo recuerdo que las camas de nosotros en ese tiempo eran de tubos tres cuartos galvanizados, y en esos mismos escondíamos cartuchos de dinamita. Además en la casa también guardábamos las cadenas y las sogas que se utilizaban para provocar los apagones”.

El odio hacia aquel régimen y el anhelo de un gobierno revolucionario dieron el coraje a Ismael para no pensar dos veces en luchar contra la tiranía.

“Cómo no arriesgar mi vida. Tú también lo harías si un degenerado como Sosa Blanco llegara a tu propia casa y obligara a tus padres y hermanos a darle candela al tabaco o a cualquier otra cosa de valor para la familia.

“Eso lo viví yo. Actos como esos y la necesidad que veíamos en nuestra sociedad nos daban el valor para enfrentar a la dictadura. Había mucha hambre, mucho sufrimiento, mucho abuso, dos o tres viviendo bien y a los otros llevándoselos el diablo.

“En una ocasión, Sosa Blanco cogió preso a mi padre (Enrique Flores) y a Manolo Suárez, porque pensaba que eran ellos los que cortaban la corriente para sabotear las actividades que se daban en el pueblo. Ese ´hp´ aseguró que esa noche habría fiesta y que al día siguiente los ahorcaría, pues daba por hecho que todo transcurriría en calma.

Pero nosotros al saber lo que les ocurriría si no tumbábamos la corriente, nos arriesgamos sin medir consecuencias y nos salió bien”.

FLORES EN LA MISIÓN DE 5 PICOS

Tras el triunfo de enero de 1959, Ismael Flores Camejo integró la Asociación de Jóvenes Rebeldes (AJR). Cuenta este hombre que recién creada la organización, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz probó el calibre de sus jóvenes integrantes.

“A mí me dieron una misión y me le aparecí como a las nueve de la noche a mis padres en el consejo de la Sociedad que ellos presidían y cuando me vieron me dijeron: ‘¿Y tú para dónde vas?’. ‘Yo no sé papi, yo voy a cumplir una misión, lo que me hace falta es que me des lo que tengas’. Y haló por el bolsillo, a mí nunca se me olvida eso, me dio dos pesos con 50 centavos que era lo que tenía.

“Sabíamos que cumpliríamos una misión, pero desconocíamos dónde. Lo que te puedo decir es que de Guane éramos 10, todos muchachos entre 14 y 15 años. Sé que llegamos a Bayamo al antiguo cuartel de la tiranía. Seguimos avanzando para Guisa e hicimos estancia y desde allí continuamos para Oro de Guisa. No quieran saber ustedes lo que es eso. El mismo río hay que pasarlo aproximadamente 27 veces”.

Flores Camejo intenta recordar la trayectoria.

“La ruta incluía Oro de Guisa, Pino del Agua, Ocujal, Uvero y, a escalar el Pico Turquino. De ahí para el campamento a ´coger un diez´ y a los cuatro o cinco días repetíamos el itinerario.

“Imagínese periodista que el primer recorrido de Guisa al Pico Turquino fue de 10 días, porque tuvimos la desgracia de que el guía nos traicionó, y lo que podíamos haber hecho en cinco días aprovechando el día y la noche, se prolongó hasta 10”.

VICISITUDES DURANTE LA ESCALADA DE PICOS Y LOMAS

Mientras este hombre, con mucha seriedad, recrea los días vividos en las lomas del oriente cubano, de repente en su rostro se dibuja una sonrisa medio picaresca.

¿De qué se ríe Ismael?, le pregunté.

“Muchacha, en ese tiempo tuvimos que marchar a Uvero, a 26 o 30 kilómetros más o menos de Santiago de Cuba. Teníamos un hambre peor que un perro debajo de una carreta, y en aquel frente de playa tuve que asar cangrejo y con dos palitos comerlos con cascarón y todo. Después de eso jamás he comido cangrejo.

“En los primeros meses nos alimentábamos entre otras cosas con salchichas enlatadas que habíamos cargado en las mochilas que pesaban entre 40 y 50 libras. Pero pasado un tiempo se acabaron todas las provisiones, por lo que en una ocasión nos mataron una vaca, pero de aquella no quedaron ni los cascos, porque éramos más de 600 hombres”.

Ahora serio como para no dar lugar a dudas ni a bromas, Ismael primero me jura que fue verdad y después me cuenta.

“Antes de llegar a Uvero, pasamos por Ocujal como a las ocho de la noche, y empezamos a amarrar las hamacas. Esas eran las casas de nosotros. Dime que cuando nos levantamos por la mañana nos dimos cuenta que habíamos amarrado las hamacas en las cruces de un cementerio tradicional, donde yacían los muertos del ataque de Ocujal. Eso fue así, créeme”.

Dice Flores Camejo que se acuerda y aún le duelen los pies.

“Se descansaba muy poco. No estoy hablando de un momentico de caminata. Día y noche caminábamos por trillos y con mechones de petróleo o luz brillante para llegar al Pico Turquino.

“Mira qué entrenamiento que llegamos a hacer el recorrido en cuatro y cinco días, casi la mitad del tiempo que nos demoró el primer traslado”.

Rememora Ismael que cuando pensaban regresar de la Sierra Maestra porque habían cumplido ya el objetivo de la misión, llegó una orden de Raúl Castro, entonces jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, de que tenían que pasar para la Sierra Cristal.

“Para que se haga una idea de cómo estábamos, además de desesperados por bajar de las lomas, nuestros cuerpos pedían a gritos un poco de agua y jabón. Nos habían prohibido pelarnos y como es lógico, el pelo y la barba, luego de meses en el monte, nos llegaba casi a la cintura. Pero nos preparamos y de la Sierra Maestra nos trasladamos para Mayarí Arriba”.

UN LÍDER INDISCUTIBLE

Después de poco más de un año en las lomas, Fidel les ordenó una estancia donde menos estos jóvenes rebeldes imaginaban: en el Hotel Nacional.

“Con aquel olor a monte nos mandó a ´coger un diez´ en el Hotel Nacional. Imagínense ustedes esos muchachos con 14 y 15 años metidos en ese lugar. Estuvimos como 10 días allí. Por poco nos comemos el hotel porque nosotros lo único que sabíamos era bañarnos en los ríos y subir y bajar lomas”.

Al hablar de Fidel Castro, este hombre deja escapar su inmensa admiración y asegura que el líder de la Revolución cubana siempre llevaba un paso por delante de todos.

“Para que sepan quién era el Comandante, les cuento que llegando a Guisa, cuando miramos hacia el trillo venía Fidel empapado hasta la cintura. Allí nos reunió, cogió el puñal que tenía en la cintura, cortó un limón y nos dijo: ‘Ven lo que tengo en la mano, este limón lo necesitarán mucho, porque van a pasar necesidad hasta de tomar agua’. También nos dijo: ‘Ojalá me volviera a encontrar con el 60 por ciento de ustedes’.

“Y no se equivocó, pues él había estado en el mismo lugar y en peores condiciones. Pasamos trabajo y necesidad, tanto que muchos no aguantaron el entrenamiento. Del mismo territorio de Guane para la misión fuimos seleccionados 10 y quedamos solo cuatro”.

Durante más de medio siglo, Ismael Flores Camejo ha dejado su sudor y sus bríos en el desarrollo de nuestra sociedad.

De la Sierra Maestra regresó a Guane, donde se incorporó a la preparación de tierras. Sus manos operaron los Caterpillar que habilitaron áreas para el cultivo en Las Clavellinas. Fungió como instructor en la Unidad Militar del Cuarentenario; prestó sus servicios como chofer en el departamento de Obras Públicas, y a los viales de la zona de Cinco Pesos, a la Autopista Nacional y al acceso al Faro Roncali también entregó parte de sus años.

Luego de conversar con él, uno se da cuenta de porqué este hombre suma vida a sus años. A Ismael Flores Camejo lo caracteriza su forma práctica, pero positiva de enfrentar la vida.

Aunque sabe que como humano al fin, un día la muerte le llegará, no piensa en ella. Quiere ser útil hasta el último aliento. Cuando alguien le sugiere que se consulte con el médico, sin pensarlo dos veces, y en tono desenfadado, Ismael contesta: “Para qué si me siento bien. No puedo perder tiempo”.

Luego de cumplir con la misión conocida como 5 picos, Ismael recibió este reconocimiento de la AJR.Luego de cumplir con la misión conocida como 5 picos, Ismael recibió este reconocimiento de la AJR.

Sobre el Autor

Yurina Piñeiro Jiménez

Yurina Piñeiro Jiménez

Licenciada en Periodismo en la Universidad Hermanos Saíz de Pinar del Río, Cuba

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