Quijote de estos tiempos
- Escrito por Ana María Sabat González
Rolando Santalla López. / Foto: Vania López Días
Ser médico de la familia lleva esfuerzo, dedicación y constante preparación. Guerrillero entrevistó a Rolando Santalla López, del consultorio 23 del policlínico Turcios Lima.
Cabalga en bicicleta cual Quijote de estos tiempos y como caballero andante actual, tiene sus propios molinos de viento, y no imaginarios.
Es un médico de familia, pero de los de verdad, de esos que tratan de asumir los retos que cada día encuentran los galenos que están frente a un consultorio médico, en el cual una buena parte de la población sobrepasa los 60 años.
La mayoría le dice Roly, así sin apellidos; otros lo llaman doctor, con mucho respeto; aunque tal vez pocos sepan que su nombre completo es Rolando Santalla López. De lo que sí estamos seguros es que es un buen profesional, porque hasta ahora en el consultorio 23, en el consejo popular Capitán San Luis, de la capital pinareña, los pacientes tienen muy buen criterio acerca de él.
En el mercado agropecuario del barrio participamos ocasionalmente de la conversación de algunos vecinos.
“Vive pendiente de la salud de sus pacientes”. “Puedes ir con confianza porque está muy bien preparado”. “Atiende muy bien, con calma, seguridad y con mucha responsabilidad”. Fueron algunos de los criterios que escuchamos ese día.
Todo eso nos lleva a pensar que Roly posee el arte de ser de esos médicos que lo visitas por un padecimiento y entonces pregunta y explica a los enfermos, porque para él hasta el más mínimo detalle es importante para determinar realmente qué aqueja a los pacientes, incluso desde el plano social.
Eso suele traer consigo que los aquejados salgan tal vez un poco mejor de la consulta y lleven no solo las recetas, sino la seguridad de contar con el tratamiento médico adecuado.
AMANTE DE LA LONGEVIDAD
Rolando se graduó en el año 1986 y en 1990 se especializó en Medicina General Integral, y como por el 2011 es que hizo la maestría en Longevidad Satisfactoria.
Su primer trabajo, recuerda, fue en Minas de Matahambre. “Éramos un grupo y fuimos para allá recién graduados, estábamos muy unidos y los profesores nos ayudaron mucho. En la periferia uno se forma mejor, porque estás prácticamente solo y tienes que asumirlo todo y si aprovechas las posibilidades aprendes”.
Después laboró en el policlínico Hermanos Cruz, desde 1990 hasta 1993, y a partir de ahí hasta la fecha en el Turcios Lima. Allí hasta el 2004 estuvo en funciones administrativas, desde las que atendía los consejos populares San Vicente y Hermanos Barcón.
Luego vino la misión internacionalista a Venezuela donde estuvo cuatro años.
“Fue una gran experiencia, desde el punto de vista médico y humano. Uno aprende cantidad, porque hay cosas que no podía concebir: que en un país tan rico hubiera tanta diferencia, gente muy rica y otra muy pobre, enfermedades difíciles de ver y una población ávida de atención médica. Fue al inicio del programa Barrio Adentro y los demás que desarrolló la colaboración Cuba-Venezuela.
“Por primera vez tuvieron acceso de forma masiva a los cuidados médicos preventivos y asistenciales, porque en la ciudad donde estuve, solo existía un hospital público y las demás eran clínicas privadas en las que había que pagarlo todo.
“Cuando llegó la misión médica cubana se abrieron los servicios de atención primaria y otros como Ortopedia, Cirugía, Rehabilitación y Ultrasonografía, además de la Operación Milagro. Resultó una experiencia bonita en ese sentido y en el de conocer otra cultura. Aunque fue difícil estar separado de la familia y de mi país”.
EN LA “RETAGUARDIA”
Ya en Cuba, y luego de desempeñar otras funciones, entre ellas las de jefe del grupo básico (la que dejó porque se descompensó su salud), llegó al consultorio 23 un día, hace ya unos cinco años.
¿Qué significa para usted ser Médico General Integral (MGI)?
“Creo que el MGI es el pilar de la salud pública. Como expresó Fidel cuando fundó el programa en 1984, somos los guardianes en ese sentido de la población, quienes realizan las principales acciones de promoción, prevención y de tratamiento de un porcentaje importante de enfermedades que se pueden diagnosticar y controlar desde la atención primaria.
“Somos el médico de los recién nacidos, lactantes, prescolares, adolescentes, embarazadas y adultos mayores. Tengo la experiencia de pacientes que atendí cuando me gradué y hoy son ancianos.
“Es difícil, pues debes prepararte mucho, porque tienes un perfil horizontal, amplio, no es vertical como por ejemplo el cardiólogo, el pediatra, el obstetra… sino que te formas para abarcar muchos aspectos y para resolver una cantidad importante de los problemas de salud de la población”.
¿Del médico de la familia de antaño al de ahora?
“Se ha modificado, comenzamos con 120 familias, un médico y una enfermera que vivían en la comunidad, por eso su experiencia era más amplia, porque estaban entre su población, podían ver más casos, contar con mayor tiempo y conocer más las interioridades para que a la hora de abordar una problemática de salud hacerlo con un enfoque integral, no solo desde la parte biológica sino a partir de los aspectos psicológicos, sociales y ambientales que puedan repercutir y eso te da la información para tratar al paciente y a la familia.
“A mí me gusta la especialidad, a los de mi generación también, lo que ahora hay mucha transición, hoy están unos, mañana otros, porque salen a cumplir misiones. Como ejemplo de médico de la familia puedo mencionar a Diana Crespo que lleva 31 años en el consultorio de Recreo. Es profesora auxiliar, especialista de Segundo Grado y un referente para todos nosotros.
“El programa comenzó en la provincia por San Juan y Martínez, después un pequeño eslabón en el policlínico Pedro Borrás y nosotros que nos graduamos en 1986”.
¿Cómo puede un médico de familia llevar tantas cosas a la vez?
“Hay que conjugar muchas cosas, apoyarte en las personas y a la hora de planificar tareas, delegar en los integrantes del consultorio. La enfermera tiene que ayudar, un médico sin ella no es nadie, es la mano derecha. Debemos cumplir con la parte asistencial, la docente, hacer guardia, más otras ocupaciones.
“También está la población que es muy envejecida: el 28 por ciento de mis pacientes es mayor de 60 años. Una cantidad importante demanda asistencia, no en el consultorio, sino en la casa, y eso es difícil porque ocupa tiempo, pero siempre se puede hacer mejor, lo cual lleva la dedicación del equipo básico”.
¿Cautivado por la Medicina?
“Mi vocación surgió de forma espontánea, pedí la carrera, se me dio. A partir de ahí la enfrenté; me ha cautivado y lo más importante es atender a todos lo mejor posible.
“Es difícil hacerlo como médico bueno y buen médico, ya que aunque seas buena persona si no sabes Medicina no curas; por otra parte, puedes conocer mucho de Medicina que si no llegas al paciente tampoco lo sanas.
“Hay varios aspectos a conjugar, es un arte que debes ir descubriendo, porque desde que te levantas por la mañana estás consultando”.
¿Un paciente?
“Una persona a la que le dedico toda la atención posible, lo fundamental es tratar de resolverle su problema. Si no está en mis manos busco las vías posibles, y mientras más humildes más trato de orientarlos y buscarles solución. Los guío por el camino que corresponde. Hasta en la pista del ‘Fajardo’ –donde voy a hacer ejercicios– hablo de Medicina.
“Estudio bastante, diariamente porque creo que el caudal de conocimientos que me falta es inmenso”.
El doctor Rolando es de los que cree en la eficacia de los vegetales, frutas y de los ejercicios físicos.
“Mientras menos medicina pueda utilizar trato de hacerlo. Cambiando los estilos de vida se puede mejorar la salud: es el camino a seguir. Tengo el ejemplo del profe Pucho Paz, de él trato de aprender mucho”.
Comenta que en su quehacer la familia es fundamental: “Mi madre, esposa, hijas, mi hermano y mi suegra. A ellos dedico el otro tiempo. No soy muy salidor, a mi mamá le tengo que pasar visita a las ocho de la mañana, a las 12 y a las cinco de la tarde, si no ¡ya tu sabes!”. Terminó entre risas el doctor, uno de los tantos Quijotes pinareños que dedican sus vidas a “desfacer” los entuertos del mundo de las enfermedades y la Medicina.
Sobre el Autor
Ana María Sabat González
Licenciada en Español y Literatura, periodista de Guerrillero. Ha sido profesora de la Universidad Hermanos Saíz Montes de Oca. Se dedica al periodismo desde el año 1996 y aborda en sus trabajos diferentes temáticas sociales y políticas.




