Historia y patrimonio en la vivienda de los Rubio
- Escrito por Susana Rodríguez Ortega
Colectivo de la instalación. / Fotos: Jaliosky Ajete Rabeiro
El Museo Isabel Rubio mereció tercera mención en la categoría de Restauración en la XVI edición del Premio Nacional de Conservación y Restauración promovido por el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural de Cuba; así mismo fue reconocido por la cátedra Gonzalo de Cárdenas de Arquitectura Vernácula.
Los murciélagos revoloteaban en las noches por el interior de la vieja casona. Se colaban por las hendijas del techo y creaban su pequeño caos. Cuando llovía, el agua mojaba muebles y objetos preciados. De a poco se perdía el patrimonio de la insigne Capitana de Sanidad del Ejército Libertador.
“Había días en que se hacía imposible respirar dentro a causa del olor fuerte a humedad”, comenta Gladys Montero Cordero, directora desde hace 15 años de la institución y muestra con orgullo lo bello que quedó el inmueble después de la restauración total acometida por expertos de la Oficina de Patrimonio en Pinar del Río.
Relata Gladys que cuando Isabel Rubio partió en 1896 con Antonio Maceo y las tropas invasoras, la casa quedó a merced de una sobrina, casada con un médico de gran renombre en el poblado Paso Real de Guane.
Nicolás Rodríguez, maestro que enseñó a varias generaciones de la familia Rubio, también habitó la casa. Este educador vino a Guane huyendo de las autoridades españolas en Matanzas, cuando el proceso de la Conspiración de la Escalera. Influenció a sus alumnos para que abrazaran las ideas independentistas.
En las primeras décadas del siglo XX, el domicilio devino fonda, ferretería, tienda de víveres, quincalla… A inicios de la Revolución hicieron de él un laboratorio de veterinaria, aunque, una pequeña porción se mantuvo como vivienda particular.
El ocho de julio de 1987 se inauguró como Casa Natal para enaltecer el legado de la heroína, sin embargo, más tarde se constataría que Isabelita no nació en esta heredad, sino en una morada allá por Las Catalinas de Guane.
Los vecinos usaron el recinto como Casa Comunal o Casa de Cultura. Luego vino el declive. El comején carcomió las maderas y el tiempo y los hombres hicieron su destrozo.
Sala dedicada a Isabel Rubio y a su pueblo.
Actualmente el sitio muestra una faz renovada. La sala primera está dedicada a la monografía de Isabel. Hay muebles de estilo criollo y un espejo antiquísimo que perteneció a los Rubio.
Más adelante el visitante puede apreciar un escudo familiar, una polvera, un dedal de cobre, otro de plata, pendientes estilo marquesita, un cepillo chico, un cepillo de cabo, un broche y los útiles de farmacia que usaba la patriota para machacar la hoja de naranja y curar el pus de los heridos.
La segunda sala evoca a los mártires y veteranos de las guerras de independencia y a la mujeres pinareñas que tomaron parte en estas lides.
En la habitación contigua se cuenta la historia y evolución del ferrocarril, que llegó al poblado en el año distante de 1907. La mayoría de los objetos compilados aquí fueron donados por Ernesto Ramos García, responsable de la estación de trenes situada justo en frente del museo.
“La administradora me pidió que rescatara los acontecimientos de los ferroviarios y ya usted ve”, dice Ernesto. “Busqué entre mis conocidos y rescaté estos clavos de un siglo de edad, que uno los ve tan prietos y no les da el valor que tienen”.
La sala número tres está ambientada en plena época colonial. Hay una curiosa mesita de caoba y mármol rojo con pequeños ornamentos de nácar que pasaba por un mueble ordinario.
“Toda ella estaba cubierta de una costra de polvo y barniz. Una tarde, Manolo Valdés –uno de los restauradores– empezó a trabajarla. Al día siguiente nos llamó para que viéramos los detalles y nos quedamos boquiabiertas”, refiere Ivania Ramos, museóloga.
Ella y el resto de los trabajadores se involucraron en todo el proceso de restauración. Barrieron el polvo, prepararon comida para el equipo técnico y ayudaron en el montaje de las muestras.
Patio del inmueble.
La instalación dispone a su vez de una sala transitoria, un aula especializada en la enseñanza de la historia local, un patio con elementos de etnografía rural y un espacio inspirado en las proezas del pueblo. Aquí se coleccionan artículos personales de alfabetizadores, de combatientes de la lucha contra bandidos y de médicos y maestros internacionalistas.
A la pregunta de cuál es el objeto de mayor valor museable, las especialistas refieren que es la casa en sí misma, por cuanto constituyó, en su tiempo, el mayor núcleo conspirativo de Vueltabajo, donde se reunían los buenos hombres, bajo el halo protector de Isabel, a pensar en una Patria libre.
Dichosos los niños de este vecindario por tener a su alcance un centro de memoria tan importante.
Sobre el Autor
Susana Rodríguez Ortega
Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca.