Cultores de la tierra
- Escrito por Ariel Torres Amador
Cultores de la tierra. / Foto: Januar Valdés
Decir campesino es decir sol, calor, trabajo arduo y sudor, es decir pilar irremplazable en el sostén de la sociedad, a modo incesante de juez y parte de méritos o desaciertos propios.
Los campesinos son héroes de talantes roídos por el sol, de voluntades férreas y de caracteres ásperos que no temen siquiera a los embates de la naturaleza misma.
Son ellos, los agricultores, ganaderos, cultores todos de la tierra y los animales, quienes bajo su yunta esconden la más humilde e importante de las misiones: la alimentación y el sustento diario de un pueblo irredento y revolucionario.
Son esos mismos guajiros quienes hacen a la tierra reír con su trabajo y esfuerzo. Rostros muchas veces desconocidos e intrincados, que esconden su faz bajo un sombrero de guano desgastado, manos callosas y un sincero “buenos días”.
Ellos, quienes también despiertan al sol y a los gallos, surcan con sus botas el monte siempre con una sonrisa tras una taza de café amargo para el día; y al ocaso, todavía se les ve ajustando las tareas que quedaron y aquellas otras elegidas para el siguiente amanecer.
Hoy ha transcurrido ya más de medio siglo de aquel 17 de mayo, en el que Fidel Castro concedió la fuerza legal ejecutiva con su firma en la Comandancia de La Plata a la Ley de Reforma Agraria, que tras el triunfo de la Revolución dio la tierra a quien la trabaja.




