La voluntad del Chapa
- Escrito por Ariel Torres Amador
“El Chapa” (izquierda) junto a uno de sus trabajadores contratados en su punto de venta localizado en el centro del boulevard consolareño. / Foto del autor
El hombre se debe a su trabajo, y sin éste, raro fruto pudiera salir o brotar del sudor cotidiano. Emprender cualquier labor y verla crecer más allá de las expectativas, es la meta ideal para todo ser humano. Triunfar en la profesión u oficio que se escoja es el más alto de los regocijos cuando el sol se pone y la cabeza descansa en la almohada.
Historias existen muchas de quienes han conseguido a golpe de sacrificio, voluntad y esfuerzo, hacerse con el reconocimiento de quienes los rodean. Guerrillero lo entrevistó una vez hace mucho tiempo como parte de un trabajo conjunto de cuentapropistas. Entonces era zapatero remendón. Hoy orgulloso, Iván Amarán Suárez muestra cómo ha crecido como ser humano.
DE LA CHATARRA A LA TALABARTERÍA
El tiempo es implacable y las memorias y vivencias se olvidan, pero pocos recuerdan que, muchos años atrás siendo apenas un niño, este mismo talabartero recogía chatarra descalzo en su carrito de madera y cajas de bola en el vertedero municipal. Lo que tampoco muchos saben es que de ese primer trabajo viene su apodo, “El Chapa”.
“Yo seguí durante un tiempo con los estudios, pero después me dediqué a ser zapatero remendón, confieso que en aquel entonces sin saber nada de zapatería. Solo luchando, trabajando y aprendiendo mucho para salir adelante con mi familia.
“Mi época de zapatero fue muy dura en sus comienzos. Yo terminaba el día echo una bola de churre, y llegaba a mi casa muerto de cansancio, pero contento. No te miento cuando digo que mis manos eran puros callos y que arañaba a mi esposa cuando la tocaba”.
Durante esos diez años como zapatero Iván laboró sin descanso, y por tal motivo, debido a la inmensa carga de trabajo se le presentaron varias enfermedades. Entre ellas bursitis crónica, tendinitis, y las operaciones de sus muñecas que le imposibilitaron la zapatería durante meses.
“Recuerdo que gastaba las agujas y tenía los dedos roídos y rasgados por los cortes del hilo y las chavetas. Pero fue arreglando zapatos que le pude hacer la casa a mi mamá, que para mí fue algo muy grande”.
El Chapa, como lo conocen ya todos, recuerda que en el mundo de la talabartería incursionó por azares del destino, pues un buen día llegó a su trabajo un talabartero oriental con algunas billeteras. Compró algunas según rememora y al llegar con ellas a su casa, su esposa lo convenció de empezar en ese camino.
“Rompí mi billetera para aprender cómo se hacían y salí para La Habana a buscar cuero de chivo y de carnero, sin saber. Pero la voluntad lo es todo en la vida. Mis primeros trabajos en ese campo ni a mí me gustaban, no servían para nada. No me desilusioné, seguí y seguí hasta hoy que ya llevo más de cinco años”.
Iván ahora tiene dos trabajadores contratados y afirma que para él sigue siendo un privilegio crear, esbozar y coser el primero de cada ejemplar que saca a la venta, no solo las carteras, sino los cintos, bolsos y monederos. “Pienso que en este campo del cuentapropismo lo que realmente vale es la voluntad. Muchos no la tienen o no saben que la tienen, porque no la buscan adentro. Es cuestión de sentirse útil, diferente, de decir: hoy mi vida va a cambiar. Para eso no puedes sentarte a vaguear en un parque como a veces hace parte de la juventud o deambular la calle a ver lo que cae.
Siempre me hago rodear de personas a las que considero mis amigos, los que me quieren y me respetan, pero también critican y encausan mi camino.
“Tengo que agradecerles muchísimo a varias personas como a Raúl y Richard, mis dos trabajadores, a William, al “Pillo”, y Nivaldo, que me orientan y me censuran cuando hago las cosas mal. Además, me apoyan mucho con las materias primas Mijail y “El Gordo” del kilómetro dos de la carretera a La Coloma, ellos curten cuero”. Así como la primera vez, Iván continúa diciendo que estas profesiones no son para enriquecerse sino para vivir, para servirle y serle útil a la sociedad, y que el pueblo se sienta satisfecho con cada producto.
Me gustaría mucho poder expandirme y comenzar a adentrarme en el campo de los proyectos de desarrollo local aquí en Consolación, pues a pesar de que ayudaría a la economía del territorio, hoy existen maquinarias y tecnologías que no se les da uso y se están echando a perder.
Como “El Chapa” existen muchos otros, ejemplos de que la voluntad y el sacrificio lo es todo cuando se aspira a alcanzar una meta en pos del crecimiento personal y del agradecimiento de la sociedad.