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Agricultura Urbana: asignatura pendiente en San Juan

Foto: Januar Valdés Barrios

Foto: Januar Valdés Barrios

La agricultura urbana surgió en los años ´90, cuando el llamado período especial mantenía al país bajo situaciones críticas, con una estrategia de producción de hortalizas con ciclos rápidos de crecimiento con el fin de lograr una alternativa alimentaria para la población.

De la fecha a hoy día, el concepto no ha variado, pues tanto organopónicos como semilleros y ahora los canteros tecnificados deben servir como fuente de alimentos frescos para el pueblo, a la par de suplir la demanda que generan los centros asistenciales de Salud Pública de cada territorio.

Guerrillero visitó San Juan y Martínez para conocer criterios y valorar la actividad en el municipio que aunque se recupera, aún parece ser un asunto no resuelto del todo.

SE TRABAJA, PERO SE DEBE HACER MÁS

Para Carlos Alberto Robaina Álvarez, director de Agricultura Urbana en el municipio, la actividad está un tanto deprimida y se buscan medidas y alternativas para revertir la situación existente.

“Hoy, poco a poco nos recuperamos. Estamos rescatando el sustrato de los suelos de los canteros, los burros de materia orgánica en cada una de las estructuras, así como fortaleciendo la lombricultura, que es la base del desarrollo sostenible de esta actividad”.

“También hacemos énfasis en el rescate de los patios, las parcelas temporales y los huertos intensivos que en condiciones óptimas nos pueden abastecer de un nivel considerable de producciones de hortalizas, vegetales y condimentos frescos”, agregó Robaina Álvarez.

Durante el recorrido realizado en la zona sanjuanera, la actividad organopónica mostró estar bastante deprimida, situación que los directivos no esconden y no justifican.

Tanto los especialistas como trabajadores del área fueron críticos en sus planteamientos al reconocer que desde hace algún tiempo la actividad transita por un trecho amargo, al punto de convertirse en una deuda con el pueblo y una asignatura pendiente de los decisores.

“Para nadie es un secreto en el municipio que ya llevamos un tiempo rescatando el patrimonio de la Agricultura Urbana sanjuanera. En este sentido, ya se logran producciones en varios organopónicos –todavía escasas para nuestros intereses– a los cuales hacía cerca de cuatro años no se les prestaba atención”.

“No nos escondemos y hablamos claro, tenemos muchas cosas que resolver, entre ellas que el cultivo semiprotegido desde hace alrededor de tres meses presenta un problema con la bomba de agua, y que hoy solo estamos llegando a aproximadamente 80 por ciento de la demanda de los centros asistenciales por estas vías. No obstante, el esfuerzo no ha sido en vano y ya hoy podemos mostrar lo recuperado”, afirmó el directivo.

NO SATISFECHOS, PERO YA CON RESULTADOS VISIBLES

Si bien es cierto que de la totalidad de estas estructuras productivas en San Juan solo cuatro producen algún volumen de alimentos, productos con los que además se cuenta para un punto de venta ubicado en el MAE del lugar, también debe hablarse de otras alternativas regidas por túneles que hoy sí muestran recogidas de volúmenes considerables de alimentos.

En estas últimas estructuras, regidas por un sistema de canteros tecnificados a los que se les aplica la tecnología, hasta la fecha se han obtenido cerca de cuatro toneladas de producciones varias, entre ellas zanahoria, lechuga, col, acelga, remolacha y rábano con diversos destinos poblacionales.

Enrique Quintana Lazo, jefe de brigada del semillero tecnificado El Tamarindo, explicó que con cerca de 381 canteros sembrados bajo los estándares de 18 metros de largo, tan solo en este mes han recolectado 54,5 quintales de hortalizas y esperan mejores rendimientos una vez que se comiencen a recoger y comercializar las cebollas blanca y morada, y los pepinos.

Quintana Lazo agregó que los excedentes de las producciones contratadas se venden como estímulo a precios bajos a los trabajadores del lugar, estrategia que garantiza la armonía, alimentación y estándares de calidad del “Tamarindo”.

Asimismo, Julián Gonzalo Domínguez Carmona, jefe de los cepellones de “La Nilda”, agregó que siempre se aprovecha la etapa comprendida entre los meses de febrero a julio para organizar rotaciones de cultivos que garanticen la alimentación del pueblo sanjuanero, pues al comenzar de nuevo la campaña de tabaco, la fuerza productiva disminuye en la actividad y se hace más difícil contratar personal que garantice las siembras de hortalizas.

Este asunto de la mano de obra es otro que deberá resolver la dirección del municipio en un tiempo no tan lejano si se quiere rescatar de una vez el patrimonio de la agricultura urbana y lograr los resultados óptimos deseados.

Sobre el Autor

Ariel Torres Amador

Ariel Torres Amador

Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana, Cuba

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