Actualizado 13 / 11 / 2018

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El guajiro Jesús Castro

Jesús Castro está acogido al Decreto Ley 300 sobre la entrega de tierras estatales ociosas en usufructo. Hoy sus plantas saludables dicen mucho de las atenciones culturales

Jesús Castro está acogido al Decreto Ley 300 sobre la entrega de tierras estatales ociosas en usufructo. Hoy sus plantas saludables dicen mucho de las atenciones culturales. / Foto: Januar Valdés Barrios

Yo llego a la tierra y estoy más cómodo que en mi casa. Mientras descanso en el bohío y doy tiempo a que los animales tomen agua, repito lo bien que me siento en la finca, mirando lo mío, porque cuando las cosas están buenas uno las mira con admiración cada día más”.

La rutina en sus labores agrícolas es la misma: de seis de la mañana a cinco de la tarde e incluso, algunas horas en las noches, pero el amor, la dedicación al cultivo y los deseos de trabajar por un bien son motivos suficientes para que Jesús Castro Ledezma se sienta como expresa, sea competente, actué en consonancia y llegue a estar orgulloso del fruto de su esfuerzo.

Como el Dios de la tierra muchos pudieran catalogarlo, pues tiene el don de producir frutas, viandas, granos, cereales sin parar, y si la multitud a simple vista ve las producciones muy fáciles, para nada resulta sencillo mantener y lograr todos los años dos caballerías de tierra sembradas, traducidas en 26 hectáreas.

“Actualmente debo tener 100 000 cangres de yuca sembrados, además de 3.7 hectáreas de frutabomba del tipo Maradol; 1.5 de plátano; 50 matas de mangos de clase; casi 40 quintales de frijoles para recoger; también guayaba y malanga para sembrar una hectárea.

“Cerré el 2017 con 2 000 quintales de yuca, frijoles y arroz. Pesé casi 180 de este último y a finales de enero del año en curso tenía 380 quintales acopiados de arroz, yuca, plátano y frutabomba. Llevo un ritmo bastante bueno, ahora comienza el plátano y puedo adelantar más las cosechas”, comentó Castro.

La experiencia de varios años viviendo para el campo y los 29 en la dirección de una empresa agrícola mantuana le permitieron adquirir los conocimientos necesarios para atender la finca ubicada en La Vigía.

Contó el guajiro que al inicio todo ese terreno era monte y la gente sin una visión futura se reían por su actuar, incluso el hijo cuando lo veía chapear. Fue hasta la cooperativa de producción agropecuaria Vladimir Ilich Lenin y extrajo más de 350 hijos de plátanos y los sembró.
Al tiempo empezó a obtener resultados y en el mismo lote plantó frijoles, tomates y boniatos, pero la naturaleza le hizo una mala jugada, los dos últimos ciclones que pasaron por Pinar del Río arrasaron sus cultivos; sin embargo, nunca se quedó de brazos cruzados.

“Le temo a los malos tiempos. Recuerdo que un día hubo más de 30 000 pesos de plátanos caídos en el suelo. Dijo mi hijo, ‘papi no se avanza, mira pa´ ahí’ y le respondí: ‘Lo que hace falta es estar vivo, lo otro se resuelve en el camino’.

“Estábamos estresados, todo estaba destruido, los canteros de tomates y el boniatal se los llevó el aliviadero y empezamos a los dos días el proceso de recuperación, pero a la semana y media vino el otro ciclón y lo único que pudimos salvar fue la fruta”, narró.

Sin pensarlo emprendió nuevas siembras. Al cabo de los años la gente pasaba y lo elogiaban, convirtiéndose hoy en un ejemplo a seguir para el resto de los campesinos mantuanos y en el mayor productor de frutabombas.

“Miren esto” –dijo al equipo de Guerrillero dirigiéndose a una frondosa planta de frutabomba– “Primer paso, sembrarla, luego se le echa un poco de materia orgánica, agua, abono, se aporca y cuando alcance un tamaño de casi 50 centímetros se deshija, para que pueda parir.

“Cada 11 días hay que fumigarla con distintos productos, guataquearla, echarle agua, sanearla (quitándole las hojas malas con la punta del dedo) y barrer o rastrillar el suelo completo para descartar cualquier cuerpo extraño que le pueda causar una enfermedad. Después comienza a parir. La fruta lleva mucha atención; la hierba y la plaga son un veneno para la planta”, avaló Jesús con sus conocimientos.

Las producciones de Jesús Castro van a la cooperativa Frank País, a agromercados locales, a la industria pinareña, a las ferias agropecuarias y pronto a la nueva industria del municipio.
Confesó el productor que a pesar de los pocos implementos de trabajo para el cultivo de la tierra, con los que cuenta alcanza buenos resultados. Desearía algún día tener un sistema de regadío de cuatro hectáreas para incrementar la finca, producir y recolectar más alimentos.

La generosidad es una de las cualidades de Jesús, tiene la capacidad de compartir lo propio con quien menos tenga. También es tenaz, pues pone empeño en lograr lo que se propone sin rendirse ante las primeras dificultades.

Y entre confesiones aclaró que gusta de las fiestas, compartir con amigos y sobre todo bailar, porque al igual que a la tierra le encanta la música.

Sobre el Autor

Magda Iris Chirolde López

Magda Iris Chirolde López

Licenciada en Periodismo en la Universidad Hermanos Saíz de Pinar del Río, Cuba.

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