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Con Martí en el corazón

Hilario Carmenate Rodríguez / Foto: Januar Valdés Barrios

Hilario Carmenate Rodríguez / Foto: Januar Valdés Barrios

Desde hacía un tiempo, en la cabeza de Hilario Carmenate Rodríguez, rondaba la idea de hacer a solas y sin previa coordinación, la ruta del Apóstol: desde su desembarco en Playita de Cajobabo hasta Dos Ríos.

─ ¿Y qué vas a comer cuando estés lejos, viejo?, se preocuparon sus familiares, pero nadie pudo detenerlo. El viento caprichoso de abril tiró de él como un papalote y alborotó las hebras blancas y grises de su barba. Ligero anduvo por el sur de Oriente; a pesar de la mochila enorme que le doblaba la espalda. “Yo me llevé un dinerito para el viaje, pero la verdad, no hizo falta gastar mucho. Dondequiera que llegaba, los guajiros me abrían las puertas, me brindaban cobija y alimento. Dormí en salas de video, escuelas, algunas veces, en el monte, relata Hilario. “Todo iba bien, hasta que entré a una zona de alta sensibilidad para la defensa próxima a la base yanqui de Caimanera, en Guantánamo. Esa noche la pasé en la estación de policía más cercana: 'Tú no estás ni preso ni detenido', me tranquilizaron, ´solo que no puedes deambular por ahí sin autorización legal´. “En ese tramo interrumpí mi expedición y se me ocurrió visitar la zona de la Sierra Maestra donde alfabeticé en el año 1973. “Fue muy bonito reencontrar aquel paisaje, la gente, las casas humildes, tan parecidas a las qué dejé: ─ ¿Buen día señora, ¿dónde puedo encontrar a Sofía?, pregunté a una campesina de unos 90 años más o menos. ─Soy yo, mijo, respondió ella. ─ ¿Usted no se acuerda de mí, del maestro Hilario?, le dije a mi antigua alumna. Ella abrió grande los ojos y nos abrazamos. “Pasé una semana con su familia y volví a Guantánamo. Me habían dicho que los muchachos de la UJC harían un recorrido hasta el monumento de José Martí en Dos Ríos y pedí unírmeles. El itinerario del grupo no se correspondió exactamente con el sendero histórico, en el sentido de que, si había una loma muy alta, se evadía, o si llovía, tomábamos un atajo menos resbaladizo. Por eso, en ocasiones, yo me separaba en los sitios de acampada, viraba un par de kilómetros, y procuraba explorar un poco por mi cuenta”. El 19 de mayo del 2017, día en que se conmemora la caída en combate de Martí, Hilario y los jóvenes arribaron a Dos Ríos. “Aproximadamente a 300 metros de aquel sitio, había una base de campismo o algo parecido, y a esa hora, estaba sonando una música de reguetón horrenda. ' ¿Cómo pueden suceder esas cosas?, pensé. Luego los muchachos celebraron un acto hermoso al pie del monumento y supe que había valido la pena peregrinar hasta allí”. Hilario sueña con repetir su aventura. A Martí lo lleva en el corazón desde niño, cuando su padre le repetía que “el verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber”. Actualmente comparte su tiempo entre el Bioterio del Pedagógico y sus expediciones con el Grupo Espeleológico de Pinar del Río. Ha compilado alrededor de 7000 pensamientos martianos que pretende le publiquen algún día y lidera el club Remo de Proa, inspirado en la vida y obra del “Más Universal de los Cubanos”. ***
Yanira Muñoz García, escritora de programas en Telepinar / Foto: Januar Valdés Barrios

Yanira Muñoz García es otra de las integrantes de Remo de Proa. Su madre, Justa García, fue fundadora de este proyecto y gestora principal del mismo hasta su deceso el pasado año. “Mamá tenía limitaciones para caminar, enfermedades físicas, pero su espíritu y ganas de hacer no decayeron nunca. Se la pasaba inventando concursos y editando gacetillas que distribuía entre los miembros del club y los vecinos. “Una vez se le ocurrió crear una plaza martiana en el barrio y lo consiguió. En otra ocasión montó una representación teatral, en la sala de la casa, sobre las hermanas de Martí. Les dio a siete viejitas el papel de las hermanas y Onesio Cardoso, un amigo nuestro, hizo de Martí. Era un espacio instructivo y de divertimento. “Gracias a mi madre y su biblioteca personal, me enamoré de la obra martiana”, afirma Yanira, quien imparte desde hace treinta años un curso monográfico sobre José Julián Martí Pérez en la Universidad de Pinar del Río. Actualmente escribe para la televisión pinareña el programa Alas, inspirado en la obra del Maestro. La Sociedad Cultural José Martí le confirió la distinción Honrar Honra, por haber creado la primera Cátedra Martiana en continente africano. “Estuve en Angola como asesora metodológica del programa Yo sí puedo, de alfabetización en la enseñanza de adultos. En una de mis vacaciones en Cuba, busqué un busto grande de Martí, de esos plásticos que hay en las escuelas y lo empaqueté para llevármelo.
“Cuando aterrizamos en el aeropuerto de Luanda, me trasladaron para un cuarto aparte y unas empleadas gordas, fuertotas, empezaron a interrogarme. Me comunicaron que no podía pasar con una obra de arte. 'Es un busto', quise decirles, pero no recordaba con exactitud cómo se decía la palabra en portugués y en su lugar expresé: ' ¡Este es José Martí! ' ' ¡Ah, José Martí, herói' nacional cubano! ', reaccionó la que parecía ser la jefa y agregó riendo que ella había estudiado en la Isla de la Juventud y que Martí entraría sin problema a su país, porque le conocía y era gente luminosa”. ***
¡Bien va el apóstol en la barriga de un avión con destino a África, en la mirada llena de monte de un anciano que intenta salvar los 400 kilómetros que separan Playita de Cajobabo de Dos Ríos y en la conducta desinteresada de la gente que no va por la vida repitiendo frases de memoria, sino obrando de buena fe!

Sobre el Autor

Susana Rodríguez Ortega

Susana Rodríguez Ortega

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca.

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