Dictamen Concurso Tiempos de Vocacional
- Escrito por Guerrillero
Desde el pasado 25 de diciembre, Guerrillero lanzó un concurso con el fin de celebrar los 40 años de existencia del instituto preuniversitario de ciencias exactas (IPVCE) Federico Engels a través de las memorias de sus protagonistas.
Durante el tiempo en el que estuvo vigente el plazo, nuestra redacción recibió 15 trabajos. Queremos agradecer a todos los participantes por compartir sus recuerdos con nosotros. En esta edición son publicados los premiados por el jurado, el cual estuvo integrado por Ramón García Bustio, profesor fundador de la Vocacional; Dainarys Campos Montesinos y Anelys Alberto Peña, correctora y periodista, respectivamente, ambas de este semanario.
Fueron otorgados tres premios y una mención, los que se relacionan a continuación:
Por exponer los elementos identitarios del centro, describirlos y sentirlos, desde la lejanía de alguien que no estudió allí pero siente su presencia. Por demostrar una riqueza de vocabulario al contar desde la primera persona los misterios del IPVCE el jurado decidió otorgar mención especial a Eduardo Grenier por su crónica La Vocacional y su mística peculiar.
Por evocar desde una historia simple situaciones típicas de la edad en paisajes comprensibles para quienes vivieron las rutinas de la Vocacional, el tercer premio es para Dianely González, por Premio de actuación.
En sus líneas describió con detalles una época ya lejos en el tiempo para la autora. Por hacer un viaje a los inicios del IPVCE mediante su visión personal, se le otorga el segundo lugar a Martha Milagros Barrios, que presentó el artículo Tiempos de Vocacional.
Con un lenguaje poético, a la par del uso de recursos literarios estilizados oportunamente usados y por el derroche de sentimientos hacia una profesora que marcó su vida el primer premio lo recibe Heidy Pérez, con la crónica En nombre de la grandeza humana.
Tiempos de Vocacional
Por: Martha Milagros Barrios Peñate
Fui una de esas pequeñas que pude desandar, para orgullo mío, esos amplios pasillos difíciles de limpiar que recuerdo cómo las madres formaron brigadas y venían los primeros tiempos a auxiliarnos en ese empeño y cómo una de ellas se ponía en el medio y nos enseñaba a llevar de un lado a otro el palo de limpiar. Nos decía jocosamente: “Aprovechen que esto les pondrá estrechita la cintura y ejercitarán el baile”.
Pero mi historia no empezó allí, sino en 1975 en la ESVOC Hermanos Saíz de Troncoso. ¡Cuánta nostalgia y hermosos recuerdos! Guajirita de un barrio de Sumidero, municipio en aquel entonces, fue el primer año que llegó una plaza a mi escuela y mi maestra Dinorah Pereda, a quien llevo en mi corazón, me seleccionó junto a otra compañerita, pero al final solo salí yo.
Apenas había ido a Pinar del Río, era hija menor de padres ya mayores que lo único que sabían era criar hijos con vergüenza, en una Revolución recién construida, a la que aportaron su granito de arena.
En mi mente se agolpan todos los recuerdos de aquellos dos años que allí pasé. Aquel primer día, estaba entre personas totalmente desconocidas en el patio de la Villena y después en el teatro de la “Hermanos Saíz”, pasando por una mesa donde la “profe” de Geografía Eva Milián actualizaba nuestra matrícula mediante el carné. Me acuerdo del director Armando Fernández y su esposa Mirtha, Gladys Pedraja, los queridísimos Adita y Yosvany, a la carismática Fermina Rodríguez, mi profesora de Español y posteriormente mi colega durante mi primer año del Servicio Social.
Recuerdo a mi “profe” de Biología Juan Verde, inigualable, quien fue amigo y nos impartía clases a la vez que escuchaba nuestras inquietudes.
(...) Además, pienso en el Chino, en el profesor Guzmán, con quien temblábamos cuando se nos acercaba a revisarnos una de esas planillas de Dibujo Técnico, que tan difícil nos resultaban y qué decir de la sencilla y delicada pero fuerte de carácter María A. Otaño con sus explicaciones de Matemática, muy humana si nos veía enfermos. Otros no menos importantes como Manolito, Marcia, Mirtha Miranda, algunos de ellos fallecidos ya. El incomparable Mongui, quien nos sigue hasta hoy. A todos, los que están y los que ya partieron mis respetos y mi cariño desde el fondo de mi humilde corazón.
La vinculación con el trabajo fue algo que también nos marcó y nos hizo fuertes y saludables. Escardar en viveros, limpiar campos de naranja... Hoy pienso que fue fuerte para nosotros a los 12 años, pero creo que es algo que no debía haberse perdido jamás en los centros educacionales. Nadie calcula el apoyo que dábamos entonces a la economía del país, cuando incluso nos llevaban movilizados semanas enteras a ensartar y recolectar hojas de tabaco.
De esos años recuerdo el tiempo que ensayamos la pizarra humana que se presentó en el año 1976 en el estadio Capitán San Luis con motivo de la celebración del 26 en Pinar del Río. Fueron meses de mucho sacrificio.
Después vino el traslado a la “Federico Engels” de todos aquellos prevocacionales de Troncoso. Nos perdíamos al principio de lo grande que estaba la formación por unidades, cada grado conformaba una unidad, la nuestra tenía 19 grupos.
Llegamos allí para iniciar noveno grado y al frente de nosotros Gladys Pedraja y Mongui y el director general Julio César Brismat.
La primera noche cuando nos ubicaron en los albergues, a las 10 sonó el timbre para dormir y aquello fue como si nada, siguió el bullicio y la interrogación de unas a otras: ¿Tú de que escuela vienes? ¿Dónde vives?, entre otras interrogantes. Subió Gladys y nos mandó para la plaza José Martí y nos dijo que cuando termináramos de hablar le avisáramos, nadie perdió el entusiasmo y la alegría junto a la curiosidad. El deseo de nuevas amistades siguió intacto y casi a las dos de la madrugada se dio ella por vencida, nos regañó y pidió por favor que fuéramos a dormir porque el de pie era a las 6:00 a.m.
De ese día, la que más recuerdo de mis amigas es a María Esther Beltrán porque ella pasaba de una a otra interrogando con más rapidez que nadie, sin reparar siquiera en la presencia de la directora.
Después vino la inauguración en aquel hermoso anfiteatro, la llegada de Fidel, que bajó tan cerca de nosotros hasta la plataforma, aquella presencia que tanta emoción nos causó. Luego el lema que quedó de sus palabras “Nuestra escuela es fragua martiana, marxista leninista, forjadora de futuros comunistas”. Nuestro distintivo rojo con el logotipo que nos identificaba como alumnos más comprometidos que el resto, que marcábamos una diferencia pero sin discriminar a nadie, solo que teníamos una óptima preparación y mucho más sacrificio que los demás.
En esta etapa se nos incorporaron otros profesores como Teresita Monterrey, a quien jamás vimos sonreír pero que pocos enseñaban la Matemática como ella, Esperancita, Ileana Martínez, Arminda, Carlos Silva, Castañeda, Lisi,Toña, Leda, entre otros. Los mencionados no son todos los que jugaron un papel importante en nuestras vidas, hay otros como los trabajadores de servicio, choferes y para qué contar sobre los jefes de vida interna.
Los que viajábamos hasta Sumidero es difícil olvidar los dos primeros años con pase quincenal, aquellos recorridos por Viñales, Santa Lucía, Minas hasta llegar a Sumidero, y allí los que como yo vivíamos más lejos teníamos que esperar una guagua de transporte que nos llevara a la casa. Hubo días en los que necesité dormir en la casa de mi amiga Chely.
(...)Muchos alumnos escogimos la profesión de educar. Me licencié en Español Literatura y hasta hoy desempeño esa labor en la ESBU Ormani Arenado de Los Portales en Guane y precisamente el pasado 22 de diciembre recibí reconocimientos y un dibujo de una alumna de séptimo grado con algo escrito que me llenó aun más de satisfacción porque todo esto es fruto de un tiempo pasado que no podré olvidar, ya que correría el riesgo de dejar indefenso el futuro, como bien expresa Félix Pita Rodríguez.
Creo ser además fruto de esa generación que un día sentenció nuestro líder Fidel con ese talento previsor que siempre le acompañó en la inauguración de nuestra Vocacional el 27 de enero de 1978.
He escrito no con el afán de ganar sino con la intención de aprovechar que me han dado de expresar tan bellos recuerdos. Me han quedado muchísimas cosas por contar, sobre todo de aquella disciplina férrea con la que fuimos educados, por ejemplo, de ponernos a subir y bajar escaleras del albergue a la hora de dormir hasta que no sonara un solo paso porque habíamos hecho bulla.
Fuimos como todos malditos, rebeldes sin causa y también muy responsables, estudiosos, cariñosos, solidarios...
Hoy veo desde mi óptica de educadora cuán equivocados están algunos padres ante ciertas actitudes de sus hijos, cuando aquello ninguno protestaba, todo lo contrario, apoyaban lo que se hacía por nuestra formación, ¿nos querían menos?, ¡imposible querernos menos!
Tengo una hija licenciada en Comunicación Social y una nieta, que mi madre aún vive a sus 80 años y recuerda también con orgullo aquellos tiempos.
Tiempos de Vocacional que hoy llevamos en nuestros corazones como los mejores vividos, no sé si pensaré con egoísmo, pero creo que los primeros años son los de la experiencia más hermosa. Reitero una vez más mi inmensa gratitud a mis profesores, a quienes nos dirigieron, a mis compañeros, a los padres, a todos los que de una forma u otra formaron parte de ese hermoso sueño y por sobre todas las cosas gracias a Fidel y a la Revolución.
Premio de actuación
Por: Dianely González
Amores, desamores, fugas de la escuela, caballistas... son innumerables las historias que ocurrieron en esta escuela donde pasamos de niños a jóvenes.
Durante esos años recibimos una educación esmerada en todas las esferas de la vida, incluyendo la educación artística, por la cual algunos llegaron a hacerse artistas, no fue mi caso, pero nos valió de mucho, de ahí la historia que cuento aquí:
Principios de los años ´80, cursábamos onceno grado, por ese entonces no estábamos en la “Grande” como le decíamos, sino en la 10, filial de la Vocacional, junto a nuestro director Ramón García “Mongui”, hoy muy querido por todos, pero hombre para respetar en aquellos tiempos, junto al jefe de producción, que no recuerdo su nombre pero sí su férrea forma de ser, para decirlo de algún modo.
Los mediodías era la hora del campo y ya se hacía habitual que un grupo de muchachitas nos escondiéramos en el laboratorio de Química, que era nuestra aula fija porque los “profes” de esta asignatura (Tino, el Caña, entre otros) eran chéveres y no nos “chivateaban”, entonces la jefa de la brigada nos ponía la asistencia y todo perfecto; pero lo bueno duró poco y llegó el día en que notaron nuestra ausencia y ya saben: señalamiento, sin pase y lo peor de todo era que teníamos que ir al campo.
Y llegó la hora de ir a cumplir con el deber agrícola, nos tocó al frente de la escuela: a escardar. El guía de campo dijo: “vamos muchachitas cogiendo los surcos”, yo esperando para ver si se acababan, pero había para todas y cada vez con más hierbas, pensé que necesitaba hacer algo...
De pronto, el guía gritó: “Corran, qué le pasa a esa niña, cárguenla, apúrense, no tiene color”. Me llevaron casi a rastras para la escuela, hasta la enfermería. No sabía cómo empezar a recuperarme, pero la actuación fue buena, tan buena, que el guía dijo “no quiero más a esa muchachita aquí”, ese fue el premio a la mejor actuación.
En nombre de la grandeza humana
Por: Heidy Pérez
“Al mundo le ofreció su amor intenso
Y –con ser ese mundo tan inmenso–
Su amor era más grande todavía”.
Dulce María Loynaz
No, me resisto a aceptar la cotidiana lucha a brazo partido, sin Marialina al frente, sin ella al lado, sin la palabra inconfundible que en igual cuantía, reclama y acaricia, al punto de no poder deslindar entre la jefa, la maestra, la amiga y la madre, por quien siempre se puede apostar a ojos cerrados.
Yo, no admito que Marialina, nuestra Marialina, no esté cerca para preguntarle las dudas, no importa de qué índole sean, teóricas, metodológicas o simplemente, sobre la vida.
Yo, no apruebo ninguna decisión sin que la guía de mi época de estudiante, la jefa de las guardias nocturnas cada miércoles durante tres años, la profesora de matemática, dé su visto bueno. Y es que yo me niego, rotundamente, a dejar ir a quien, sin excepción, todos le otorgamos la distinción de profesora de mérito, no solo por los años dedicados al IPVCE, sino por esa manera solo suya de enseñarnos a ser y a hacer como se debe.
Yo, que soy todos sus alumnos en este minuto, puedo porque así lo quiero, retener para siempre a Marialina, ya no en su condición de trabajadora ni de maestra, sino en su condición de ser humano irrepetible.
En ella se resume el talento, la pureza, la credibilidad, lo irrepetible, lo exclusivo. Es un gran reto para los que vienen detrás superar su impronta, no obstante, siempre sabemos que vamos a encontrar a esa persona que resume en su ser la grandeza: leal, honesta, sin doblez, extraordinaria.
Por eso, yo, desde mi nueva tarea, quizás la más retadora de mi vida, le aseguro a mi profesora, a mi amiga, a la Marialina de cada batalla, que haré cuanto esté a mi alcance por honrar el conocimiento que me ha heredado, y que asumo con una sola condición, su promesa de quedarse para siempre a mi diestra, a la diestra de todos los alumnos a quienes hoy se nos oprime el corazón alejarnos tan de prisa de sus clases, al mismo tiempo que nos llenamos de orgullo.
La recordaré siempre como la gran maestra que fue y no dejará de ser, mi eterna profesora guía, aunque el preuniversitario se haya quedado atrás, hace ya mucho tiempo.
Fue de los maestros que se esperan y que superaron las expectativas, sin duda, paradigma. Agradezco y la felicito hoy, donde quiera que esté, por sus turnos de geometría, funciones lineales, teoremas, problemas matemáticos, pero sobre todo por su desenfada manera de extenderme la mano a cada segundo, por el cariño sostenido, por la exclusividad no solo como profesional, sino como ser humano increíble, por la lección de sabiduría, por estar dispuesta a la escucha, por ser gigante ante los ojos de quienes tienen el privilegio de conocerle más de cerca, MIL FELICIDADES EN EL ANIVERSARIO DEL IPVCE.
...Y Marialina, sin darle la oportunidad de elegir, se queda, se queda conmigo y con todos, porque hace mucho tiempo ya se quedó.
Sobre el Autor
Guerrillero
Periódico de la provincia de Pinar del Río. Órgano del Partido Comunista de Cuba en Pinar del Río.




