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Dos mujeres y un mismo amor

El Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas cumple 40 años de creado el 27 de enero. Los estudiantes, trabajadores y profesores que han pasado por este plantel están de fiesta. Sirva esta entrevista a dos fundadoras de homenaje a los protagonistas de ese centro.

Dos mujeres, una auxiliar de limpieza y la otra profesora. Lo cierto es que nuestras entrevistadas, cada una desde su importante labor, son fundadoras del instituto preuniversitario vocacional de ciencias Exactas (IPVCE) Federico Engels, escuela que en este mes celebra su cumpleaños 40, y a la que ambas confesaron haber entregado parte de su vida y amor. Confianza y más Beatriz González Martínez / Foto: Jaliosky AjeteBeatriz González Martínez / Foto: Jaliosky AjeteBeatriz González Martínez ha dedicado dos tercios de sus casi 60 años de vida a la “Vocacional” pinareña. Comenzó con menos de 20 años, y de los inicios de esta gran escuela precisó: “Al comienzo fue muy bonito, de lo que más me acuerdo es de las relaciones entre trabajadores y estudiantes, siempre tan lindas y respetuosas”. Comenzó de auxiliar de limpieza, así estuvo durante un curso escolar y después pasó a laborar en la cocina, y ahí lleva todos estos años, que cuentan y hacen a Beatriz parte de la historia del IPVCE. “Después pasé al comedor de obreros, porque trabajo donde haga falta. Nunca he cambiado de labor, porque me gusta y me siento bien en la escuela. Desde mi puesto también educo a los alumnos, por ejemplo, los enseño a respetar, a comportarse y contribuyo a formar principios que ellos deben tener. “En el caso mío, que no soy profesora, les doy confianza, amor y cariño para que ellos puedan seguir adelante”. Comenta con orgullo la entrevistada. Esta pinareña, como la mayoría de las mujeres cubanas, combinó en su vida trabajo y familia. “El embarazo de mi hijo lo hice aquí en el centro, y luego de la licencia de maternidad me incorporé, gracias a que mi mamá me ayudó mucho. Desde entonces para acá no dejé nunca de trabajar”. Orgullosa de pertenecer a este colectivo, de estar activa en el aniversario 40 de esta escuela, es de las privilegiadas que tienen para contar. “El primer director del centro, Julio César Brismán, nos enseñó que todos teníamos que ser una familia, y eso es lo mismo que nos inculcó nuestro Comandante, porque eso era lo que él quería que esta escuela fuera, una fragua martiana, marxista donde se formaran los futuros comunistas”. Comentó cómo los alumnos graduados de este centro, durante los 40 años, ahora son maestros, ingenieros, periodistas, médicos, científicos... “Hoy donde quiera que yo voy me los encuentro, y me ven y me dan un abrazo y me besan. Hace poco hubo un encuentro de egresados, en el que participaron estudiantes, profesores y trabajadores, muchos son ya mayores, y vinieron y me dijeron: ´Tía, Tía´. Fue muy emocionante”. Beatriz ya está al retirarse, pues tiene casi la edad de la jubilación. Al hablar del tema sus ojos se aguan y sentimos en el ambiente su tristeza. “Déjeme decirle que cuando me vaya voy a sentir añoranza, por aquí pasaron directores, estudiantes y trabajadores muy buenos, que ya no están en esta escuela, unos porque fallecieron, otros porque cambiaron de trabajo o lugar, pero de todos guardo un bonito recuerdo aquí”. Entonces se señala el pecho, en la parte del corazón, gesto y sentimiento se unen para rendir tributo a los recuerdos de toda una vida. A Rosa y a la Revolución se lo debo Iliana Pérez Vargas / Foto: Jaliosky AjeteAcabada de graduarse de la escuela formadora de maestros, y con solo 17 años, comenzó Iliana Pérez Vargas en el IPVCE. Empecé en 1977 como profesional dando clases, y mis primeros alumnos, de séptimo grado tenían 12 años, así que la diferencia de edad entre ellos y yo era poca. “Después estudié en el IPE para prepararme como profesora de secundaria básica y luego me licencié en la especialidad de Biología en el Instituto Superior Pedagógico”. Iliana estuvo activa durante 33 cursos en el aula, pero se enfermó de las cuerdas vocales y cuando la peritaron cambió de trabajo. “Por suerte seguí en la escuela, en la biblioteca y esta labor no me distanció de lo mío. Lloré cuando salí del aula, porque soy maestra por vocación, pero bueno esto me favoreció también, porque con la labor diaria con los libros no solo tengo conocimientos de Biología, sino que he ampliado mi cultura, y el vínculo con los estudiantes no lo perdí nunca. “Desde mi puesto de bibliotecaria me vienen a utilizar para trabajar con los alumnos en cuestiones de la Biología, en esto momentos estoy en el jurado de 12 grado de la asignatura, es decir, que todavía me tienen en cuenta”. ¿Cuál es su opinión acerca del IPVCE? “La escuela nuestra es fruto del Comandante, es muy grande, y forma estudiantes integrales. De aquí salen los futuros científicos que después trabajan en los lugares más importantes del país. “Un centro con una disciplina extrema. Cuando comenzamos trabajábamos con alumnos, que comenzaban en séptimo hasta 12 grados.
“Incluso, existía un comedor – escuela, donde se enseñaban hábitos de alimentación, la utilización de los cubiertos, los nutrientes que le incorporan al organismo los comestibles y la importancia para su desarrollo y capacidad intelectual. “Desde siempre el centro trabajó con los círculos de interés, en la orientación vocacional y se caracterizó por la preparación del claustro de profesores. “Es un lujo, un privilegio laborar en el IPVCE. Yo se lo digo desde mi punto de vista, como trabajadora y persona. Mis valores y mi profesionalidad los he fortalecido aquí. Este centro es mi casa, porque toda mi juventud y adultez la pasé en este lugar”. Iliana se mostró satisfecha con lo que aprenden los alumnos y con la calidad de sus trabajos finales en Biología. “Lo que asimilan es mucho, nosotros con estas edades hemos aprendido las nuevas tecnologías, porque ellos nos obligan a prepararnos, y lo que los muchachos están haciendo ahora en estos exámenes es maravilloso. Son temas que investigaron ellos mismos relacionados con el medio ambiente. “En un trabajo de investigaron sobre las Minas de Matahambre, analizaron la influencia negativa, sin menospreciar la positiva, y cómo mejorar todo eso”. Muchos años en la profesión, deja frutos... “Yo tengo estudiantes en todas las profesiones, imagínese que en la consulta de Patología de cuello, el doctor Víctor Salgueiro fue mi alumno. Él me tuvo que atender y siempre me trató con mucho amor, porque se daba cuenta que yo sentía pena. “Otra es Arianna García, en anestesiología. Sus dos hijos pasaron también por aquí, y ella les dice: “Hoy yo soy médico porque se lo debo a mi profesora Iliana, que me impartió Biología”. Y eso que yo era una adolescente en aquel tiempo, ojalá hubiera tenido la experiencia de hoy. Cuando ella dice esas cosas, hasta lloro, porque me doy cuenta que el alumno sí les dan valor a los profesores. “La labor de nosotros es muy bonito, porque uno solo no enseña, sino que educa y deja huellas, que después ellos valoran con el tiempo. En el primer año de la carrera vienen aquí a decirnos que lo que le enseñamos lo ponen en práctica en la universidad. “Hace poco nos reunimos con los egresados, a muchos no los reconocí, hubo uno que me fue arriba y me dijo: ´Yo soy fulano´. ¡Lloramos juntos! El encuentro fue un momento muy bonito, en el cual rendimos homenaje a los que no están, porque ya no existen; incluso hay alumnos que vinieron hasta con limitaciones físicas”. Entre lágrimas, Iliana, una mujer que ha aportado por años a la formación de jóvenes pinareños, nos confesó su agradecimiento y orgullo por la entrevista, pero siguió, y fue a la esencia de sus raíces. “Yo fui muy pobre, de origen humilde, mi mamá era auxiliar de limpieza, y comenzó para que yo no perdiera mi beca, y así se mantuvo trabajando para que yo lograra ser lo que soy hoy. Se llama Rosa, y tiene 82 años, a ella y a la Revolución le debo lo que soy”.

Sobre el Autor

Ana María Sabat González

Ana María Sabat González

Licenciada en Español y Literatura, periodista de Guerrillero. Ha sido profesora de la Universidad Hermanos Saíz Montes de Oca. Se dedica al periodismo desde el año 1996 y aborda en sus trabajos diferentes temáticas sociales y políticas.

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