Maestra genuina
- Escrito por Ana María Sabat González
El próximo 27 de enero, el instituto preuniversitario vocacional de ciencias exactas (IPVCE) Federico Engels cumple 40 años de creado. Guerrillero entrevistó a varios fundadores de este centro escolar. En la presente edición el testimonio de Raquel Lugo Paredes, una mujer sencilla y patriótica que representa la historia del plantel.
Raquel es una de las profesoras que han dedicado su vida a la Vocacional / Foto: Jaliosky AjeteRaquel Lugo Paredes es el rostro de la sencillez. La vimos caminar por uno de los pasillos del instituto preuniversitario vocacional de ciencias exactas (IPVCE) Federico Engels y nos pareció que su andar, durante 40 años por estos recintos, llega a confundirse con la historia de este emblemático plantel.
Ella conoce cada resquicio del centro, sabe sus misterios, conoce sus protagonistas, ella ama profundamente ese vetusto edificio y todo lo que encierra para bien.
¿Qué significa este centro para ti? Así le preguntamos y entonces ella comenzó a hablar, muy bajito, como el que no quiere delatar su presencia, ni molestar y mucho menos agenciarse protagonismo, pero el amor puede más...
-“Esta escuela es una parte muy importante de mi vida. Aquí transcurrió mi juventud, yo entré en 1978, con 18 años. Trabajando en este lugar me casé y tuve a mi hijo. Por mí pasaron generaciones de estudiantes. Me he mantenido al frente de la asignatura de Historia de Cuba, de una u otra forma, primero cuando existían los jefes de cátedras y eran cuatro unidades docentes, ahora estoy de responsable de esta materia en el centro.
“Casi siempre me encargué de la preparación para el ingreso de 12 grado a las carreras universitarias, además, soy la entrenadora para los concursos nacionales, de alto rendimiento. Atendemos los alumnos también de los municipios, que se preparan aquí para el certamen que es en febrero.
“Siempre obtuvimos medallas, el año antepasado fuimos el tercer lugar, el pasado el cuarto, tenemos cinco medallas de oro”.
LA PASIÓN DE RAQUEL POR LA HISTORIA...
“Esa es mi vida. Estudié, crecí con ella y vivo preparándome cada día y noche. El historiador no es solo los 45 minutos que dura el turno, sino que tiene que ahondar mucho en la bibliografía complementaria, en los libros de textos, en todo lo nuevo que salga, y más ahora, con los medios informáticos y los productos de cinesoft, para hacer la clase más desarrolladora y contemporánea”.
A veces la Historia se imparte de un modo que no motiva a los alumnos...
“La Historia hay que sentirla para contarla, es como un cuento y debe de ser adornada con los nuevos productos informáticos, de cinesoft, el Paque-teduques, porque ellos reciben más información, y es mayor la aprehensión del conocimiento.
“Los más viejos somos reacios al cambio, somos maestros de tiza, borrador y la palabra. Dicen que hablar en público es un arte, ese yo lo tengo nada más en el aula. En los escenarios públicos no me gusta, pero detrás de la puerta con el grupo de alumnos es que yo me desarrollo”.
Ahí comienza la realización de Raquel. Acotamos, porque hay pasión en los ojos de la mujer, una maestra a la que muchos en Cuba y otros países le deben el saber de Historia de Cuba, la dedicación por el estudio, la investigación, el ser hombres de bien, de ciencia o de letras.
“En el aula, con los estudiantes, se me olvidan todos los problemas, las enfermedades, lo que me pueda ocurrir en la vida, y disfruto, no hay una cosa que me guste más”.
¿Nunca has pensado en dejar Educación?
“No, si tengo salud me reincorporo de nuevo cuando cumpla los 60 años. He tenido buenas propuestas, de la Universidad, el Pedagógico, pero no, siempre me quedé en la enseñanza Media Superior”.
Los estudiantes son su razón de existir, habla de ellos y los ojos son una laguna de recuerdos. “Son tantos”, dice mientras se toca el cabello.
¿Alumnos buenos... malos...?
“Para mí todos son iguales, y los trato por igual, el que tenga dificultades estoy presta para ayudarlo, no importa de dónde sea ni quiénes son sus padres, lo que interesa es que salga formado para la sociedad”.
Tus compañeros de muchos años, tu colectivo.
“Somos muy unidos, y tenemos sentido de pertenencia. Un colectivo que ama el centro, sin el cual no hubiera frutos ni resultados. Para mí esta es la mejor escuela de la provincia, y no solo de Pinar del Río, sino de Cuba, independientemente de que quizás puedan existir fisuras como las hay en otros planteles”.
Educadora por siempre, así lo asegura, tanto, que si volviera a nacer repetiría la historia. Para ella alguien que se dedique al magisterio debe de tener en especial mucho amor, comprensión y dulzura para llegar al corazón de sus estudiantes.
“Dicen que la mayor gloria de un maestro es hablar por boca de sus discípulos. Mis alumnos me quieren, entonces no soy tan mala”. Ríe Raquel, ahora un poco más evidente, que la sonrisa amigable que ha mantenido durante toda la conversación.
No podía dejar de preguntarle por su amor mayor: ¿la familia?
“Al amor de mi vida lo conocí aquí. Él ya se jubiló. Tengo un hijo que trabaja en un centro de la Daafar en La Habana, y dos nietos, mi mamá y mi hermano.
“Siempre mi madre me ayudó con mi niño. Yo hacía los posgrados en el ‘Varona’, en el Instituto de Periodismo, en el de Relaciones Internacionales, y ella se mantenía al tanto de la educación de mi hijo, me apoyó muchísimo, por eso tengo ese hijo tan maravilloso, un hombre preparado en todos los sentidos de la vida”.
Raquel, junto a los diferentes colectivos que han pasado durante estas cuatro décadas por el IPVCE, es una de las protagonistas de la formación integral de jóvenes que salieron de este plantel, aptos para enfrentar el camino de la vida.
“Tengo un mensaje para las nuevas generaciones: que estudien más y que defiendan nuestra historia y no dejen caer lo conquistado hasta ahora”.
Sobre el Autor
Ana María Sabat González
Licenciada en Español y Literatura, periodista de Guerrillero. Ha sido profesora de la Universidad Hermanos Saíz Montes de Oca. Se dedica al periodismo desde el año 1996 y aborda en sus trabajos diferentes temáticas sociales y políticas.