“Quien pasó de verdad siempre está de regreso”
- Escrito por Magda Iris Chirolde López
Festejan FEU y educadores / Foto: Januar Valdés Barrios
Aún pasa por ahí y los vellos de la piel se le ponen de puntas. Su cabeza en ese instante es un remolino de recuerdos positivos, traumáticos, amorosos, alegres, jocosos y hasta tristes. A un punto fijo dirige la mirada y en voz baja parafrasea una vieja canción de Buena Fe -“Quien pasó de verdad siempre está de regreso a esa estación de notas y de besos”- .
Emocionado, por estar cerca de la institución donde cursó la Educación Superior, rememora los días lluviosos, soleados y fríos, también las tardes de amigos, los encuentros furtivos con su “Penélope”, las “apetitosas” comidas en el comedor, las interminables clases, las altas horas dedicadas al estudio y los estresantes momentos de seminarios, exposiciones de trabajos investigativos y exámenes finales. FEU son las tres letras que le identificaron en dicho centro educativo, organización que nació para guiar las inquietudes de quienes le dieron vida, en este caso, Julio Antonio Mella y otros jóvenes revolucionarios. Pero a pesar del tiempo, Pablo aún se siente joven y partícipe de la organización, así como de las aventuras, proyectos y eventos en los que compartió gratos momentos. El aula, aquel espacio de cuatro paredes, le resultó escenario principal para la formación espiritual y profesional, para forjar la armadura que hoy viste con elegancia y con la que lucha contra la incultura. Hombre de bien, hombre preparado, hombre sabio y capacitado. La FEU reúne a la gente los 28 de enero, los primeros de mayo y hasta los 17 de noviembre. Y recuerda Pablo que lo que comenzó como una obligación se convirtió en una fortaleza y en un ejemplo, al desear tomar una antorcha en la mano y caminar por las calles entre la multitud que también bailó, gozó y vivió su juventud. De las diversas marchas le marcaron sencilleces como la algarabía espontánea de jóvenes entusiastas, vigorosos y altruistas, la presencia de niños emotivos y de personas mayores que sienten y acompañan los sucesos de la historia. También las pequeñas acciones en la propia escuela como los trabajos voluntarios y al campo, la recogida de basura y las guardias viejas, que le permitieron sentirse útil. Lo cierto es, que después de cinco o seis años, la universidad cubana le hizo ver una sociedad diferente y lo preparó para ser maestro, quien enfrenta hoy un mundo lleno de grandes retos y transformaciones.
Sobre el Autor
Magda Iris Chirolde López
Licenciada en Periodismo en la Universidad Hermanos Saíz de Pinar del Río, Cuba.