Francisco el maestro
- Escrito por Ana María Sabat González
La primera vez que vimos a Francisco Álvarez Rodríguez estaba “atado” a su maletín. Se encontraba sentado, muy serio, con sus manos cubría el portafolio, fue así que nos presentaron y que accedió a una entrevista.
Cuando empezamos a conversar supimos que este hombre de 68 años, de ellos 45 dedicados a la Educación, es una personalidad en su municipio San Luis; alguien que ha sido maestro de generaciones de habitantes de este lugar pinareño, y a quien le es casi imposible no asistir a un velorio en su pueblo.
“Ah, yo voy a todos, mi mamá me dice: ‘Niño no vayas más’, pero es que son tantas generaciones las que han pasado por mí, que cuando paso por la funeraria los occisos son padres, hijos, abuelos o tíos de mis alumnos...”.
UNA HISTORIA RICA PARA CONTAR
De lo que nos contó, lo que más le enorgullece a este sencillo hombre de hablar muy claro y de una vasta cultura, son las anécdotas que ha cosechado en su vida.
Así nos habló de aquel niño, cuyo nombre nunca dijo, que era incontrolable en la escuela, pero que él supo ganarse.
A los 15 días de comenzar en el aula, el muchacho se le paró al frente en el horario del receso y le puso en el buró una naranja. “La más hermosa y dulce de la mata”, entonces Francisco pensó: “Caíste en la trampa”.
“De ahí en lo adelante ese niño hacía lo que yo decía, y en su casa todavía hoy soy como si fuera un hijo más”.
Maestro de Primaria, de la Universidad, metodólogo, alumno de la escuela de cuadros, jefe del equipo de inspección de la Dirección Municipal de Educación, por todas las áreas ha pasado este educador, quien guarda en su corazón cada uno de los pedacitos y vivencias.
“Tengo muchas historias, la gente me dice: ´Tú tienes varias medallas... las habidas y por haber´, pero yo por lo que me siento enormemente gratificado es por cada uno de mis alumnos.
“Me preguntabas anécdotas, tengo centenares. Mira, yo soy hipertenso, una noche me subió bastante la presión, y aun cuando tomé los medicamentos, al llegar al policlínico estaba muy mal.
“Delante de mí tenía a un médico, me preguntó mis datos, yo le dije: ´Soy del consultorio cuatro, tengo tantos años y me llamo Francisco Álvarez Rodríguez´, entonces el mediquito jovencito agregó: ‘Y mi maestro de sexto grado’. ¡Mira, se me bajó la presión!, sola, sin medicamentos. Él comenzó a hablar conmigo y salí de allí bien.
“Otra vez estoy en el Vial Colón en Pinar del Río, y los ‘amarillos’ estaban parando carros, recuerdo que había muchas personas. Entonces un Lada se detuvo y el chofer le dijo al inspector: ‘No, no, a ese mulato que está ahí’.
“Me monté en el carro y salimos andando, y un oficial que iba en la parte delantera me comentó: ‘Oiga, usted debe de haber sido muy buen maestro para que este muchacho loco que llevo al lado le pare, porque él no recoge a nadie’”.
Así sigue sus comentarios Francisco. Esta parte de las anécdotas es la que más le fascinó, tal vez porque es la forma en que ha visto materializado el amor que le profesan los alumnos, aun al pasar los años.
“Yo como educador me he sentido siempre muy responsable, porque como dice Silvio Rodríguez, ‘solo el amor engendra la maravilla’. Todo lo que uno hace con empeño, sacrifico y perseverancia, sale bien”.
De aquel mozo, que muy joven comenzó en la escuelita Camilo Cienfuegos, en la zona de Buenavista, en 1971, recién salido del Servicio Militar, queda mucho que contar.
¿Qué es lo que más le gusta del proceso educativo?
“Enseñar. Comencé en la Primaria y me especialicé en sexto grado. Al licenciarme me gradué de Lengua Española y trabajé en los cursos de maestrías, en las licenciaturas y en todos los componentes de la asignatura, me hice máster en Ciencias de la Educación y específicamente en Español, después de ahí seguí la investigación y comencé el doctorado en Ciencias Pedagógicas.
“Pero lo que más me gusta es dar clases, aún sigo en la docencia porque trabajo en la Universidad con los alumnos que están en el componente educativo, preparándolos para graduarse. Aunque tengo trabajos también de investigación científica. Participé en el foro aquí en el municipio con un modelo didáctico. He consagrado mi vida al Ministerio de Educación”.
¿Algún arrepentimiento de haber dedicado 45 años de su vida a la Educación?
“Jamás: Si muero hoy y mañana tengo una oportunidad de volver, sería maestro”.
¿Se hizo maestro por vocación o esta vino después?
“De pequeño yo jugaba con libros, daba clases a las plantas y alfabeticé siendo un niño, prácticamente con 12 o 13 años, fue en Río Seco. Por esa razón cogí una beca para Minas de Frío, no terminé porque me incorporé al Servicio Militar obligatorio, y después de ahí comencé a dar clases, siempre me incliné por el magisterio, nunca por otra cosa”.
Francisco es defensor de las tradiciones y de que la familia juegue un rol fundamental en la sociedad...
“Defiendo que la familia coma junta en la mesa, eso lo he trasmitido a mis hijos y nietos que viven conmigo; de la conversación, el respeto y las tradiciones familiares. Como cubano enseño los principios de la decencia, la honestidad y la laboriosidad; mi padre fue muy trabajador y disciplinado”.
Hay padres actuales que esperan que la escuela les enseñe a los hijos las normas de educación y principios elementales para la vida.
“No, eso es un error. La escuela pule lo que viene de la casa. Luz y Caballero decía que la educación comenzaba en la cuna y terminaba en la tumba, en ese periodo de tiempo está el hogar primero, porque es la influencia inicial que recibe el niño, la de la mamá y el papá, desde que está en el vientre. La escuela instruye y fortalece esa educación, al contar con las vías metodológicas y pedagógicas, desde tiempos remotos”.
¿Cuándo termina un padre de educar?
“Nunca, aún después de muerto los padres educan, porque el recuerdo de ellos, al menos a mí, me ha servido para orientar a mis hijos, cultivar a mis nietos, siempre en lo que ellos me enseñaron. Lo que soy se lo debo a mi padre y a mi madre. Mi papá se llamaba León Álvarez y mi mamá se nombra Olga Nieves Rodríguez Hernández –más conocida por Nene– y tiene actualmente 87 años. Yo todas las semanas voy a verla.
“Los tiempos cambian y las personas con los tiempos, pero las raíces educativas de la casa, la formación que viene del hogar, sea buena, mala o regular, esa, perdura en los seres humanos, por eso hay que explotarla. A nosotros los maestros nos corresponde pulirla”.
¿Cualquier persona puede ser maestro?
“Una pregunta muy importante. El maestro es vocación. Hay, a veces, maestros que en estos momentos cambian de trabajo por el desequilibrio económico y buscan otras vías de mejoría, y se van, pero los que aman la educación, los que la quieren, los que son maestros verdaderos no lo hacen.
“Yo soy padre de familia, pasé un periodo especial, vicisitudes económicas, pero jamás y nunca he pensado en irme del Ministerio de Educación”.
¿Cuando el periodo especial dónde usted trabajaba?
“En los años 1993 y ´94, que fue el recrudecimiento del periodo especial, yo trabajaba en la sede de superación del municipio, impartía clases a la licenciatura, en Español.
“Soy hijo de gente que trabajaba el tabaco, sé clasificar las clases de hojas, porque mi padre era especialista en eso, y cuando llegaban las vacaciones hablaba con el administrador de la escogida de Buenavista, y como fui maestro de sus hijos y de su hermano, durante ese periodo trabajaba allí. En esa etapa dura hice mi esfuerzo, laboré de enero a diciembre, sin parar”.
Francisco termina conversando de sus hijos: “Son los dos hombres de mi vida, uno tiene 37 años y el otro 33, el más chiquito es capitán de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, vive conmigo pero trabaja en La Habana, tiene dos hijos. El otro labora en la cadena del pan en Pinar del Río, muy serio y formal. Hasta hoy, nunca me han dado problemas. Sus nombres: Yorjander y Yordan.
“Junto a mi querida esposa, Ysora Díaz Hernández, he formado una familia que completa mi vida, me da las fuerzas para seguir adelante y hacer todo lo que esté a mi alcance por ella y por mi país”.
Sobre el Autor
Ana María Sabat González
Licenciada en Español y Literatura, periodista de Guerrillero. Ha sido profesora de la Universidad Hermanos Saíz Montes de Oca. Se dedica al periodismo desde el año 1996 y aborda en sus trabajos diferentes temáticas sociales y políticas.