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Los derechos de todos

Derechos humanos en Cuba

El 10 de diciembre de 1948 la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas proclamó la Declaración Universal de los Derechos Humanos con el propósito de regularizar las relaciones entre los hombres y establecer sus derechos fundamentales, una noble acción que desde antes, de cuando surgió la sociedad dividida en clases se vienen pisoteando y en el día de hoy, todavía es difícil abordar el tema y salir airoso, porque nunca queda conforme ni una ínfima parte de los lectores.

La lógica está en que nadie discute el derecho a comer, trabajar o amar, pero cuando interviene el derecho a pensar, de facto cesan los derechos, porque a alguien se le ocurrió que estás obligado a pensar como él. Este documento traducido a 500 idiomas tuvo como propósito fijar el compromiso de los Estados con millones de personas y sentaba las bases de un mundo más justo. Aún queda mucho camino por recorrer para que las promesas que encierra se cumplan plenamente. Desde que se originó las primera gran división natural del trabajo apareció la violación de los derechos individuales, porque el que se enriqueció decidió mandar sobre sus subordinados; la Revolución Francesa quiso igualar la vida de los obreros, campesinos y la clase media, pero en la medida que sus exigencias aumentaron fueron estorbando a muchos, lo mismo sucedió con muchos procesos similares en la historia. Así llegamos al siglo XX, cuando la exacerbación de la mutilación de esos derechos permitió un mundo mal dividido, supusieron muchos, y fueron a una primera guerra mundial, que no resolvió los grandes problemas y se volvió a una segunda, que tampoco los solucionó, porque Europa, la cuna de esos conflictos no ha ido a una tercera porque le ha faltado tiempo y si se desatara, el principal incendiario habría que buscarlo en América, donde está –desde sus orígenes- el principal violador universal de los derechos humanos. Las 13 Colonias Americanas se emanciparon de su metrópoli británica y con su gran Unión iniciaron una marcha arrasadora para hacer que el mundo viva y piense como ellos; por lo que pretenden imponer su sistema al resto de la humanidad, ¡y no por las buenas!, han logrado consolidar una potencia capaz de agredir a más de uno a la vez. Sus principales violaciones comenzaron con los verdaderos originarios de las tierras del gran continente, luego se fueron extendiendo hacia el territorio de México y sus zarpas llegaron a Cuba, el Caribe, Asia y así sucesivamente fueron tomando con sus bases militares cada rincón de la geografía mundial. El resto, o menor dicho una parte de la humanidad, decidió escribir sus propios destinos, y comenzaron los procesos emancipadores de descolonización, de guerras de liberación o de procesos políticos independentistas, pero siempre bajo la mirada del ojo del águila, que todavía en pleno siglo XXI se considera calificada para decir a cada país y a cada continente que tienen que hacer, por lo que de nada vale que el concierto de naciones creara un día para la defensa de los derechos humanos, si ellos se atribuyeron los 364 que tiene el año para administrarlos y llegar a decidir y certificar quienes son los buenos y quienes los malos. No basta que los humanos dispongan de comida, vestuario, medicinas, trabajo, artículos suntuarios, también le son necesarios atributos espirituales, pero si usted es discriminado por cómo piensa o que dios adora, y su pasaporte pierde el valor por su filosofía o su religión usted realmente no es libre. Ese omnipresente juez universal que creció al norte del continente americano decidió que ellos deben pensar por todos y autorizar a quienes deben vivir o no, como ocurrió con el señor que en el año 39 se encaprichó en conquistar el mundo, como ya le había sucedió al dichoso corso que quiso someter a Europa. Los derechos humanos de hecho deben asistir a cada hombre que viene a la tierra, desnudo, sin ningún tipo de riqueza, ni credo y ni siquiera pensamiento, porque la genética no trasmite esas cosas, pero se hace a la forma y semejanza de quienes los amamantan, alimentan, educan y forjan sus carácter, por eso después les es muy difícil entender que el vecino, que tuvo otros preceptores, ha triunfado y tiene poderes extraordinarios, escriba algo para que él lo cumpla al píe de la letra. Los derechos son de todos, cada cual los interpreta a su manera, y excepto aquellos que los mismos hombres establecieron por leyes y que se estima van en contra de la correcta convivencia, lo disfrutará en la medida de sus posibilidades. Y te antemano sabemos que cada cual tiene su forma para interpretar el tema, porque si no fuera así, los derechos humanos en la tierra fueran impolutos, inviolables y dudo que la humanidad encuentre un día la total justeza que busca o, por lo menos, una aproximación en el cumplimiento de los principales: derecho a la vida a la alimentación, a la salud y al trabajo.

Sobre el Autor

Ramón Brizuela Roque

Ramón Brizuela Roque

Licenciado en Periodismo Universidad de La Habana 1977. Premio Provincial por la Obra de la vida, 2013.Fue redactor reportero en Juventud Rebelde y Trabajadores; colaborador asiduo en Radio Guamá y TelePinar.

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