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Capullos de verde olivo

De izquierda a derecha Yemay, Yadenys y Saray

De izquierda a derecha Yemay, Yadenys y Saray. / Foto: Januar Valdés

Acostumbrarse resulta aún difícil. Dejar atrás por una temporada a la familia, el hogar, los amigos y los estudios, en algunos casos casi culminados, para adentrarse en un mundo que a la mayoría causa temor es un sacrificio y un acto de valentía.

Quizás las protagonistas de esta historia pensaron que la idea era cumplir órdenes y marchar, pero el tiempo les demostró eso y un poco más. Madrugadas inesperadas, largas caminatas, fuertes entrenamientos físicos y mentales, ejercicios y complejas prácticas militares. Bety, Yemay, Yadenys y Saray son unas de las más de 30 jóvenes pinareñas reclutadas al Servicio Militar Voluntario Femenino (SMVF) hace cuatro meses. Desde entonces visten de verde olivo, pero la sonrisa y los rasgos de féminas están a la vista de todos. MOTIVACIONES

“Siempre quise pertenecer a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). En noveno grado realicé las pruebas para los Camilitos y solo dos varones la obtuvieron. Tampoco entré a la academia al concluir los estudios preuniversitarios, pero me informé bien del servicio cuando mi hermano lo integró y aquí me ves. Además, tuve curiosidad de saber por qué los varones le temen tanto”, dice Bety Leidy Miranda Corrales de 21 años. Para estas chicas decidirse a pasar el SMVF fue un momento de muchas tensiones. “Yo quería desde el 2016, pero mi papá lo impidió. ¿Conoces cuáles son los comentarios de la gente al respecto verdad? Este año conversamos con él, yo y el que nos atiende por el sector en Alonso de Rojas, y aceptó. “Desde la primaria soñé ser militar, yo misma me autocensuré al pensar que no me iban a captar. Un día le dije a mi mamá ´quiero optar por una carrera militar´ y estoy aquí para coger Fiscalía”, comenta Yadenys González Pérez de 20 años. Casi parecido le sucedió a la joven de 18 años Yemay Iglesias Saavedra, quien asegura que cuando uno lucha por lo que anhela inexisten obstáculos. Sin embargo, el embullo motivó a Saray Martí Ramos de 22 y en el servicio descubrió otro hogar, excelentes amigas y un nuevo camino en su vida. “Estuve indecisa al inicio, porque nunca había estado sola. Mi papá me dio fuerzas y me dijo que no me guiara por nadie, sino por lo que yo sentía y quería hacer con mi vida; debía aprender a defenderme sola”, alega Martí Ramos. La incorporación de estas muchachas al SMVF significa mucho, pues prestan servicio no solamente para optar por una carrera militar o civil (excepto Relaciones Internacionales y Periodismo) también por continuar la línea militar sirviendo a las FAR y a la Revolución. PRUEBA DE FUEGO

Las féminas desde agosto profundizan en cómo vincular más el estudio y el trabajo con el fusil. Cierto es, que en la previa devienen momentos turbulentos, los cuales determinan si se forman en ellas el espíritu, amor y disciplina o si se pierden. Cada actividad demanda fuertes entrenamientos e influye en las reclutas el cambio en los hábitos de vida. Se preguntan si son capaces de tolerar una vida militar y hoy afirman que sí pueden. “En la previa las nueve mujeres nos levantábamos a las cuatro de la mañana para llegar a tiempo a la gimnasia matutina. Luego cogíamos el fusil, el portacargador, la cantimplora, una pala y la careta rumbo a desarrollar diversas prácticas militares.

“Terminamos tarde y luego comimos. Son experiencias que uno gana, porque sales preparada para cualquier situación que se presente en nuestro país. Digo yo, que una mujer es más disciplinada que el hombre, tal vez por ello asimilemos mejor las tareas”, apunta Bety Leidy. Aseveran que es un año de sacrificio y de contínuo batallar, pero que al final de la jornada saldrán victoriosas. Además, invitan a otras jóvenes a transitar por esos senderos para nada exterminadores. Sin perder la elegancia y la feminidad Bety, Yemay, Yadenys y Saray, con sus uniformes de verde olivo, permanecen bellas como siempre, retocándose los ojos, adornando sus labios, pintando sus uñas a tono con el vestuario, pero sobre todo, respondiendo y defendiendo a la Patria que las vio nacer. Bety Leidy es la secretaria del comité de base de la Unión de Jóvenes Comunistas de su unidad. / Foto: Januar ValdésBety Leidy es la secretaria del comité de base de la Unión de Jóvenes Comunistas de su unidad. / Foto: Januar Valdés

Sobre el Autor

Magda Iris Chirolde López

Magda Iris Chirolde López

Licenciada en Periodismo en la Universidad Hermanos Saíz de Pinar del Río, Cuba.

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