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Doctor Montano, paradigma de médico

El Doctor Montano, ejemplo de consagración al trabajo

El Doctor Montano, ejemplo de consagración al trabajo

Marco Antonio Montano Díaz pudo haber sido cualquier cosa, por ejemplo agrimensor y perito tasador de tierras, lo estudió, tenía posibilidades y era muy aplicado, pero prefirió ser médico y retornar de las muchas batallas con el escudo, como empeñado soldado espartano de la Revolución.

Recuerdo como grata una entrevista a la que rehuía por modestia, realizada junto a la colega Mónica, y en la que fluyeron los recuerdos de cuando solo era Marquito, el sobrino de Zoila y Regina, el joven de la ciudad que visitaba Minas de Matahambre, y allanamos el camino con el argumento de que era necesario que lo conocieran los alumnos.

Quizás algunos ignoren que aquella noble corpulencia albergaba no solo al científico, al docente y al investigador, sino a su acreditada virtud como colaborador insurreccional, que también pudo ser de combatiente, porque no desmayó en la lucha contra el dictador Fulgencio Batista, desde el mismo momento del golpe.

Montano forjó su carácter en el Instituto de Segunda Enseñanza de Pinar del Río –donde se hizo bachiller–, conviviendo con la prédica de los hermanos Sergio y Luis Saíz Montes de Oca.

Sus primeras correrías fueron por la calle Yagruma. Diferente a otros adolescentes, en su hogar nada faltaba: era de familia acomodada y aspiraba a entrar en el mundo de la medicina: tenía muy claro que su futuro era ser útil, ayudar a los demás, pero no se sentía bien con la política de la época.

El cierre de la Universidad de La Habana por la dictadura obligó a correr en el tiempo sus aspiraciones, pero en cuanto reabrió sus puertas en 1959, Marco Antonio ocupó un asiento en la carrera de Medicina.

Y esa tardanza fue recompensada, pues felizmente estuvo en el grupo que hizo todos sus estudios bajo la tutela de la Revolución, y junto a sus colegas Rafael García Portela y la doctora Morales, experimentó la emoción de recibir el título de doctor en el Pico Turquino, con la presencia de Fidel.

La etapa profesional, de cuando los médicos vestían de proletario caqui gris, lo llevó a dirigir el policlínico de Mantua; iba con el corazón esperanzado y la mente floreciente, gozoso de ser acompañado por su esposa, la profesora de francés Clarivell Sisto Fernández –casados desde 1961– y aunque no tuvieron la felicidad del hijo propio, fueron recompensados por muchos miles de estudiantes, cuya lista encabeza su sobrina Leysi Castro. Su posgrado concluyó en el “Pedro Borrás” de la capital pinareña, en el cual tuvo muchos momentos de realización profesional, al igual que en el hospital León Cuervo Rubio, donde se hizo especialista en Medicina Interna y docente.

Entre sus aportes relevantes está haber dirigido el Programa del Médico de la Familia entre 1986 y 1992 y la introducción de la acupuntura en Pinar del Río en 1976.

Como buen médico nunca se ha apartado de la investigación, como ser humano tampoco dejó de educar y, a la vez, de indagar sobre la vida de personalidades ilustres, tal es el caso de las enfermeras capitanas mambisas y con énfasis en la vida en Viñales del doctor Fermín Valdés Domínguez, amigo de Martí, y que dirigió los baños medicinales de San Vicente.

Su labor docente fue extraordinaria, y no es casual que en la entrega del Escudo Pinareño, el 26 de noviembre del 2010, en sus palabras Nelson Sánchez, entonces secretario de la Asamblea Provincial, dijera que “no podría escribirse la historia de la docencia médica pinareña, si faltara el nombre de Marco Antonio Montano Díaz”.

Hay un sinnúmero de recuerdos en los médicos graduados en las últimas décadas en Pinar del Río, a quienes no solo enseñó y entrenó, sino que los dotó de un carácter y una forma de hacer en el campo asistencial como destacados profesionales, entre los que se encuentran figuras relevantes, y aunque con el riesgo de ignorar a varios, mencionamos a los doctores Padovani, Pucho Paz, Jorge López y María de los Ángeles... así sencillamente, sin más ceremonial, para que se parezcan a Montano.

Al igual que en el “Borrás”, su presencia en el policlínico comunitario Hermanos Cruz dejó su impronta. No hemos seguido un orden cronológico, es mucha historia para contar, pero sí debemos detenernos en hechos relevantes: presidió la Comisión Provincial de Ética Médica desde 1999 hasta marzo del 2010; fue nombrado Profesor de Mérito en el 2008 y Consultante desde el 2002 en la Universidad de Ciencias Médicas, de la cual fue docente a partir de 1968.

A lo largo de su vida profesional viajó a Bulgaria, Gran Bretaña, Italia y Checoslovaquia.

En representación de Cuba intercambió con figuras relumbrantes de las ciencias médicas; fue humilde profesor de aulas hospitalarias; participó en 37 congresos y eventos nacionales, en 15 internacionales celebrados en Cuba y cinco en el exterior; impartió 55 cursos especializados y recibió 55; y le confirieron 33 órdenes y distinciones estatales de instituciones y organismos. Junto a su quehacer intelectual, siempre estuvo su estirpe proletaria, pues fue 14 veces Vanguardia Nacional consecutivamente.

En realidad queda mucho por decir, pero no todo cabe en un periódico, máxime cuando sabemos que sus colegas, sus exalumnos, sus familiares y amigos lo llevan en el corazón y que también es paradigma para los trabajadores del sector.

El Bachiller,  El MédicoEl Bachiller, El Médico

El hoy y el ayer en el Hospital León Cuervo RubioEl hoy y el ayer en el Hospital León Cuervo Rubio

En la tranquilidad del hogarEn la tranquilidad del hogar

En una de las actividades científicas junto al Comandante en Jefe Fidel Castro y otras personalidades de la medicinaEn una de las actividades científicas junto al Comandante en Jefe Fidel Castro y otras personalidades de la medicina

Junto a Clarivell, su esposa, en el cabaret Parisien, en La Habana el día que terminó MedicinaJunto a Clarivell, su esposa, en el cabaret Parisien, en La Habana el día que terminó Medicina

Sobre el Autor

Ramón Brizuela Roque

Ramón Brizuela Roque

Licenciado en Periodismo Universidad de La Habana 1977. Premio Provincial por la Obra de la vida, 2013.Fue redactor reportero en Juventud Rebelde y Trabajadores; colaborador asiduo en Radio Guamá y TelePinar.

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