Actualizado 30 / 11 / 2019

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La humildad lo llevó a presidente

Raúl Mena Iviricu

Aunque remotos, en su memoria perviven recuerdos como los exclusivos chicharrones de viento que vendía Juanito, el hermano de Simón Carrejas, en Cabezas, en el quiosquito del camino que daba a las Minas. En aquella plaza donde todavía se alza el imponente puente de hierro para ir a Sumidero, que al niño de la ciudad, llegado con su mamá, la maestra del barrio, le parecería gigante, y además chocante porque era una cosa muy grande para un poblado donde solo tenían electricidad la farmacia de Asunción, el médico Puentes y el dueño de la bodega y del bar, Sotero Beades.

El ambiente rural lo embelesaba, su madre Felicita Iviricu, la maestra, era una persona preparada y en la glorieta hacía maravillas musicales con la mandolina; luego mayorcito cursó quinto y sexto en la escuela de Sumidero, viajaba en la guagua de Rondo, el que murió en un fuego cruzado de los rebeldes de Pica Pica, por confusión, porque él era muy revolucionario. En ese ambiente comenzó su proletarización: escuchaba que la guardia rural saboteaba el tabaco de los campesinos para que bajaran los precios; veía a Polo, un chico de la escuela que llevaba un huevo y le decía a Corín el bodeguero, dame dos quilos de café y uno de azúcar; otro pidiendo regalado un poco de luz brillante para la chismosa (lámpara de queroseno), y lo peor, a la escuela había que entrar con zapatos, y dolía ver a dos niños que se turnaban los tenis para poder asistir. “Pasados los años, en la tienda Sensación comprendí mejor aquellos horrores y tuve conciencia, porque no éramos ricos, sino una familia acomodada, pero mi mamá tenía que pedirle al viejo que le comprara chocolate Nestlé para completar el desayuno escolar... son inimaginables los trabajos que ella pasaba en aquella situación”. EL MERECIDO ESCUDO

El Escudo Pinareño es la máxima distinción que otorga el Gobierno en Pinar del Río a personas que durante su vida contribuyeron a la provincia. No es un premio por una acción aislada, más bien una recompensa moral por su labor sistemática en beneficio de la sociedad. Entre ellos estuvo nuestro entrevistado, el licenciado Raúl Mena Iviricu, para los pinareños Teo, y que puede ser inspiración para la más joven generación, porque sus méritos no los obtuvo en la lucha clandestina ni en la sierra, sino que son el fruto acumulado de un proceso de proletarización iniciado casi con la propia Revolución, es más, cuando se crean las milicias en el ´60, apenas tenía edad para ingresar. Sin embargo se hizo miliciano, estuvo movilizado en Artemisa, y tuvo la oportunidad de estrechar la mano del Che en el campamento, “cuando llegó buscando al jefe de unidad y este se demoraba; el jefe apareció y justificó la demora con ‘me estaba lavando la cara’ y el guerrillero le respondió ´no se preocupe que no vine a verle la cara a usted, sino a darle la noticia del ataque por Bahía de Cochinos´, lo dijo con esas palabras, él no mencionó Playa Girón y mandó a desconcentrar todo el armamento y las municiones que custodiábamos. “Rolando Suárez era el jefe del batallón –por los milicianos– y el primer teniente Oliva –por el ejército–, era un oriental rebelde; Luis Suárez era el jefe de la compañía y Tatá, Leonel Valdés Alonso, el político. “Después mandan para La Guatana a los dos grupos, el nuestro y el que operaba en la lucha contra bandidos, también cortamos caña en San Carlos, al sur de Los Palacios, hasta que el batallón se extinguió. “Al producirse el primer llamado al Servicio Militar Obligatorio me vuelven a movilizar y fui para la Unidad 3234 de Cayajabos; ahí formamos un grupo de jóvenes revolucionarios, porque se había generalizado la opinión de que los que íbamos éramos bitongos, que ni estudiábamos ni trabajábamos”. En 1964 participó como comunicador, bajo las órdenes del capitán Borjas, –jefe de lucha contra bandidos– en la captura de los últimos alzados que operaban en las zonas de La Leña y San Andrés. VIDA LABORAL

Sus estudios estuvieron interrumpidos con el traslado para Pinar, donde hizo una preparatoria; su padre Raúl quería que ingresara en la Escuela de Comercio, idea que no le agradó. El viejo había quedado cesante en el hospital antituberculoso de Guanito, y se dedicó al negocio de ganado y puso unas carnicerías en la ciudad, corría el año 1958. La tienda Sensación tenía dos dueños, Iviricu y Ferro, y su madre logra que lo pongan a trabajar en la limpieza y de mensajero; al parecer el ánimo era que se arrepintiera por no querer estudiar, pero ni siquiera limpiar el portal le desagradó. Esa etapa aumentó sus inquietudes, conoció del abuso a las personas, y lo explica: “yo recuerdo que fueron a elegir a un delegado obrero, era uno por la patronal y otro por el sindicato, como yo era nuevo querían ponerme por la patronal y me paro y digo: ‘yo quiero ir por el sindicato’, ¡para qué fue aquello!, enseguida me enfilaron los cañones... la propia familia. Suerte que Pedro Santalla, muy revolucionario e insurreccional, estaba presente y arregló el problema. “Fíjense que yo firmaba por 15 pesos de salario, pero solo recibía siete; luego me aumentaron a 15, y en la nómina aparecían 57. Eso se descubrió cuando las intervenciones de la Ofensiva Revolucionaria. En ese entonces yo acompañé a Agustín Tuñón a la nacionalización. “También trabajé en la primera tienda que se nacionalizó, llamada Pepín Ropa, porque el dueño se había ido. Me llevó allí Pilar Arredondo, una mujer muy revolucionaria que laboró con nosotros en el Partido. Incluso llegué a integrar el consejo provincial del Sindicato, en el cual ocupé el frente de asuntos sociales”. Cuando termina su historia militar regresa nuevamente al comercio, pero lo ubican como jefe de servicios del Poder Local del municipio Pinar del Río, y a finales de 1967 Tatá y Juan de Dios Ortiz le hablan para enviarlo de vicepresidente del Poder Local en San Juan y Martínez, donde luego resultó presidente. EL CUADRO

En 1970 dio un nuevo paso, lo designaron presidente del Poder Local en la Región Pinar del Río; también ese año comienza sus actividades como miembro del buró Regional del Partido para atender el consumo y los servicios, hasta que en 1973 lo eligen primer secretario de Pinar urbano, una responsabilidad que cambiaría con la nueva división político-administrativa y cuando lo ubican de segundo secretario del municipio capitalino, luego primer secretario y en 1987 segundo secretario del Comité Provincial del Partido. Aunque nunca dejó de ser un cuadro político, en 1989 lo eligen presidente de la Asamblea Provincial del Poder Popular y diputado a la Asamblea Nacional, tareas que simultaneó con escuelas militares, superación política en la Unión Soviética, además de difíciles misiones que se derivaron del periodo especial, hasta que su derrotero lo llevó a otras responsabilidades en el sistema empresarial. Condecoraciones tiene muchas, pero la mayor es el permanente reconocimiento de su pueblo, sintetizado en el Escudo y esa placidez del deber cumplido, que le permite realizar tareas comunales en su núcleo zonal del Partido y al frente de su CDR... porque la vida comienza con pequeñas cosas, pero el tiempo las agiganta. Con Raúl y Jaime CrombetCon Raúl y Jaime Crombet El niño, el joven, el exploradorEl niño, el joven, el explorador

Sobre el Autor

Ramón Brizuela Roque

Ramón Brizuela Roque

Licenciado en Periodismo Universidad de La Habana 1977. Premio Provincial por la Obra de la vida, 2013.Fue redactor reportero en Juventud Rebelde y Trabajadores; colaborador asiduo en Radio Guamá y TelePinar.

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