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Los nuestros que recordamos

Parte del equipo cubano de sable que perdió la vida el 6 de octubre de 1976

Tal vez si en el vuelo 455 hubiesen detectado un fallo técnico o en los radares una tormenta tropical de esas que inquietan al Caribe en octubre o si la pista, la tripulación, la torre de mando o alguna divinidad hubiesen evitado la salida de la aeronave...

No fue así, y partió de Barbados sobre las cinco de la tarde hace 41 años y ni superó los 10 kilómetros más allá del aeropuerto de Seawell y dejó en el mar, donde cayó, una mezcla de dolor, confusión y la idea de por qué a ellos. ¿Quiénes eran esos que se convirtieron en dianas?, ¿qué ofensa, acción o pensamiento los había puesto en la mira?

Entre tripulación y pasajeros sumaban 73, un número que se reitera cada año en esta fecha y aún causa lágrimas: 57 cubanos, 11 guyanenses y cinco coreanos.

De los nacionales, parte era tripulación y 24 integraban el equipo nacional juvenil de esgrima que regresaba del Campeonato Centromericano y del Caribe. Pocos superaban los 20 años de edad. Tenían padres, hijos, sueños, expectativas, angustias, tal vez problemas que resolver en casa, medallas que regalar. Vidas que continuar.

A la pinareña Nancy Uranga le faltaban competencias; primeros, terceros lugares y hasta decepciones. Le faltaba convertirse en la gran atleta que ya despuntaba y en la madre del ser que ya gestaba.

El tunero Carlos M. Leyva González, de solo 19 años, se mostraba como una de las esperanzas olímpicas de Cuba en el florete. Más allá de sus futuros éxitos en el deporte, el crimen de Barbados evitó que Carlos fuera recibido por su familia o por la gente del barrio o por los amigos de la infancia.

¿Cuáles fueron los esfuerzos de Wilfredo Pérez Pérez para convertirse en piloto? Salió un día de Ranchuelo, en la entonces provincia Las Villas, para llegar más allá de la plataforma insular.

A los agresores mejor no mencionarlos, sus nombres y sus rostros se conocen; sus pocos escrúpulos y las ayudas externas también. La justicia no los tocó debidamente; pero no por ello dejan de emerger en Cuba muchas Nancy, Carlos y Felo. A esos vale la pena referirse, que no cometieron más crimen que ser nuestros.

Sobre el Autor

Anelys Alberto Peña

Anelys Alberto Peña

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca

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