Actualizado 29 / 11 / 2019

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Un nuevo comienzo

Nuevo curso escolar

Su mente desconoce el verdadero significado de la educación. Por el momento, el aula, más que un centro de aprendizaje, será el lugar ideal para hacer nuevos amigos.

Las lecciones para aprender a contar, formar palabras con sonidos, reconocer los colores o saber identificar entre cuadrados, círculos y triángulos, serán un juego más. “La goma será para borrar, los lápices para escribir y los colores para dibujar”, explica con detenimiento como si se tratara de las herramientas más importantes del mundo, aunque para él lo serán. Formarán parte de un mundo desconocido que le abrirá las puertas y se convertirá en una parte fundamental de su vida. Ignora la cantidad de meses que conforman un año, y mucho menos conoce el concepto de esos 365 días agrupados. Para él no existe el tiempo, ni las prisas o el quedarse cortos de minutos. Pero sabe que en septiembre comenzará la escuela, y como el científico más seguro de su idea, es capaz de rebatirle a quien sea, que es en ese mes y no otro. Su universo es, por ahora, pequeño, como él. Pero irá expandiéndose, del mismo modo en que él irá creciendo. Pronto dejará de ser solo el niño de la casa, el bebé de mamá o el nieto (de corazón) de su vecino, para convertirse en el alumno de la maestra Elena, el amigo de Osvaldito y el consentido de la “seño” que sirve el almuerzo (sus ojos ladrones de cariño y su indetenible apetito serán los causantes). A mamá le dolerá dejarlo ir, no poder estar a su lado para defenderlo de cada peligro. Se preocupará por si será tan malcriado con la maestra como con ella, por soltarle el dedito y ver como aprende a caminar solo. Pero no por ello le cortará las alas. Cuando llegue a la cima, ella estará a su lado para disfrutarlo. Asombrará a todos con su inteligencia de “gente grande” y a papá lo dejará con la boca abierta, cuando además de saber de memoria los diálogos de su película favorita, le recite poesías, cante canciones y relate historias, como si las supiera de toda una vida. Su uniforme no está completamente nuevo porque ya son varios los meses que lleva probándoselo. Se lo muestra orgulloso al tío, se mira en el espejo con cara de pícaro, casi explota de alegría cuando recibe ovaciones familiares: “Pero qué niño más guapo”, y en cada ocasión pregunta: ¿ya mañana es septiembre? Aunque no tiene la más mínima idea de qué quiere ser cuando sea grande, a qué edad se casará, cuántos hijos tendrá o el tipo de persona en que se convertirá, desde ya cada lección aprendida será una pieza del rompecabezas, que una vez formado, hará nacer a un nuevo hombre. Entrará siendo un niño que desconoce el porqué de la mayoría de las cosas que suceden en el universo, pero una vez concluidos los muchos años de enseñanza, saldrá convertido en una persona de bien. El primer paso lo dará este 4 de septiembre, y muchos otros infantes lo darán junto a él. Rostros en los que se reflejará el miedo, la alegría, la expectación, y al mismo tiempo serán el reflejo de los tiempos por venir. Con sus manos, ahora, le dará forma a las plastilinas, construirá ciudades enteras, inventará leyes y cambiará concepciones; pero más adelante será uno de los arquitectos de un mundo, que ojalá siga llenando de magia, inocencia y esperanza, en que hasta los sueños imposibles se hacen realidad.

Sobre el Autor

Dayelín Machín Martínez

Dayelín Machín Martínez

Licenciada en Periodismo en la Universidad Hermanos Saíz Montes de Oca de Pinar del Río, Cuba

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