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“Orgullosa de ser mujer, cubana y relojera”

Rosa Barrios Pérez

Su vida transcurre entre ruedas, volantes, coronas. Aunque lo parezca no se dedica a la industria automovilística ni es descendiente de grandes reyes. En sus manos está el poder de arreglar el tiempo, y pudiera parecer imposible para una simple mortal que no tiene vínculo alguno con el dios Cronos, pero ella lo logra.

Rosa Barrios Pérez ya no puede concebir su vida sin levantarse cada día para dedicarse a una tarea que muchos pueden considerar sencilla y no precisamente apta para una mujer, pero ella supo crecerse y luchar por sus sueños. Los “no” fueron incapaces de intimidarla y ya son más de cuarenta años de su vida consagrada a los relojes. “Vivo enamorada de mi oficio, y cuando un reloj nuevo llega a mis manos siento como si me volviera a enamorar, como que la conexión no muere y se renueva constantemente. No me he arrepentido nunca de mi elección y me place muchísimo saber que estoy ayudando a los demás, pues para llegar puntuales a los lugares es necesario guiarse por la hora correcta”. Con tan solo catorce años decidió seguir los pasos de su papá y se inició en ese mundo de segunderos y minuteros, al mismo tiempo que pasaba a formar parte de la Federación de Mujeres Cubanas. Y tres años después ya se desempeñaba como relojera profesional. “Las mujeres estamos a la vanguardia de todo, supimos trascender la barrera del hogar para asumir roles que antes solo estaban destinados a los hombres. Somos una fuerza que lo impulsa todo y capaz de lograr lo que nos propongamos”. Miembro del Comité Municipal de la Federación, delegada al VIII Congreso de la FMC, secretaria de una sección sindical de trabajadores no estatales y recientemente le fue otorgada la medalla 75 Aniversario de las CTC. Es una mujer dedicada por entero a la labor que ama y agradecida de haber nacido en un país que respeta a las féminas y les da el lugar que ellas merecen. “Siempre he dicho que como Cuba no hay otro país. Sé que aún nos queda mucho camino pues no hay obra humana perfecta, pero sí estoy consciente de todo lo grande que esta pequeña Isla ha logrado, y las mujeres nos podemos sentir afortunadas de la manera en que en Cuba podemos abrir nuestras alas y volar sin miedo alguno”. “Muchos se asombran cuando buscando quien les de solución al problema de su reloj, se encuentran detrás de la mesa a una fémina. No se lo esperan pero lo reciben de buen agrado, muchos clientes incluso me han manifestado que prefieren los servicios de una mujer, pues es una labor que demanda estar al tanto del más mínimo detalle. A algunos les cuento mi historia mientras les doy solución a los problemas del equipo, seguida de esos ojos sorprendidos, pero al mismo tiempo confiados. Depositan en mí su confianza y agradecen la amabilidad de mi trato”. Desde el año 2012 pasó a ser trabajadora por cuenta propia, y ello no significó un cambio en su manera de trabajar. “Sigo dedicándome a lo que hago y nunca he sentido esa brecha o rompimiento que para muchos existe entre los trabajadores estatales y los cuentapropistas. Para mí el compromiso sigue siendo el mismo, y más que distanciamiento lo que debe haber es unión, pues al final cubanos somos todos y el propósito es llevar adelante el país y construir un futuro cada vez mejor. Es por ello que no lo dudé cuando me ofrecieron dirigir una sección sindical compuesta por relojeros, barberos, manicuris, ente otros”. Por miles de años nacer mujer fue un impedimento para que éstas se realizaran personal y profesionalmente. Era como un defecto de nacimiento que venía acompañado de limitaciones, barreras y discriminaciones. Pero esa realidad ha cambiado, aunque la lucha por tomar el lugar que nos corresponde está, en muchos países, lejos de terminar. Me siento orgullosa de ser mujer, de ejercer este oficio y de llevar en mis venas sangre cubana y pinareña. Y me siento además muy bien representada por una mujer muy capaz, encargada de dirigir y llevar adelante nuestra provincia. Eso me da fuerzas para llegar aún más lejos de lo que me propongo y me da tranquilidad, pues sé que no pude escoger mejor lugar para traer al mundo a mis hijas, y éstas a mis nietas. Una sociedad donde las mujeres no somos un lastre, sino un tesoro invaluable que hay que cuidar”.

Sobre el Autor

Dayelín Machín Martínez

Dayelín Machín Martínez

Licenciada en Periodismo en la Universidad Hermanos Saíz Montes de Oca de Pinar del Río, Cuba

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