La invención de un proyecto
- Escrito por Elizabet Colombé Frías
Los niños de la comunidad efectúan juegos tradicionales y otras actividades relacionadas con el entorno donde viven. / Foto: Carlos Bauta
Rafael Rodríguez vive desde siempre en un pueblo pesquero de 468 personas. El poblado posee lo indispensable para vivir: un consultorio, una bodega, una farmacia y una escuela; el resto, sus habitantes, lo tendrán que buscar a unos cinco kilómetros, en Sandino, la capital del municipio. A simple vista parece haber más botes que gentes.
En su mayoría las viviendas de La Fe están a ambos lados de la carretera y el olor a salitre inunda todos los rincones del lugar y el sol requema, incluso a la sombra, todo lo que encuentra. Después de ahí, solo el mar, y a la izquierda la ruta sigue hacia el Cabo de San Antonio.
Allí, casi en el extremo occidental del archipiélago, Rafael, el peluquero y maquillista del telecentro municipal Sandinovisión, mantiene en su casa el proyecto sociocultural El sitio de mis plantas con los 35 alumnos de la escuela de la localidad.
¿Cuándo empezó todo?
Hace cinco o seis años- asegura con un tono jovial y como si recitara la oración.
¿Por qué?
Aquí los niños no tienen muchos entretenimientos. Además es una forma para alejarlos de conductas como el alcoholismo y el tabaquismo.
Y me di a la tarea de comenzar a trabajar con siete de mis vecinos y con el tiempo se sumaron más. Y bueno, conversé con la directora del centro docente, el director municipal de cultura, la promotora cultural.... Y aquí estoy.
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Según Odalys Suarez Prieto, directora de la escuela Calixto García, el programa educativo influye en los alumnos de una forma positiva.
“Poseen un entusiasmo tremendo en realizar las actividades porque son variadas desde pinta calles, volar papalotes, exposiciones, la plantación de árboles...Además está integrado dentro del resto de los proyectos socioproductivos de nuestra entidad”, destacó Suarez Prieto.
Cada fin de semana, reúne a niños de entre cinco y 12 años de edad. El lugar no resulta tan grande: un pequeño ranchón con techo de guano rodeado con disímiles especies de plantas ornamentales, una mesa grande, banquetas de madera y algunos adornos confeccionados por ellos mismos.
“Hacemos figuras, búcaros, muñequitos, flores de paja de maíz. Vamos todos los domingos. Casi todos venimos y la pasamos bien”, explica Manuel Alejandro Lamas Carmona de 12 años de edad.
Gumeisy Pérez Martínez de 11 años, prefiere los dibujos, las competencias de natación, sacos y fútbol. Además participó en una obra sobre una salida ilegal en su barrio. Y a Aransay Lanzagas Camejo de 8 años, le gusta recortar figuras y hacer muñequitos con barro.
Ella vive al lado, por eso casi siempre está rondando el lugar.
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Rafael divide los talleres por grupos. Están los que prefieren las artes plásticas y las manualidades. Después, cuando terminan los trabajos los regala a distintos lugares de la comunidad o del municipio.
Su propósito consiste en rescatar los juegos tradicionales y otras costumbres de la región. Hace poco realizó un festival de platos típicos confeccionados con mariscos y especies de pescado.
¿Y los recursos?
Ahora todo sale de mi bolsillo, los eventos recreativos más grandes sí me apoyan los padres de los muchachos y todas las autoridades del territorio como el secretario del núcleo del Partido en la zona, la coordinadora del Comité de Defensa de la Revolución (CDR), la delegada, el director de Cultura...
¿Qué resulta más difícil?
Oficializar el proyecto sociocultural con toda la metodología, no solo por el financiamiento, sino para que salga adelante. Y la fundamentación teórica es algo que lleva tiempo.
¿No está cansado?
A veces hacemos actividades a capela, sin nada. Esto lo realizamos con muy poco, cuando me ayuden con materiales haremos mucho más. Realmente no estoy cansado, aunque, pensándolo bien, en ocasiones sí estoy un poco agotado, pero siempre tengo ganas de seguir.
Escrito por Anelys Alberto Peña y Elizabeth Colombet Frías
Sobre el Autor
Elizabet Colombé Frías
Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río, Hermanos Saíz Montes de Oca.