Cuando el trabajo dignifica
- Escrito por Ana María Sabat González
José Joaquín Hernández Menéndez. / Foto: Carlos Bauta
Tal parece que el personaje de Francisca de Onelio Jorge Cardoso encontró su manifestación en dos trabajadores de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba en Pinar del Río (Etecsa), quienes hacen de su labor cotidiana su razón de ser y así logran que el resultado de su quehacer sea respetable y digno.
Uno de ellos, José Joaquín Hernández Menéndez, especialista del grupo de planta interior, recibió recientemente la orden Lázaro Peña de primer grado.
“Este es el resultado de muchos años de trabajo, no es la única condecoración que tengo, poseo la Jesús Menéndez y la Lázaro Peña de tercer y de segundo grado”, comentó.
“Yo nunca digo que no a nada, siempre estoy pendiente del trabajo, asimilo todas las tareas y las trato de hacer lo mejor posible, buscando la perfección, por esa parte soy muy exigente, no me gusta que me señalen nada”, dice.
José Joaquín atiende específicamente el área de supervisión de la Empresa, en la que se gestiona y fiscaliza toda la tecnología instalada en la provincia. Desde donde se ve la red de comunicaciones, se recibe la alarma de todos los problemas que surgen y se encamina la actividad de la operación. En este puesto lleva alrededor de 10 años. Anteriormente estuvo en el centro de transmisión, después como supervisor y luego como especialista.
Este hombre de 45 años hace 27 que labora en Etecsa, es graduado de Telecomunicaciones y Electrónica, egresó primero de técnico medio en sistemas Telefónicos en la escuela Osvaldo Herrera y después hizo la ingeniería.
Se destaca por la calidad en su desempeño, por la labor sindical, su participación en los foros de ciencia y técnica, y en su aval cuenta una lista de condecoraciones y reconocimientos, entre ellos la distinción Mario Muñoz Monroy y el sello Aniversario 70 de la CTC.
¿El colectivo, el trabajo y la familia qué son para usted?
“Mi colectivo, mejor no lo quiero. Todos nos ayudamos mucho y trabajamos por igual, y la verdad es que no tengo nada negativo sobre ellos.
“La labor nuestra es importante porque de ahí sale el tiempo de roturas que pueda tener una interrupción, de lo contrario este periodo se demora mucho más.
“Mi familia siempre me ha ayudado, han comprendido la responsabilidad que tengo y mi profesión me incita a seguir superándome, porque la tecnología cambia muy rápido y hay que estar preparado para asimilar esas transformaciones.
“El amor y el apego por el trabajo lo aprendí de los míos, desde mi abuela hasta mis padres enseñaron a todos sus hijos que lo primero es la responsabilidad, cumplir con las tareas y sacar el espacio para atender a la familia, pues es importante tenerlos cerca y que te apoyen”.
“EL CORRECAMINOS”
El otro hombre que hoy quiero presentarles es Alberto Sánchez Rodríguez, quien comenzó en Correos en el año 1991 como cartero, en Minas de Matahambre. Tiempo después andaba loma arriba, loma abajo como mecánico de equipos telegráficos y atendía Viñales y La Palma.
“Después comencé en Etecsa, ahí estuve trabajando cuatro o cinco años con esos equipos y luego vinieron las computadoras. Me dieron a escoger: o me iba para telefonía pública o seguía con las nuevas tecnologías. Entonces pasé varios cursos y me hice técnico medio en electrónica y empecé a ocuparme los ordenadores de la Empresa”.
Alberto fue jefe de taller hasta que decidieron unir la parte de software y hardware y pasó a especialista principal.
“Somos un equipo que atendemos la provincia completa, lo de nosotros es arreglarlos cuando tienen problemas con el disco duro, la motherboard, la parte de redes y demás”.
Hace poco lo distinguieron con la medalla Jesús Menéndez, que se le otorga a los trabajadores cuando sobresalen por ser vanguardias, condición que él ha obtenido por ocho años.
“Participo en todo, no tengo hora para trabajar, me da lo mismo si es sábado o domingo, si hay que volver a virar lo hacemos, no importa que sea 31 de diciembre u otro día festivo, porque la empresa funciona diariamente”.
Nos habló de algo que en su vida es fundamental. “Tengo cuatro niños, siempre saco tiempo para mi familia, son dos hembras y dos varones. Ellos son lo más importante para mí”.
En su historial cuentan sus horas extra, el aporte económico de su función y al programa materno y de lucha contra el cáncer, entre otros muchos aspectos positivos.
¿Es bueno que les reconozcan el trabajo?
“Estas distinciones reconocen lo que uno ha hecho, la trayectoria por la que hemos transitado, pues ha habido tiempos malos, como en el periodo especial que esto se puso duro. Por entonces yo atendía tres municipios a pie, sin carro, viajaba en transporte de la calle.
Andaba las Minas de Matahambre, Viñales y La Palma, por el pueblo y por el campo.
“Cuando aquello no había computa-doras, y si la policía, por ejemplo, no tenía equipos cablegráficos, no trabajaba. Andaba por ahí, me trasladaba en camiones, guaguas, por eso me decían el correcaminos”.
Alberto Sánchez Rodríguez. / Foto: Carlos Bauta
Sobre el Autor
Ana María Sabat González
Licenciada en Español y Literatura, periodista de Guerrillero. Ha sido profesora de la Universidad Hermanos Saíz Montes de Oca. Se dedica al periodismo desde el año 1996 y aborda en sus trabajos diferentes temáticas sociales y políticas.




