Alegría compartida
- Escrito por Yolanda Molina Pérez
Foto: Pedro Paredes Hernández
Tiene 77 años y una locuacidad que desdice cualquier signo de vejez, su voz, aunque suave, tiene energía y vitalidad. Mirtha Miriam Rodríguez Lezcano, nació en Colón, creció en La Habana y actualmente vive en Cárdenas, pero es ante todo cubana.
Y cuando vio en la televisión imágenes del parque José Martí en la ciudad Pinar del Río quedó fascinada, se dijo a sí misma que vendría a verlo y quiso el azar que mientras esperaba que cayera la noche para apreciar el encanto de las luminarias, se supiera que la provincia obtenía la sede nacional para celebrar el acto por el Aniversario 64 de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes. Estaba acompañada de uno de sus tres hijos, fuentes de orgullo para esta señora, que presume de ello con la vanidad de quien sabe que ha obrado bien al formar a su prole, el que estaba a su lado, aunque reside en Matanzas, está casado con una pinareña y por eso la alegría de los vueltabajeros no les es ajena. Y asegura que es un justo reconocimiento a lo que se está haciendo. A lo largo de su vida ha visitado muchos lugares de Cuba, recuerda que cuando tenía 16 años estuvo en nuestra ciudad por primera vez, de aquella vez no guarda recuerdos agradables, pero ahora el cambio la emociona y ratifica que la Cenicienta ya se hizo Princesa. Lamenta que ya las fuerzas no le acompañan para estar a la vanguardia como siempre estuvo en sus años de juventud, ahora son sus hijos los que están en la primera línea y afirma que el cubano que se siente como tal no se paraliza, ni se detiene, que siempre lucha por lo suyo. Se emociona al hablar de Fidel, asegura que sigue acompañándonos desde los corazones y con una gracia que trasluce picardía dice: “él fue grande, pero tenemos un Raúl, que se las trae”. La noche llega y las luces se prenden, es el momento que Mirtha y su hijo esperaban para marcharse, ya ha leído las frases grabadas en las luminarias, fue uno de los detalles que la encandiló del parque, me da un beso y con él las gracias, sin embargo, me siento en deuda con esta mujer. Ya comenzaban a concentrase pinareños en torno a la estatua de José Martí para celebrar la buena nueva, la premura del trabajo no me dejó contarle cuan amado me es ese Bayamo al que quiere visitar antes de irse de este mundo, que hacen falta más cubanos que se alegren con la prosperidad del otro, como ella se regocija con la nuestra, aunque le duela su Cárdenas.




