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Pinar en 26: el necesario recuerdo

Banderas de Cuba y 26 de Julio

Pinar del Río está de fiesta, se ganó el reconocimiento más preciado que aspira una provincia: la sede por el 26 de Julio, un punto de viraje en la historia de Cuba y que merece toda la atención, porque la historia es el sustento de los pueblos.

Esta es la tercera ocasión en que los vueltabajeros adquieren tal designación, preparar una ceremonia, que más allá de acto conmemorativo, es la obligada parada para ver lo que quedó atrás, dónde estamos y cómo se abren la sendas al futuro.

El jolgorio es necesario, es el premio a obreros y campesinos –la arcilla principal de esta obra-, a los combatientes y los intelectuales, artistas y maestros, científicos e innovadores, hombres y mujeres que lo dan todo a cambio de un salario, un reconocimiento, pero sin pretender la fama y la gloria... que llega cuando es merecida.

Pero lo más importante es la lealtad, la continuidad de las ideas, y eso impone en un momento así, el necesario recuerdo, mirar hacia el artífice de la obra, que no está físicamente, pero sigue ahí, porque antes de partir dejó todas las ordenes escritas.

“En el capitalismo, ninguna región del país fue más olvidada y ninguna población de Cuba fue objeto de mayor indiferencia, y hasta podríamos decir de desprecio, a pesar de que esta provincia durante la última guerra de independencia tuvo una participación fundamental y que estas tierras fueron escenario de muchos de los más brillantes hechos de armas del Ejército Libertador y de su glorioso lugarteniente, Antonio Maceo, y de que incontables hijos de esta provincia murieron en la lucha o perecieron en los campos de concentración o como víctimas de los crímenes del colonialismo”.

Con estas palabras se dirigió a los pinareños el 26 de julio de 1976, durante la celebración del acto central por el XXIII aniversario de las efemérides del Moncada.

Desde aquel momento transcurrieron 41 años, pero no olvidamos el intermedio, en plena batalla de ideas por el regreso de Elián, cuando en la segunda vez, año 2000, Pinar obtuvo la sede; en la conmemoración del aniversario 47 del asalto al Moncada razonaba con el pueblo:

“El vecino imperio vive tiempos electorales. Ya se sabe quiénes son los candidatos a la presidencia del gobierno de Estados Unidos, nuestro porfiado, prepotente y soberbio adversario. En la dura y prolongada lucha por la devolución del niño secuestrado, pudimos conocer a todos los aspirantes a ese codiciado cargo. No hubo uno solo que por elemental decencia y sentido de la justicia apoyase los derechos del niño y su padre. Buscando desesperadamente los magros votos de la mafia anexionista cubano-americana, y en especial sus abundantes fondos, apoyaban a los secuestradores o exhortaban cínicamente a la deserción del padre, un humilde, honesto e insobornable trabajador cubano”.

Fueron sabias palabras sobre el sistema electoral norteamericano, que hoy volvemos a padecer, por el fruto que dio al mundo: un individuo carente de inteligencia, sensibilidad, humanismo y conocimientos políticos elementales, que retrae a su país a la época de la barbarie.

Y esa vigencia de Fidel es extraordinaria, fijémonos como en ese mismo año 2000 valoraba a algunos políticos sobresalientes, pero a la hora de decidir, comprendía que ellos, regularmente, se quedan con lo peor.

“En ese país, donde en determinadas circunstancias históricas hubo candidatos con las profundas convicciones de Lincoln, la sabiduría de un estadista como Roosevelt en tiempos realmente difíciles para su país y el mundo, o la ética nacida de sinceras convicciones religiosas de un hombre como Carter —digno tal vez de mejor suerte frente a la galopante inflación derivada de la guerra aventurera de Vietnam y la crisis energética—, surgieron personalidades que despertaron gran interés dentro y fuera de Estados Unidos. Pero nunca tal vez, en tiempos tan complejos y caóticos como los que vive hoy la humanidad, se enfrentaron dos candidatos tan aburridos e insípidos, carentes de aval histórico y de criterios y principios sólidos, como los que hoy compiten por el mando de la superpotencia hegemónica en un mundo unipolar y globalizado. No poseen siquiera la inquietud sincera por determinados problemas sociales, la sagacidad intelectual y la cultura personal de Clinton, pese a las vacilaciones y errores de éste”.

Como observamos, los dos últimos candidatos fueron émulos de los de hace 17 años, y como sus observaciones se ajustan para las dos épocas. No obstante, el daño está hecho, quizás haya que esperar cuatro años más, porque siempre existen esperanzas.

Y por eso retomamos sus palabras: “La Revolución Cubana no sólo confía en la integridad moral y la cultura patriótica y revolucionaria de su pueblo y en el instinto de conservación de la especie humana, amenazada en su propia supervivencia; cree y confía también en el idealismo tradicional del pueblo norteamericano, al que sólo pueden conducir a guerras injustas y agresiones bochornosas sobre la base de groseros engaños. Cuando la demagogia y la mentira hayan sido derrotadas, el mundo tendrá en los propios ciudadanos de Estados Unidos excelentes aliados...”

De todas formas Pinar del Río está de pláceme, una mala decisión del adversario no aguará la fiesta, esta vez el regalo para el cumpleaños de la Ciudad es especial, será la mirada de Cuba entera y parte del mundo, porque los actos por el 26 de Julio son imponentes, pero los vueltabajeros con sus metas cumplidas y su capital rejuvenecida, será digna anfitriona, revolucionaria y solidaria.

Sobre el Autor

Ramón Brizuela Roque

Ramón Brizuela Roque

Licenciado en Periodismo Universidad de La Habana 1977. Premio Provincial por la Obra de la vida, 2013.Fue redactor reportero en Juventud Rebelde y Trabajadores; colaborador asiduo en Radio Guamá y TelePinar.

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