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El regreso de la minería… y los mineros

La gigantesca industria asimilará cada año un millón de toneladas de mineral, y entregará 150 000 de concentrados de plomo y de zinc. Foto: Ronald Suárez Rivas

La gigantesca industria asimilará cada año un millón de toneladas de mineral, y entregará 150 000 de concentrados de plomo y de zinc. / Foto: Ronald Suárez Rivas

Camuflado por miles de toneladas de material estéril, el mineral todavía no se ve, pero los especialistas no tienen la menor duda de que debajo de esa gruesa capa negruzca que los equipos remueven día y noche, se encuentra el yacimiento.

Solo es cuestión de tiempo que quede al descubierto. El mismo tiempo, más o menos, que llevará acabar de poner a punto la industria.

Al cabo de casi dos años de trabajo, el proyecto polimetálico Castellanos, una de las mayores inversiones que se acometen actualmente en el país, a un costo de 278 millones de dólares, ya está a punto de comenzar a producir.

Según el cronograma, queda apenas un poco más de un mes para dar inicio a la fase de puesta en marcha, que se extenderá hasta septiembre.

Después, a un ritmo de un millón de toneladas anuales, una moderna planta empezará a devorar el yacimiento, con el propósito de obtener concentrados de plomo y de zinc.

DE REGRESO A LA TIERRA

Entidades estatales subordinadas al Ministerio de Energía y Minas, al de la Construcción y al Instituto de Recursos Hidráulicos y cinco cooperativas no agropecuarias han participado en el proyecto junto a las fuerzas de la Empresa Mixta Minera del Caribe (Emincar), a cargo de la inversión.

Eusebio Hernández, especialista de Emincar, asegura que los trabajos se han realizado en tiempo récord, sobre lo que a mediados del 2015 era apenas un monte cercano al mar y al poblado de Santa Lucía.

A sus espaldas, un ejército de más de 1 300 hombres se enfrasca en el montaje de la gigantesca planta de proceso, en la preparación del yacimiento y en la construcción de la presa de cola, adonde irán a parar los residuos de la industria.

Entre ellos, algunos como Israel Martínez y Pedro López, pinareños con toda una vida dedicada a la minería, que en los últimos 15 años tuvieron que buscar fortuna en otra parte.

Ambos habían laborado en Minas de Matahambre, en una planta para la obtención de concentrados de cobre, y tras el cierre de la misma en los años 90’, pasaron a una planta de oro en el municipio de Mantua.

Luego, con el cese completo de la minería en el norte de Vueltabajo, como muchos en la zona, se vieron obligados a salir de la provincia para poder seguir ejerciendo su oficio. «Aquí casi toda la fuerza laboral andaba regada por ahí», recuerda Israel.

Él y Pedro, por ejemplo, recorrieron varias provincias como parte de una brigada de montaje. «Trabajamos en las fábricas de cemento de Artemisa y de Cienfuegos, en una planta de oro en Las Tunas, en las salinas de Caimanera».

Todo ese tiempo, sin embargo, soñaron con un proyecto como este, que les diera la posibilidad de regresar.

«Una industria así trae desarrollo, y aquí hacía tremenda falta. Este fue siempre un municipio minero y había decaído mucho con el cierre de todas las plantas», señala Pedro.

DESTINO: LA EXPORTACIÓN

Pero además del territorio, el proyecto tendrá un impacto positivo para la economía del país. «El destino de la producción es la exportación», explica Eusebio y asegura que el mercado para las 50 000 toneladas de concentrado de plomo, y las 100 000 de concentrado de zinc que saldrán en barco cada año a través del puerto de Santa Lucía, hacia la terminal de contenedores de El Mariel, está seguro.

«La parte extranjera de Emincar, que es una comercializadora de estos productos a nivel mundial, lo comprará todo», dice.

Según el especialista, en la actualidad, el precio de la tonelada de plomo en el mercado internacional oscila alrededor de los 1 200 dólares, y el de la de zinc en unos 1 600, aunque son cifras que se mueven.

En total, la vida útil del yacimiento Castellanos se calcula en 11 años, pero esta sería solo una primera etapa.

«Contiguo a Castellanos (a 1,5 kilómetros) hemos identificado el yacimiento Santa Lucía, con reservas algo superiores según los estimados», asegura José Antonio Vila, gerente general de Emincar.

«Eso nos permitirá alargar la vida útil del proyecto a más de 20 años», añade.

SIN AFECTAR EL MEDIOAMBIENTE

Aunque en ambos casos el objetivo será la producción de concentrados de plomo y zinc, Eusebio señala que los residuos que van a la presa de cola contienen ciertas cantidades de otros minerales como el oro, por lo que se estudia la posibilidad de aprovecharlos.

«Estamos investigando a ver si es factible una inversión para extraerlo», dice.
No obstante, advierte que, se usen o no, los desechos de la industria no comprometerán el medioambiente.

Para asegurarse de ello, explica que hay un proceso de monitoreo a fin de velar porque no suceda nada que pueda dañar la naturaleza.

Incluso, en la presa de cola, donde se verterán los residuos, se ha colocado una gran manta de polietileno de alta densidad para impedir que haya fugas al subsuelo.

Oriundo de Vueltabajo, Eusebio también es de los hombres que salieron de la provincia tras el cierre de la minería y ahora vuelve a aportar su experiencia, en una actividad que históricamente distinguió a esta región y que resurge para quedarse por mucho tiempo.

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Ronald Suárez Rivas

Ronald Suárez Rivas

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