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Herederos que devuelven la historia a su pueblo

Herederos que devuelven la historia a su pueblo

La historia se niega a ser olvidada, no le gusta que la guarden como viejo libro de páginas amarillas. Ella, que se esfuerza por renacer, busca que la devuelvan a los que la conocen como latido propio que es de sus vidas.

A los que se muestran indiferentes, desconocedores, incrédulos, novatos, regalársela desde el principio mismo es la opción, sin excluir ni un solo matiz de bondad, contando desde las grietas hasta la luz, solo así amarán de raíz su propio pasado, ese que solo se restituye a ellos, transformado en leyenda. Acercarme a los cuentos que me allanaron el camino fue el objetivo de aquella mujer de temperamento fuerte, decidida, con carácter serio, cualidades que heredó seguro de su padre, un hombre que, desde su propia postura y con sus manos, se hizo protagonista para todos los tiempos. DEL PROYECTO AL ÚLTIMO MALAGÓN

Iraida Camacho Mayor es hija del ya fallecido Cruz Camacho Ríos, uno de los 12 integrantes de la primera Milicia Campesina de Cuba, conocida como Los Malagones; ella no es historiadora, ni maestra de la materia, trabaja como laboratorista, pero sí lleva en el pecho el compromiso y la convicción de no dejar vencer al olvido sobre la verdad del pueblo pinareño. Iraida, junto a su hijo Rainaldo García Camacho y la periodista Blanchie Sartorio, gestaron el proyecto político “Las nuevas generaciones y Los Malagones”, con el objetivo de mantener en alto, las vivencias de aquellos 12 hombres considerados como la génesis de las Milicias Nacionales Revolucionarias, la patrulla de campesinos que desarticuló la banda contrarrevolucionaria del ex cabo Luis Lara Crespo. Con apenas dos años de creado, y a pesar de las trabas para su materialización, el proyecto ha conseguido hasta el momento, una proyección en más de diez centros, a los cuales llevaron documentales, artistas, y sobre todo, a los verdaderos actores de las gestas históricas. Entre los sitios visitados se encuentra el Hospital Pediátrico Pepe Portilla (centro de trabajo de Iraida), el Hospital León Cuervo Rubio, la Delegación del MININT, Villa Guamá, la Escuela Militar Camilo Cienfuegos, así como las prisiones de mujeres y hombres, entre otros. Mi oportunidad de tocar el hombro de quien fuera el más joven de aquellos campesinos; del grupo, el único alfabetizado en el año 1959 y hoy, el últimos de Los Malagones entre nosotros, me la regaló Iraida al invitarme a su más reciente actividad, realizada para conmemorar la firma de la Ley de Reforma Agraria y día del campesino, el pasado 17 de mayo en el Centro Penitenciario de Trabajo y Estudio, ubicado en el km cuatro de la carretera a San Juan y Martínez. A Juan Quintín Paz Camacho aún le gusta hacer gala de su uniforme de miliciano, ya no es aquel joven que desafiaba a los bandidos, pero sí conserva intacta cada una de sus cualidades. Me mostró su brazo fuerte y al preguntarle cuántos años ha vivido, me dijo: “si salgo, el 31 de octubre lo hago con 80”, y reía, como si en vez de ocho décadas hubiera sido la mitad. Me contó de su tarea junto al resto de los campesinos y no perdió oportunidad para demostrarme durante la conversación, su estilo jocoso. Allí sonrió junto a los más jóvenes, dialogó con las muchachas bonitas, a los chicos los retó en fortaleza y en intentar chiflar con la lengua afuera y más aún, mover las orejas y la gorra en la cabeza. “Él siempre es así”, me dice Reinaldo. Y pienso que Juan Paz Camacho optó por ser de esa manera, siempre risueño, para burlar a los años, porque sabe que su nombre está allí, en una de las lápidas, pues me dice cabizbajo, entre lo jovial y la seriedad que le cuesta mirarla y saber que un día irá a ese lugar, junto a sus compañeros, pero que mientras, le queda mucho por hacer de la mano de Iraida, pues ve en su iniciativa, la coyuntura perfecta para que los jóvenes vivan, con más certeza aún, la historia Patria. OTROS INVITADOS, FORJADORES DEL PASADO

A la cita prevista en el Centro de Trabajo y Estudio también acudió Francisco Lemus Cueva, o Franco, como le dicen quienes recuerdan sus hazañas, quizás muchos de los que habíamos allí le saludamos sin saber la magnitud del hombre que teníamos en frente, en tanto él, como Paz Camacho, actuaron por Pinar del Río y sobre todo por Cuba. Franco cumplió con creces la misión de mantener la lucha guerrillera en la provincia, a fin de obligar a la tiranía batistiana a disponer de medios y hombres para tratar de eliminarlo y disminuir así la presión sobre las fuerzas rebeldes en la zona oriental del país. Perteneció a la columna número uno del II Frente Guerrillero el cual operó principalmente en la Cordillera de Guaniguanico, para ser más exacta en el municipio de La Palma. De su propia voz conocimos que las principales acciones combativas realizadas por el Frente fueron el ataque al cuartel de San Andrés; el encuentro de Seboruco, el ataque al Cuartel de Las Pozas, un combate con la fuerza del ejército cerca de Pica-Pica, la toma de Soroa, y de Sumidero, la emboscada a los carros patrulleros, lo que generó uno de los hechos más sangrientos cometidos por la tiranía de Batista en el territorio y que se conoció como la Masacre de Cabañas. Fue cómplice además de la jornada la compañera Ildelina Fernández Ardines, quien sirvió a la clandestinidad para entregar su voto a la Revolución. Hoy, con 77 años, recuerda con júbilo la época en la que no dudó en dar el paso al frente y consagrase a la obra de Fidel Castro. Entregó también a los presentes su experiencia y le habló sobre todo a los más jóvenes, en tanto confesó que su diálogo preferido es con los pinos nuevos y a ellos los exhortó a la unidad, “pues la libertad no es negociable, mantengámonos juntos, salvemos la historia”. Y para eso, con la intención de salvaguardarla trabaja Iraida, en tanto no imagina a un solo pequeño de su tierra que crezca sin la información certera sobre su padre, ni de ninguno del resto de los campesinos humildes, en quienes el Comandante en Jefe les confió la tarea de trazar una página heroica al decirles “si ustedes triunfan, habrá milicias en Cuba”, y así fue, en apenas 18 días cumplieron la misión y sirvieron de antecedente para que el 26 de octubre de 1959, se creara en Cuba el movimiento de masas armado más grande referente a la América. Hoy las memorias están allí en el monumento a Los Malagones, en el centro de la comunidad El Moncada en Viñales, a disposición de quien quiera rendirle tributo y desde allí parten las proezas a cargo de sus herederos para ser multiplicadas en cada encuentro del proyecto, con el fin de, una vez más, recordar a los nuestros. Herederos que devuelven la historia a su pueblo Herederos que devuelven la historia a su pueblo Herederos que devuelven la historia a su pueblo Herederos que devuelven la historia a su pueblo

Sobre el Autor

Heidy Pérez Barrera

Heidy Pérez Barrera

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río, Hermanos Saíz Montes de Oca.

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