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Argelio y sus injertos

Injertos de tomate

Foto: Jaliosky Ajete

Argelio Valdés González es un hombre de muy buena “labia”, como dirían algunos en el argot popular. A sus 68 años habla con mucha soltura y sabiduría, y es como si la razón le asistiera siempre, y fuera una simple muestra de la experiencia de vida.

Conversamos con él en el hogar de ancianos de Pinar del Río, ubicado en el kilómetro cuatro de la carretera a Viñales, un lugar que Argelio ha sabido hacer suyo en poco tiempo,- de él y de su esposa-, porque ambos desde el mes de octubre del 2016 pasan los días en este recinto, ya en la tarde marchan a casa, ubicada en las cercanías de esa institución. Llegamos a Argelio motivados por una curiosidad: en el patio de su casa el anciano logró un injerto de tomates en una mata de pendejera. ¿El resultado? Una planta llenita de esos vegetales, y así los lectores lo pueden apreciar en la foto que hizo Jaliosky, nuestro fotógrafo. ¿Cómo se le ocurrió la idea?

“No es mía. Cuando yo era niño, en el campo, había un vecino que sabía injertar muy bien, y le prometió a mi mamá que le iba a hacer un regalo, y un día se apareció con una gran cantidad de yemas de tomates y se fue al patio e injertó una enorme mata que había de pendejera. Yo era chico, pero lo vi hacerlo. Recuerdo que aquello dio resultado. Mi madre salía con un jarro de cinco libras y venía con él lleno de tomates, y no recuerdo si la mata producía todo el año, pero sí sé que daba mucho y era la única a la que las gallinas no se podían comer. “Entonces a mí ahora se me ocurrió, porque me salió una mata en el patio y me acordé y me dije voy a injertar el tomate, pero no sabía hacerlo, y tuve que buscar un profesional que viniera a concebir los primeros injertos, no se lo dije a él, ni por nada en el mundo, pero no le perdí nada de vista. Todo lo que él hizo yo lo traté de grabar en la mente. “La segunda vez injerté yo. Traté de acercarme lo mejor posible a su procedimiento y efectivamente de cuatro o cinco que hice, se me dio la mayoría, y después seguí y me atrevo a injertar cualquier cosa porque ya sé. Ahora experimenté con frijol negro en una mata de frijol gandul. Hay que esperar”, ríe esperanzado Argelio, con la sonrisa del que crea algo y aguarda por los resultados, pero con calma. “A mí me encantan las plantas y los animales, yo soy del campo y ese mundo lo amo. Nací en el municipio Remedio en Villa Clara. La mata de ahora ha dado bastante tomate, y lo hemos repartido por el barrio, porque todo el mundo llega y mira, pero, con una plaga que le ha caído ya sé que no va a ser lo mismo, voy a tener que injertar de nuevo y esperar. Mi tiempo libre es para los injertos y las gallinas”. Un guajirito licenciado

“Mi niñez fue campesina, mi familia fue de buen vivir, mi papá tenía una finquita y un camión y escapábamos; pero mis vecinos y amiguitos de la escuela, era terrible la vida que llevaban esa gente. Yo le explico a los jóvenes de hoy que esta Revolución no la hicieron dos tres personas porque quisieron, sino que fue el pueblo. Quien vivió en la ciudad tal vez no sepa de lo que hablo, pero en los campos, el guajiro no podía aspirar a otra cosa que no fuera a un bohío de guano, las paredes de tabla, un piso de tierra y un pozo de agua que no estuviera muy sucia. “Yo pude estudiar, me hice licenciado en Cultura Física, y me gusta mucho mi carrera, aunque tuve que abandonarla, ya en la Isla de la Juventud, lugar donde viví casi 30 años. Aquel guajirito se convirtió en licenciado, gracias a la Revolución, pero nunca olvidé mis raíces, y sé que la vida en el campo fue y es difícil”. -Sin embargo un poco que dejó la casa, el patio, sus plantas y animales y fueron al hogar de ancianos... “Estábamos solitos en casa (la esposa y él), la situación económica no era buena, los dos estábamos jubilados y desde que abríamos los ojos en la mañana pensábamos qué íbamos a cocinar. “No tengo aceite”, “No tengo lo otro”. Un día se me ocurrió a mí, porque yo trabajé aquí anteriormente hace años de jefe de seguridad y entonces conozco la vida del hogar. “Le dije a mi esposa de venir para acá, fuimos a la trabajadora social del policlínico del Hermanos Cruz, ella vino a la casa y vio la situación en la que vivíamos, y bueno, nos aceptaron aquí, donde hemos resuelto muchas cosas. Lo fundamental la alimentación que es algo muy importante. Es sistemática y seguida entre desayuno, meriendas, almuerzo y comida. “Tampoco podemos obviar la atención médica, yo tuve un accidente, muy grande por cierto, tengo un hombro todavía mal y a mí me tratan diariamente en fisioterapia desde hace meses. ¿Cómo sería si yo tuviera que hacer eso en mi casa? Tendría que caminar muy lejos, y no sería lo mismo, porque las relaciones que tenemos aquí con el personal son buenas y llegan a ser como la familia de uno. “Tenemos atención de estomatología, podología, es una cantidad de cuidados que son increíbles, yo no sé por qué los ancianos temen venir para el hogar, quizás sea porque no lo conocen y temen. Todavía están con una mentalidad que tienen que cambiar. “Hasta ahora hemos participado de muchos viajes, nos llevan a pasear, una, dos, tres y hasta cuatro veces al mes. Nos montan en una guagua y mi esposa y yo conocemos Pinar del Río gracias a eso. Hemos ido a la Güira, a San Diego de los Baños, a Boca de Galafre, al Copey, a muchísimos lugares... Llevan hasta la alimentación, y la pasamos de maravilla. “Nosotros entramos aquí por una convocatoria de que había 60 capacidades para seminternos, y entramos ocho o nueve, fíjese cuanto espacio hay todavía para ancianos que están solos o con una situación higiénica difícil; sin embargo aquí lo tienen todo, lo que he dicho y más”. Argelio es mucho Argelio

Nos dice que allí pasan el día en diferentes actividades como juegos y hasta en la lectura de un libro. “Por cierto que hice gestiones en la biblioteca de Pinar del Río para hacer una minibiblioteca aquí, me dijeron que sí que iban a venir, pero no lo han hecho. Yo hablé con las trabajadoras sociales de aquí y me contestaron que en su departamento habría un espacio para poner unos cuantos libros, porque de lo contrario nos cuesta mucho esfuerzo ir hasta la ciudad y sacar un texto para leerlo en 15 días y después devolverlo”. De Las Villas a Pinar

“Mi hijastro varón se casó con una pinareña, y vino a vivir y cuando lo visitábamos nos encantaba Pinar del Río, y quisimos acercarnos a él y unir a los dos hermanos, para cuando faltemos ellos quedaran más juntos”. Argelio es un hombre activo y que se preocupa por cada problemática social que les atañe, incluso nos comenta sobre la situación de la carretera a Viñales, donde está enclavado el Hogar. “Cuando yo llegué a trabajar aquí, siendo jefe de protección y seguridad no habían señales de tránsito que indicaran que aquí estaba un hogar de ancianitos y dando tumbos sin saber donde era fui y resolví que pusieran las señales que hay hoy, que incluso pienso que están mal puestas. “También nosotros estamos pidiendo que se ponga un paso peatonal con prioridad, como los hay en otros lugares de Pinar del Río. Eso protege la vida del peatón, así los chóferes saben que tienen que parar, porque un día van a matar a un anciano ya que la mayoría fuman y toman café y hay veces que van al frente a la cafetería. La acera rota a la orilla de la carretera, la noticia de un periódico que anuncia un posible aumento en el futuro de lo que tienen que pagar por su estancia en el hogar de ancianos y muchas otras inquietudes rondan los pensamientos de Argelio, siempre emprendedor y entusiasta. Conocerlo fue bueno, es reconfortante ver cómo se puede llegar a la tercera edad con expectativas, y con el cerebro puesto en cosas útiles. Nada escapa a la buena voluntad de este hombre, que disfruta lo mismo la lectura de un buen libro, que el trabajo manual; por eso confiesa optimista, ya casi al final de nuestra conversación: “Nunca voy a dejar mis injertos y mis animales”. Escrito por Daima Cardoso Valdés y Ana María Sabat González

Injertos de tomateFoto: Jaliosky Ajete Injertos de tomateLos injertos de Argelio lo han hecho famoso. / Foto Jaliosky Ajete Injertos de tomateFoto: Jaliosky Ajete Injertos de tomateFoto: Jaliosky Ajete Injertos de tomateFoto: Jaliosky Ajete Injertos de tomateFoto: Jaliosky Ajete

Sobre el Autor

Daima Cardoso Valdés

Daima Cardoso Valdés

Licenciada en Derecho en la Universidad de Pinar del Río, Cuba

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