Medio siglo repartiendo saber
- Escrito por Ramón Brizuela Roque
Verónica Marina Nieto
Cincuenta años es bastante tiempo... y si es trabajando, parece más. Eso es lo que ha hecho la licenciada Verónica Marina Nieto González: repartir su saber en la docencia médica de enfermería.
La vocación le llegó de su madrina, enfermera en el hospital materno 10 de Octubre, de La Habana, que antes era una clínica mutualista. Aunque Verónica vivía en Isabel Rubio, Guane, con 15 años partió en 1964 a estudiar en la Escuela de Enfermería anexa al hospital nacional Enrique Cabrera.
En 1967, en Banao, Sancti Spíritus, tuvo su graduación presidida por el comandante José Ramón Machado Ventura, entonces ministro de Salud. Fue una movilización desbordante de júbilo por 15 días, era el primer grupo de enfermeras y hasta Fidel las visitó, incluso, en el espectáculo cultural actuó Bola de Nieve, el extraordinario pianista criollo.
Con un título bajo el brazo, el corazón henchido por el éxito y miles de sueños por realizar llegó hasta Guane, donde contrario a sus deseos fue ubicada como jefa en su especialidad en la Región Sandino– Guane–Mantua, hasta que un año después pasara para el hospital provincial León Cuervo Rubio en labor asistencial vinculada a la docencia.
En ese año comenzó a formar su primer grupo de auxiliares en Enfermería, que desde 1961 se hacía en la provincia, pero para ella era el estreno en la docencia. Siempre le gustó trabajar en la asistencia, pero la formación exigía a personal capacitado para el desarrollo que se avecinaba.
En el “León Cuervo Rubio” simultaneó las dos actividades, y para entonces, ya en Pinar del Río crecía la pequeña escuelita Marina Azcuy, a la que pasó en prestación de servicios, hasta que en 1972 se crea la Unidad Docente en lo que hoy es el Hospital Psiquiátrico.
Un paso importante fue la incorporación al instituto politécnico Simón Bolívar, en el que ha sido profesora, jefa de cátedra y de especialidad, subdirectora de Educación permanente y otras funciones.
Verónica Marina Nieto
CON ANGOLA EN LA MEMORIA
En su largo quehacer tiene muchos recuerdos, unos gratos y otros dramáticos. Cumplió dos misiones, una en Angola de 1978 a 1980, en plena etapa de la guerra, en Lubango, provincia de Huila, adonde fue con la encomienda de crear la primera escuela de auxiliares y de técnicos de enfermería.
“En ese tiempo mi esposo, Sixto Ramón García Rivero, que era militar, también estaba allá –nos cuenta–, y eso hacía la estancia llevadera.
“Aparte de la docencia, tuvimos una gran participación atendiendo a los refugiados de Namibia que llegaban, y todos los domingos hacíamos planes asistenciales con ellos. Nosotros contribuimos a la preparación de los primeros niños angolanos y namibios que vinieron a estudiar a Cuba, en la Isla de la Juventud, los vacunamos y les realizamos los chequeos necesarios.
“La otra misión fue en Honduras, del 2007 al 2009, en Tegucigalpa, en el centro de formación de recursos humanos, al que fui como profesora. Sin embargo, me acuerdo más de la misión de Angola, aunque hace más tiempo.
“Nos encontrábamos en el Sur, y siempre estuvo candente: tenía frontera con Cunene y hasta hubo que evacuar la brigada médica.
Aún recuerdo el bombardeo de Huila, ahí acabaron los sudafricanos. Fue una época bien difícil desde el punto de vista de la guerra; también sufrí cuando volaron La Leva un domingo por la mañana, una obra maestra de la ingeniería vial, con 18 o 20 kilómetros por las montañas que comunica a Lubango con Moçámedes.
SU OTRA MITAD
Su esposo es como su otra mitad, durante la conversación desandando la historia él nos explica: “Hubo momentos en que los civiles –médicos, enfermeras y maestros– eran nuestra reserva de las FAR; empezaron a ayudar en la reconstrucción del aeropuerto de Lubango, eso sin abandonar sus obligaciones para las que fueron”.
Verónica retoma la palabra: “Yo aprendí lo que era un hangar en esa época, porque cuando bombardearon la ciudad, la zona industrial y el aeropuerto, aquello fue muy triste. Dijeron que llevarían aviones, pero primero había que garantizarles protección y en una semana se hicieron. Trabajábamos los turnos de 7-3, 3-11 y 11-7 ininterrumpidamente para recibir a los Migs.
“Admiro a aquella gente de la SWAPO (siglas en inglés de la Organización Popular de África del Sudoeste), eran un ejemplo de organización, disciplina y respeto. Fue una misión de mucho trabajo y peligro, pero realmente bonita”.
La vida en el hogar, según nuestra discreta apreciación, es apacible, como corresponde a dos profesionales; cumple sistemáticamente sus obligaciones como profesora asistente y responde afirmativamente ante cada tarea y los dos son fervientes conversadores que rememoran el pasado como si fuera ayer, las dos condecoraciones por su misión angolana; la añoranza por Evelin, la querida hija, doctora en Ciencias y residente en España.
Verónica Marina fue fundadora de la Sociedad Cubana de Enfermería en Pinar del Río, de la cual fungió como tesorera durante mucho tiempo y miembro del ejecutivo nacional por ocho años.
Pero tiene más recuerdos, como los de alfabetizadora popular en su pueblo natal cuando estudiaba en la secundaria básica, y aún late la emoción porque llevó de la mano por los caminos del alfabeto a Estela Valdés, a Georgina Lamas y a una tercera cuyo nombre olvidó.
Y casi en la despedida, de modo anecdótico, contó que la Sociedad Cubana de Enfermería –integrante del Concilio Internacional– hermanó a la provincia pinareña con una de España, y conoció a su presidenta, llamada Paloma Rocasolano, la cual visitó Vueltabajo con Jovita Páez Armenteros (fallecida), entonces presidenta nacional... y resultó que Paloma es la madre de Letizia, la actual reina española.
Son muchas las historias, el espacio nos limita, pero no podíamos perder la oportunidad de honrar hoy a las enfermeras y enfermeros pinareños, que tan alto han colocado el humanismo de la profesión en todas las latitudes terrestres.
Veronica en plena guerra en Angola, a la derecha
Veronica situada a la derecha
Sobre el Autor
Ramón Brizuela Roque
Licenciado en Periodismo Universidad de La Habana 1977. Premio Provincial por la Obra de la vida, 2013.Fue redactor reportero en Juventud Rebelde y Trabajadores; colaborador asiduo en Radio Guamá y TelePinar.




