Actualizado 25 / 09 / 2018

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Historias de Amor, Voluntad y Coraje

Un nuevo enemigo se cierne sobre África, no son los colonialistas europeos cazando potenciales esclavos, tampoco la omnipresente hambruna, ni las transnacionales buscando oro, diamantes, petróleo y uranio: ahora es el Ébola, una devastadora fiebre hemorrágica vírica.

El próximo miércoles el científico cubano Carlos Juan Finlay cumpliría 181 años, un extraordinario académico y médico asistencial que descubrió en las charcas insalubres de La Habana colonial al mosquito Aedes aegypti, como trasmisor de la fiebre amarilla y aunque pasaron muchos años y las autoridades sanitarias norteamericanos trataron de escamotearle el hallazgo, por fin en 1900 su teoría fue aceptada por la comunidad científica internacional.

Esa es la razón de que cada tres de diciembre, fecha de su nacimiento, se tomé para honrar a los trabajadores de la salud cubanos en el Día de la Medicina Latinoamericana.

Pero la tradición no se perdió, la constancia, espíritu investigador, permanente humanismo y valor para enfrentar los retos se mantienen intactos, presentes en todos los trabajadores del sector en Pinar del Río y particularmente en los 3 450 que actualmente colaboran en 47 países.

Y es significativa la presencia femenina, porque del total 2 073 son mujeres, para el 60,1 por ciento, mientras que los restantes 1 377 son hombres. Por razones muy conocidas la mayoría está en Venezuela, seguida de Brasil y con una notable presencia en Angola.

Pero no solo en esos lugares, sino que los pinareños llevan la bandera internacionalista por alejados rincones como Qatar, Timor, Laos y Arabia Saudita.

Al llamado de la Organización Mundial de la Salud, a través de la ONU, Cuba dio una viril respuesta para enviar médicos, enfermeros y otro personal de apoyo a la lucha contra el Ébola, un verdadero flagelo para los pueblos africanos.

En estos momentos la Dirección Provincial de Salud tiene a 36 trabajadores –enfermeros y médicos - en Sierra Leona; seis en Liberia y tres en Guinea Conakry, que parecerían pocos, pero eran los necesarios en este momento, sin olvidar que más de mil expresaron su disposición.

Esta es una misión muy riesgosa, lo sabían al tomar la decisión, pero lógicamente les sobra valor porque son herederos de médicos como el doctor Tomás Romay Chacón, médico introductor de la vacunación en Cuba y quien inoculó a sus cinco hijos y a 31 personas más el virus de la viruela para encontrar la forma de dominar la epidemia y proteger a su país.

Ahora los cubanos fueron a África para seguir saldando su deuda histórica, incluso exponiendo su integridad física y muestra de ello es el doctor Félix Báez, ya contagiado y en vías de sanación, pero que ha impregnado al resto de mayor valor agregado de solidaridad y humanismo.

Esta es la muestra indiscutible de que quien esté con Cuba, lo estará para todos los tiempos. Con este trabajo periodístico, Guerrillero muestra la arista revolucionaria, humana y solidaria de tres esposas de nuestros colaboradores (ellas son personal médico del hospital Abel Santamaría), quienes ante todo riesgo decidieron dar el paso al frente y prestar sus servicios en la lucha contra el Ébola.

"HE LLORADO MUCHO, PERO LA DECISIÓN DEL SÍ ERA IMPRESCINDIBLE"

Keyla Pérez HernándezKeyla Pérez Hernández

"Yo estaba estudiando para un examen y llegué a la casa sobre las 11 de la noche. Cuando abrí la puerta, Ediel no me dejó ni articular palabra alguna. Simplemente me dijo que lo habían llamado para ver si estaba dispuesto a ir a África Occidental y él había dicho que sí".

Keyla explicó que al principio se opuso un poco, pues hacía pocos días que su esposo había recibido en La Habana el curso de fiebres tropicales, y ya sabía a qué se iba a enfrentar.

Su reacción de esposa, y madre de un niño de solo tres años de edad fue totalmente comprensible. Pues, en caso de que Ediel se infectara, no tendría familia a la cual acudir.

"Es una enfermedad extremadamente peligrosa con una altísima tasa de mortalidad. En un primer momento no estuve de acuerdo, por miedo a quedarme sola con mi niño. Yo no tengo familia en Pinar del Río, pues soy de Sancti Spíritus".

No obstante los posibles obstáculos, ambos esposos dieron el sí al llamado de Cuba, convirtiéndose así en una de las primeras familias que dieran el paso al frente ante tan noble misión.

Cuenta la imagenóloga que desde la partida de Ediel a Sierra Leona conciliar el sueño le ha sido imposible, y que balancear su responsabilidad en el hospital frente a la preocupación constante por su pareja es realmente duro.

"No dejo de pensar en qué le puede suceder, tanto a él como a sus compañeros. Cualquiera de ellos que se enferme es sentirlo igualmente en carne propia".

Ediel, con 34 años de edad fue fundador de la brigada Henry Reeve en el 2005, posteriormente viajó para Guatemala y tiempo después hacia Venezuela por cinco años.

"Cuando nuestros compañeros de trabajo y los vecinos se enteraron se sorprendieron muchísimo por nuestra situación, sin embargo, todos ellos me han brindado su apoyo y ayuda. Son como otra familia para mí y mi hijo".

Otro momento muy duro para Keyla fue cuando leyó la noticia en uno de los cintillos informativos de TeleSur que un colaborador cubano se había infectado.

"Comencé a llorar desconsoladamente, pues no se especificaba el nombre. Luego sentí alivio, pero también mucha tristeza, porque aunque ya sabía que no era mi esposo, pensaba en la familia de Félix Báez".

"Pienso siempre en su regreso, cuento los días. Y a veces me deprimo un poco cuando nuestro hijo de tres añitos lo llama incansablemente al regañarlo. – !Papá ven, papá ven! –".

"Creo que a pesar de la tristeza en las noches y las preocupaciones incesantes, la decisión fue la correcta".

¿LA NOTICIA? IMAGÍNESE

Maria de los Ángeles Gavilán ZumetaMaria de los Ángeles Gavilán ZumetaA Maria de los Ángeles Gavilán Zumeta, técnica de laboratorio y esposa de Juan Carlos Quintana Roque, enfermero de la instalación, la noticia no la sorprendió.

"Todo fue muy rápido. Yo estaba recién operada de una histerectomía de urgencia. Aun así decidimos que él debía ir. ¿La noticia? Imagínese. Mi esposo había prácticamente acabado de llegar de Haití combatiendo el cólera, y sentí mucho miedo por el riesgo que conllevaba esta nueva misión. Pero él solo necesitaba mi apoyo en ese momento, no mis preocupaciones".

Mary, como muchos la conocen en su vecindario y centro de trabajo, cuenta que actualmente Juan Carlos está entrenando para combatir el virus en un nuevo hospital que casi se termina.

"Ya los ubicaron en locaciones extremas con hospitales ambulantes y las condiciones necesarias para efectuar los entrenamientos y tratamientos futuros. Me dice que aquello se parece mucho a Haití. Ahora está a aproximadamente 60 kilómetros de la carretera y rodeado de boscosidad".

Con la mirada un tanto perdida y la voz quejumbrosa explica la profesionalidad y rudeza del entrenamiento.

"Según me dice mi esposo, los trajes son calurosos y las condiciones ambientales no ayudan debido a las altas temperaturas de Guinea Conakry. Me cuenta que deben llevar esas escafandras durante una hora y descansan dos para trabajar por turnos, pero que es muy fatigoso".

Los hijos de Mary y Juan Carlos con 21, 18 y 13 años de edad respectivamente, aunque obviamente no tienen mucha noción del peligro que corren los colaboradores en esta misión, siempre aceptaron la decisión de su padre.

"Pero te mentiría si te dijera que ellos lo tomaron bien, la partida fue muy triste y lo extrañan mucho. Pensamos en su regreso, en el regreso a salvo de todos los que dieron el paso al frente".

LOS "LOCOS" COMO ÉL DIERON EL PASO AL FRENTE POR EL BIEN DE LA HUMANIDAD

– Niña, pidieron mi disposición para salir en la brigada que combatirá el Ébola en Guinea Conakry" – ¿Y qué tú dijiste? – Yo dije que sí, es mi deber como trabajador de Salud y como colaborador cubano. – ¡Pero tú estás loco! – No te pongas así. No siempre tenemos que pensar en nosotros ante una situación de este tipo –.

Así fue la primera conversación entre Milene Crespo Selier, enfermera del "Abel" y su esposo Noel Hernández Roque, enfermero instrumentista del Centro Oftalmológico, quien hoy se encuentra también en Guinea Conakry, ante la inminente partida de este último.

"Mi primera reacción no fue la más altruista debo confesarlo. Entiendo que como personal médico debemos ayudar a otros, pero una noticia así no se recibe con alegría, mucho más sabiendo el riesgo al que se exponen quienes se solidaricen con la causa".

"Noel estuvo en Haití cuando el Cólera, y en China durante el terremoto. Con esto te digo que yo estoy acostumbrada a esas misiones difíciles, pero nunca como esta. Esta es única".

Milene alega que su negación ponía en entredicho su trabajo y su personalidad, dejándola incapaz de ver que tras el sí que necesitaba su esposo, se asomaba el desinterés, altruismo, la solidaridad, la bondad humana y el prestigio de nuestro país.

Milene Crespo SelierMilene Crespo Selier"Todos me preguntaban que si Noel estaba loco, pero yo les decía que era nuestro deber para la epidemia, y que esos "locos" como él son los que habían dado el paso al frente por el bien de la humanidad".

"Una vez lo decidimos me dijo – Niña, ya esto no tiene vuelta atrás. Este es el momento en que los hombres deben dar el paso al frente, pues tenemos que hacer algo para frenar esta epidemia –".

Milene aseguró que la tensión es muy grande, que dormir es imposible por el miedo de lo que se podrá escuchar en las noticias al otro día. "Nunca dejas de pensar en qué podrá pasar al día siguiente".

"Teníamos la costumbre de salir juntos del hospital tras un día de trabajo y ahora lo hago sola. Llegar a mi casa y pasar los fines de semana es atormentador. No tenemos hijos y mi familia vive en Bahía Honda y la suya en San Juan. Los domingos son los días más tristes. Pero si te soy sincera él es quien nos da ánimo a nosotros".

A pesar de la distancia y la incertidumbre, la esperanza en que todo saldrá bien, la confianza en la profesionalidad de nuestro equipo médico y las atenciones de la OMS alientan a Milene día a día.

El resto, en cuanto a las atenciones del propio hospital, la dirección provincial y nacional de Salud, así como la preocupación de los trabajadores y vecinos es absoluta.

Tanto Keyla como Mary y Milene afirman que no tienen quejas en cuanto a atenciones se refiere. Aseguran que la comunicación con sus parejas es constante y fluye gracias al acceso y la disposición de cuentas de correo mediante acceso telefónico en sus viviendas y en el propio hospital.

Tres historias, tres vidas, tres compromisos entre otros tantos en el resto del país y el mundo. Una misma idea y un mismo sentimiento unen a estas familias que sin importar la lejanía o las adversidades, decidieron apostar por la salud mundial y la colaboración médica desinteresada. Otra muestra ineludible de lo grandes que son nuestros galenos y sus familias.

Sobre el Autor

Ariel Torres Amador

Ariel Torres Amador

Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana, Cuba

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