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Coleccionista de tiempo

Jorge Luis Delgado Díaz es un hombre ambicioso. Hace 40 años codicia, persigue... y como si fuera poco, en las paredes de su casa, intenta retener el tiempo.

coleccionista relojesFoto: Victor Manuel BlancoAllí, cerca del techo, 22 cajas de caobas, 10 veces más grandes que el tamaño convencional, sobresalen por los muros de la vivienda.

Los relojes, todos del siglo XIX y principios del XX, no están de incógnitos en un rincón, resaltan por el pasillo y el comedor del hogar.

"Un amigo me regaló el primero en 1977. Propiedad de su familia campesina, lo fabricaron en el imperio austrohúngaro. La historia me resultó interesante y comencé a recopilarlos".

Busca en el bolsillo de su camisa los cigarros. Enciende uno y señala el aparato a su izquierda. "Ves, exacto, comprueba tú misma la hora". A continuación recita la procedencia de ese en particular:

"Mi madre trabajó 25 años en la Cuban Land Company. Cuando intervinieron la empresa en 1960, adquirí el reloj de su oficina.

"La afición la tenía desde muchacho. Como mi mamá conservó el suyo por un periodo tan largo, me emocionaba obtener el mío.

"Hoy es el único que mantengo funcionando. Me gusta recordar cómo ella, desde aquí mismo, lo miraba con la taza de café en la mano".

10:05 a.m. Historia

En 1979, durante una conversación con "Santi", uno de los relojeros más antiguos de San Juan y Martínez, le comentó sobre su afición. "Te voy a hacer un regalo grande. Este aparato es el original de la iglesia y perteneció a la beata 'Ñica' Saíz", le dijo el reparador.

Según Jorge Luis antes de quemar la ciudad en 1896, los lugareños retiraron todos los objetos del pueblo para salvarlos de las llamas. "En la carreta de 'Ñica', depositaron algunos bienes y entre ellos el reloj que nunca volvió a la iglesia".

Años después, "Ñica" lo llevó al taller de "Santi" para repararlo. Le explicó su historia y se lo regaló. Él lo retuvo durante dos décadas hasta que volvió a cambiar de dueño.

Con un metro de largo y 40 centímetros de ancho, la imponente maquinaria fue el quinto objeto del coleccionista. "Las campanadas son especiales. El sonido es más melódico, similar a la música sacra".

Después, adquirió el del patriota Martín Herrera; el del médico local, Daniel Saíz, y otros con el linaje añejo de las familias sanjuaneras.

Sobre una silla en el comedor, a las 10:57 a.m., el sepia de los artefactos ingleses, norteamericanos y austriacos componen la arquitectura del lugar.

11:08 a.m. Mantenimiento

Aunque conoce bien sus estructuras internas, estas permanecen intocables. Asegura que el tiempo no los deteriora porque preservan las piezas de bronce originales. Cada mes les extrae el polvo y así quedan como "nuevos".

"Incluso, me regalaron hace 25 años una caja con algunas piezas por si las necesitaba y no las he utilizado".

La forma de funcionar es mucho más sencilla que los modernos. Cuatro ruedas y una cuerda. Resultan simples y muy exactos. "Nunca los he desarmado, no tengo esa curiosidad", confesó.

Poco a poco descoloca el objeto de la pared. Abre la coraza de madera y señala cada una de sus partes visibles. Toca el péndulo y envuelve la habitación en un sonido especial.

11:15 a.m. Búsqueda

Lo más difícil consiste en descubrirlos. La mayor cantidad de dinero que por un reloj ofreció fue de dos mil quinientos pesos. "Yo para agenciármelos, no escatimo el costo. Mis hijos me ayudan. El más pequeño trabaja por el campo y si encuentra alguno enseguida entra en trato".

Así obtuvo cinco. Otros son regalos de amigos. También personas de la localidad que conocen de su afán, le dicen dónde puede hallar uno.

En las épocas pasadas cada "tesoro" de Jorge Luis marcó los minutos del presente.

11:20 a.m. Pasión

Económico de profesión. Internacionalista en Haití, México, Venezuela y República Dominicana.

Recopilador de monedas "por casualidad", billetes coloniales y dos candelabros del central Galope.

Afirma que posee una estatuilla de más de un siglo, una bayoneta y un fusil de la primera guerra mundial o un máuser alemán de la época de los mambises, pues no tiene definida su procedencia.

Radioaficionado. Devoto a la pesca, la arqueología y la historia. Jorge Luis Delgado Díaz a sus 60 años, zigzaguea entre las intermitencias del tiempo. No está cansado. Solo resulta insaciable. En última instancia parece quedarle poco por coleccionar. Pero no es así. Siempre le gana el impulso.

Sobre el Autor

Elizabet Colombé Frías

Elizabet Colombé Frías

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río, Hermanos Saíz Montes de Oca.

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