Actualizado 24 / 09 / 2018

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¿Réquiem por el pregón?

A ella se le hizo tarde en su habitual recorrido mañanero. Él llegó puntual como casi todos los domingos: a las ocho, su inconfundible voz lanzó: "¡La barrrra e guayabaaa... La bueeenaaaa, la sabrrrosssaaa, la buti, la equisitaaa... La barrrra e guayabaaa!".

Solo que, tras escucharla a ella con "¡E' pan... E' pan calientico... Su telera calientica aquí!", él lanzó su nuevo pregón: "¡Vamo' a preparar la timba!".

A él solo le conozco por la voz y su figura que observo desde la altura en que vivo, por eso quizás si lo veo en la calle no sepa quién es. Pero ella es casi el despertador diario porque es raro el amanecer en que no suena suavemente su silbato y exclama: "¡Arriba, e' pan... E' pan calientico!". Y llama a despertar los bolsillos para que le compren su producto. Como pasa veloz, da la posibilidad de volver a coger el sueño, si en la mañana no hay apuros por levantarse. Pero también, ante los llamados, sube al edificio y no solo vende el pan sino que conversa amigablemente con todo al que le alcanza el fresco alimento.

Él es, por suerte, solo dominguero, porque de lo contrario con su vozarrón no dejaría nunca dormir ni a mi vecina sorda. Eso sí, con frío, calor, lluvia o neblina ahí está cada domingo, justo a las ocho de la mañana, o apenas unos minuticos después. No recuerdo en el último año faltas a su recorrido; como tampoco nunca he observado que se haya detenido a vender alguna de sus grandes barras de guayaba. ¿Alguien las comprará? Supongo que sí, porque nadie en sus cabales cargaría por gusto una enorme jaba con tan pesado producto.

Lo cierto es que ambos son atípicos en el mar de vendedores de nuevo tipo que han aparecido tras la apertura a nuevas posibilidades del trabajo por cuenta propia.

La mayoría de los otros se limita a decir que su producto es bueno. Así escuchamos: "El buen ajo"; "La buena papa"; "El buen mango"; "El buen desincrustante de baño"... y así cualquier cosa que alguien se proponga vender.

Tienen "suerte" esos poco creativos vendedores: la necesidad de la población lleva a que mayoritariamente se les compre lo que proponen, aunque de bueno solo tengan la palabra repetida una y otra vez por ellos. Pero cuando los escucho con sus llamados, me convenzo más de que en nuestro entorno han desaparecido los verdaderos pregoneros, aquellos que inspiraron a compositores como Moisés Simons para crear El manisero y a Félix B. Caignet su Frutas del Caney. Ya no hay quienes expresen con increíble musicalidad: "Traigo perchero barato, para pantalón y saco". Junto con los trajes que apenas se usan, esos personajes están casi en extinción.

¿ORIGEN DEL PREGÓN?

Para quien me lee y no conoce qué es el pregón, o casi no los recuerda, digo que eran anuncios a viva voz, pronunciados por los vendedores ambulantes de todo cuanto se pudiera llevar arriba o en un carro de mano, un carretón o cualquier vehículo ligero.

La "gracia" a la hora de anunciar las bondades de sus mercancías ayudaba a ganar clientes, de ahí que la ingeniosidad y el aplicar los tonos de voz que consideraban más apropiados sobresalían en muchos de ellos.

Una búsqueda en diversas fuentes bibliográficas me lleva a la conclusión de que no se conoce el momento del origen del pregón, porque se pierde en el tiempo. Imagino que apareció junto a la competencia, o sea cuando a cualquier barrio, aldea, caserío o ciudad llegaba un vendedor de algo y encontraba un competidor: la competencia es la madre; la supervivencia el padre.

Para procurar llamar la atención y en busca de un signo de identificación, muchos pregoneros utilizaban, además, instrumentos musicales de pequeño porte, como flautas, tamborcitos, marimbas, campanitas o filarmónicas. Pero, sin dudas, los más creativos eran los que ponían letra y música de su creación y con ello conseguían un sello propio.

El conocimiento de su posible clientela era otra de las artes de algunos pregoneros, porque utilizaban sus nombres para llamarles a comprar. Pero también muchos eran capaces de improvisar al momento de enfrentar a un posible comprador: era la manera de sobresalir en una forma de vida en la que un centavo aportado al bolsillo era ganancia.

¿EL OCASO?

Tanto en América Latina como en España, el auge mayor de los pregoneros ocurrió a finales del siglo XIX y hasta mediados del XX. Hoy todavía quedan algunos, fundamentalmente dispersos por los pequeños poblados y aldeas. Todo indica que la modernidad se los tragó, como ha hecho con tantas cosas del pasado.

En Cuba, además, se perdieron radicalmente después de la llamada ofensiva revolucionaria de 1968 que abolió la mayoría de los trabajos por cuenta propia.

Para varias generaciones de cubanos los pregones eran cosa de alguna que otra canción o de las remembranzas de los más viejos. Ahora hay un leve intento por resucitarlos.

Hoy la mayoría de los vendedores ambulantes, o de puestos fijos, desconocen muchos "secretos" de la venta privada, incluida la creatividad a la hora de anunciar sus productos: las carencias llevan a que les compremos sin muchos miramientos y sin grandes esfuerzos de ellos.

Pero poco a poco la competencia va resurgiendo... ¿lo harán también los pregoneros?

Sobre el Autor

Edmundo Alemany

Edmundo Alemany

Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana, Cuba.

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