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Puerto Esperanza

La pesca es la principal actividad económica en Puerto Esperanza. / Foto: Januar Valdés Barrios

Puerto Esperanza, Pinar del Río, cinco de la tarde: Los hombres vuelven de la mar, con un pedazo de sol pegado a los hombros, el salitre ardiendo en las grietas de los rostros y las palabras oliendo a alcohol. Las mujeres van a casa con las jabas medio llenas o medio vacías. A esa hora todos en el pueblo regresan de hacer algo.

Cuando las puertas se cierran y las gentes se encuentran con sus frustraciones y cansancios, nacen conflictos. En otras moradas, la noche transcurre sin sobresaltos. Una noche igual a otra noche y a otra...

Cuentan que hubo en el pueblo un grupo musical llamado Los Tiburoneros, que todas las tardes compartía unas cuantas notas y el instinto animal al final de la botella. Era el único entretenimiento de un vecindario sin galerías ni teatros ni parques infantiles.

Todavía carecen de galerías, teatros y parques infantiles; sin embargo, desde el 2000 “a un grupo de locos, amantes de la cultura y deseosos de que nuestra comunidad tuviera cosas lindas, se nos ocurrió crear un espacio de todos aún sin llamarle proyecto.

Empezamos a prepararnos como promotores en el Centro de Superación para la Cultura y el Consejo Provincial de Casas de Cultura y así nació La Camorra”, comenta Luis Miguel Martínez, coordinador general de este proyecto.

Toma su nombre de un barrio con desventaja social, caracterizado por un alto nivel de alcoholismo. El patio de Dagoberto Ferrer (Nangui), autor improvisado de dinosaurios de piedra y cuadros de yeso, fue el primer escenario, luego siguieron creciendo.

AL INTERIOR

La iniciativa sociocultural tiene dos espacios fundamentales, una sala-teatro para los ensayos y presentaciones del grupo Alas de Colibrí y El Patio de las Margaritas, donde se imparten talleres de artes plásticas para los más pequeños.

Familias, escuela y gestores del proyecto, hacen lazos para enriquecer los valores más intrínsecos del pueblo a través de los niños y jóvenes. La comunidad se involucra en talleres de diversa índole: arte culinario, corte y costura, teatro, danza, música, bibliotecología, historia.

“Es muy bonito modelar frente al público, que toda la gente te mire con tu disfraz de mago y sentirte importante, alegre en la pasarela. Te hacen regalos bonitos y aprendes muchas cosas”, describe Ismel León Sánchez, un pequeño de siete años, su participación en el evento Viñales modas.

La adolescente Dairy Hernández Silverio ha aprendido a hacer maquillaje artístico, “se puede usar en dependencia del vestuario, complementa la danza. Yo empecé hace dos meses y son muchas las cosas que he aprendido”.

Con 12 años comenzó Yadila Infantes Montano a frecuentar los talleres de La Camorra: “Llevo seis años ya. Aquí somos como una familia. Bailamos, pintamos y al mismo tiempo recibimos cursos para contrarrestar la homofobia, la violencia hacia la mujer y otros temas. A partir de ahí hacemos nuestras propias pancartas y obras para que los demás aprendan también. Es una casa más para nosotros y mi familia siempre me ha apoyado porque este es mi sueño”.

El sentido dinamizador y terapéutico de las presentaciones se extiende a la vida rutinaria de la comunidad. Desde hace años el Consejo popular se apoderó del proyecto y sus acciones son masivas ahora.

“Nuestro trabajo es intersectorial. Ahora si los miran en un escenario, no se sabe qué hay detrás de esos muchachos. No es como una unidad artística normal, que se avala y ganan cuatro pesos por lo que hacen. La mayoría de esos niños están mediados por todo lo que ha sucedido en sus vidas y se fueron despojando poco a poco”, agrega Luis Miguel.

“Este no es mi pueblo, no nací aquí; pero en él realicé casi todos los sueños que tenía cuando era niña. Pienso que ha sido lo más importante de mi vida”, dice Orquídea Carmona, promotora cultural.

Orquídea se queja del guano roto del ranchón donde se desarrolla El Patio de las Margaritas, por donde el agua de lluvia se cuela mojando los disfraces elaborados por ella misma. Los materiales de trabajo son donados por los propios gestores del proyecto y algunos familiares: “No tenemos financiamiento, lo que hacemos es espontáneo, inventando; tuve que romper unas cortinas de mi casa que tenía guardadas para hacer un traje”.

CON SUS MANOS

Al mismo tiempo los coordinadores e integrantes de La Camorra se desdoblan como constructores, plomeros... Desde que Alas de colibrí recibió su local, trabajaron en la remodelación de los departamentos junto al financiamiento de instituciones estatales y organizaciones no gubernamentales.

Julio del 2008. Mientras los muchachos del proyecto realizaban una gira por Alemania, la primera de ellas, los huracanes Gustav y Ike dañaron la sede del proyecto. Una línea naranja marca la entrada del mar, casi del tamaño de uno de los niños.

“Sin embargo, sirvió de fuerza para alegrar a las personas que llevaban varios días sin corriente y con sus casas destruidas”, menciona el coordinador del proyecto.

Luis Miguel relata también sobre su apego por este sitio del cual tiene muchas historias: “Era un pequeño hotel y mi papá desde la edad de nueve años le hacía los mandados a la dueña. Aquí casi nació él, aquí se casó con mi mamá y es justamente aquí donde desarrollé mi vida. El lugar donde me quedé a vivir. Cuando mis padres fallecieron hubo una etapa en la que yo decía 'no sigo'; pero a veces llegaban niños a la puerta de mi casa y me decían: 'Padre te necesitamos'. Eso me hizo romper todas las barreras y seguir”.

Y SEGUIR BIEN

Entre los galardones recibidos por La Camorra sobresalen el Premio nacional de Cultura Comunitaria 2012, el Reparador de Sueños y La utilidad de la virtud, además del diploma Honrar, honra que otorga la Sociedad Cultural José Martí.

En el contexto actual, el proyecto forma parte inherente de Puerto Esperanza. Ya no es solo del barrio La Camorra y sus 340 habitantes, ahora llega a los más de 7 000 pobladores del Consejo Popular. Transporta las hibridaciones y lo tradicional que las aguas oscuras del puerto siembran en sus hombres y mujeres hacia otras geografías del país y al extranjero.

“Con la ocurrencia de un turismo tan fuerte hacia Viñales, tenemos que ajustarnos a esa forma, a través del arte y los programas sociales. Lo importante es ver cómo mano con mano, codo con codo, acción con acción, seguimos desarrollando nuestra comunidad.
Aun cuando los recursos materiales estén distantes tenemos que hacer nosotros lo que nos toca.

“Siempre tratamos de que participen los que tienen que ver con la formación de las nuevas generaciones, esto incluye a la familia y no escapan sectores como Educación, la UJC, Salud... y así se ha minimizado la violencia en las casas”, manifiesta Luis Miguel Martínez.

Tejer una red en la que se involucren todos, es el valor principal del proyecto La Camorra. En la práctica, el niño porta el mensaje hasta el hogar. Los padres se insertan en las tareas y se preocupan por el vestuario de sus hijos, las investigaciones y sus éxitos.
Crecen todos.

Escrito por Susana Rodríguez Ortega y Anelys Alberto Peña

Joven de Puerto Esperanza

La pesca es la principal actividad económica en Puerto Esperanza. / Foto: Januar Valdés Barrios

Sobre el Autor

Anelys Alberto Peña

Anelys Alberto Peña

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca

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