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Maceo entre la historia y la leyenda

Pañoleta obsequiada por una pinareña a Antonio Maceo durante la Invasión a Occidente en el territorio.

Quizás, el primer muerto fue español. La jornada no avizoraba ningún desenlace fatídico: el clima fresco de los primeros días de enero de 1896 y aun los extensos cañaverales, los pinares y la cordillera de Guaniguanico se mostraban inmutables.

Los soldados ya conocían de la presencia de tropas mambisas en el territorio occidental; sin embargo, el primer encuentro fue victorioso para los 1 560 hombres al mando de Antonio Maceo; antes, Roberto Bermúdez con un contingente de vanguardia habían explorado parte del territorio por órdenes del Titán de Bronce.

Ahora los mambises estaban en Vueltabajo. En la zona encontraron el apoyo de las tropas de Pedro Delgado, Carlos Socarrás, Manuel Lazo, Policarpo Fajardo, Isabel Rubio, los hermanos Báster y los Abascal; además, de la colaboración de Indalecio Sobrado y Magdalena Peña Redonda.

Para Bartolo Pérez Martínez, profesor auxiliar de Historia de la Universidad de Pinar del Río (UPR), la presencia del militar oriental en Pinar del Río durante la contienda bélica y desde el punto de vista anecdótico, requiere de análisis más profundos.

Ocultos o poco visibles, los hechos parecen mezclarse entre un halo de misticismo, leyenda y realidad. La especulación rodea la presencia del líder mambí en el territorio.

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En las inmediaciones de La Palma, las tropas preparan la próxima acción combativa. Algunos alistan sus armas, otros solo esperan las órdenes del Lugarteniente General de Ejército libertador. Todo parece normal. Como en cientos de ocasiones, los mambises se disponen a tomar el cuarto poblado en Vueltabajo.

El bullicio es enorme. Solo queda el rango de improvisación de una acción cuerpo a cuerpo. La estrategia también está definida.

Aunque no está dentro de la política de Antonio Maceo destruir los caseríos, las batallas sí ocurren dentro de los pueblos, ocasionan el deterioro de las instalaciones. Pero esta vez será diferente.

A lo lejos, por entre el lomerío una mujer con dos niños se dispone a hablar con el Titán. Expectantes, las tropas continúan a la espera.

Sucede la conversación de forma privada. No existen otras fuentes testimoniales. Solo ellos dialogan sobre el futuro de las acciones. El combate nunca se produce.

Existen historiadores que plantean que la intermediaria, esposa del jefe de los voluntarios Antolín Collado, apeló a la humanidad del jefe del ejército para que no ocasionara la destrucción del poblado o que le ofreció dinero con el fin de evitar escenas de represalias con los españoles de la localidad, otros historiadores abogan por ambas hipótesis.

Durante el curso de la Invasión, Antonio no ataca; sin embargo, el asalto lo realizó meses más tarde durante la Campaña de Pinar del Río. La acción resultó una de las derrotas más costosas de las tropas independentistas en Vueltabajo.

Maceo pertenecía a otra estirpe de hombres de campaña. Según el profesor de la UPR, vestía de una forma muy fina, aun en las condiciones de la guerra, se cambiaba de camisa todos los días; era caballeroso y cortés y gustaba de hablar despacio para ocultar su leve tartamudez. Poseía alrededor de seis pies de altura, un peso de 200 libras y con ojos y piel claros.

Es sábado 15 de enero, Carolina Capote, habitante de Pilotos, aguarda a una orilla del camino principal. Hace varios días, hilvana una pañoleta para el jefe de la columna invasora. La ofrenda es de color blanco de 60 centímetros de largo y 61,5 de ancho, y en el extremo inferior derecho bordó con filos de seda el Escudo Nacional de Cuba.

Lo diseñó especialmente para él, como símbolo de su apoyo a la causa revolucionaria o tal vez como admiración por la heroicidad de sus acciones militares o sus características físicas.

Alrededor de las 10 de la noche, ella se decide, le insinúa el obsequio. El Titán lo anuda alrededor del cuello. Los rumores de un vínculo sentimental entre ambos resultaron más evidentes después su retorno de Mantua cuando este le devolvió la prenda.

Sin la existencia de evidencia de este vínculo sentimental, el hecho no pasó inadvertido y el supuesto amor entre ambos quedó en el imaginario popular de la zona.

La prenda es la sobreviviente. En la actualidad, especialistas del Museo Provincial de Historia de Pinar del Río conservan la pieza donada por descendientes de Carolina Capote. Mapa del recorrido de las fuerzas invasoras de Maceo en Vueltabajo.Mapa del recorrido de las fuerzas invasoras de Maceo en Vueltabajo.

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Y los poblados cedieron ante los mambises. Las acciones diezmaron al colonialismo con pérdidas de fuerzas militares y recursos económicos.

Expresiones de Maceo en las crónicas de José Miró Argenter muestran el valor en combates como el de Río Hondo, donde cientos de vueltabajeros que huían de la política de Reconcentración del general Valeriano Weyler quedan en medio de las tropas mambisas y españolas y solo con la indumentaria repelan el ataque contra los insurrectos.

Maceo sigue hacia el sur, acampa en Paso Viejo a tres kilómetros de la ciudad de Pinar del Río, el 17 de enero "la columna circunvala el territorio a medio kilómetro de la plaza a bandera desplegada y con los aires marciales del himno Invasor: la plaza nos saludó con 21 cañonazos sin causarnos daños", puntualizó Argenter en Crónicas de la Guerra.

Mientras, unidades españolas se situaban en la carretera a La Coloma para acudir en auxilio de las tropas de la capital. A las 11 de la mañana la vanguardia chocó con las fuerzas hispanas desplegadas sobre la zanja de la vía, un puente, dos edificios y varias carreteras que utilizaron como trincheras.

La ofensiva duró dos horas. "El enemigo resistió sus heridas pero dejó en el campo algunos cadáveres. Nuestras bajas fueron 12 muertos y 49 heridos (...), las bajas españolas ascendieron a 400. Por la noche fue hostilizada la población, saqueados algunos establecimientos de los arrabales y destruido el puente de la carretera", apuntó Miró Argenter.

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El privilegio de llevar el regimiento de avanzada a Mantua lo recibió el pinareño Manuel Lazo, junto a una tropa de independentistas locales el día 22 de enero. Y existió el júbilo de los mantuanos. Y hubo banquete. Y baile. Y galantería. Y también la firma del acta del fin de la invasión.

De los fondos públicos se pagaron algunos salarios a los maestros. El alcalde fue nombrado Prefecto de Mantua.

Algunos especulan. Aunque existen divergencias en cuanto a si el alcalde invita a Maceo a bailar con su esposa para que inaugure el baile o si es la novia de un combatiente del ejército libertador.

Al Titán le llama la atención la señora, y ella, durante la representación, le entrega un pañuelo. Luego el estratega se retira a las cercanías donde estableció su campamento en la Loma de Naranja China. Existen referencias de que ella también visitó el lugar.

No existen reseñas de cómo transcurrió el diálogo ni de una relación amorosa. Una de las características del Titán era la privacidad en todas sus conversaciones.

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Otras acciones también sobresalieron durante la Campaña de Pinar del Río, como Ceja del Negro en la zona montañosa de Viñales.

Según Argenter, en Crónicas de la Guerra, ninguna batalla se acentuó más que el valor del caudillo, su nombre de militar hábil llegó a su más alta expresión.

"La contienda se hizo superior a todo elogio en todos los órdenes del talento militar. Su táctica especial para humillar al enemigo (...) tuvo nota sobresaliente en aquel gran certamen de armas (...) Once años después los leñadores y monteros todavía encuentran fragmentos de seres humanos con el plomo homicida incrustado en la osamenta. La naturaleza no ha podido borrar la triste imagen de la muerte (...) Con la acción, tres columnas más desaparecieron de la escena", señaló.

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Y hubo una causa. La estancia del Titán de Bronce en la provincia duraría cerca de un año y más de 37 enfrentamientos. Maceo recibió dos heridas en toda su estancia en Vueltabajo y cabalgó más de 100 kilómetros solo durante la invasión al territorio.

Cuando parte de tierras pinareñas, el cuatro de diciembre de 1896, llueve. Pretende burlar la línea defensiva de la trocha de Mariel a Majana.

Atrás dejan hazañas, posibles amoríos y algunas décimas en la memoria de los guajiros. Las historias del Mayor General quedaron como una especie de bisagra, sus acciones permanecen abiertas al imaginario popular.

Ahora continúa la marcha a otros lares. La travesía de miles de hombres parece tormentosa dentro de la larga caravana de algunos kilómetros de distancia.

Salen despacio las tropas del territorio, como para dejar una estampa en la memoria de los habitantes de la zona, como para perpetuar los hechos solo posibles por la conjugación de mil azares.

Sobre el Autor

Elizabet Colombé Frías

Elizabet Colombé Frías

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río, Hermanos Saíz Montes de Oca.

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