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“Nos arrancaron a nuestra hija”

En ocasión del aniversario 40 del crimen de Barbados Guerrillero reproduce una entrevista a la familia de Nancy Uranga publicada en el año 1999. Nancy tuviera ahora 45 años y probablemente acariciara a los hijos que no tuvo porque el tiempo no le alcanzó siquiera para ver las fotos de su boda cuando se casó en Camagüey, ocho meses antes del horrendo crimen.

Tenía 22 años y un horizonte infinito por delante, pero el seis de octubre de 1976 sus esperanzas, su futuro y la vida le fueron cercenados en un avión de Cubana que despegó herido de muerte del aeropuerto de Barbados.

Los reconocidos terroristas Hernán Ricardo, Fredy Lugo, Orlando Bosch y Luis Posada Carriles, connotados criminales al servicio de la CIA en Estados Unidos, consumaron uno de los hechos más abominables de la larga y oscura historia de agresiones del gobierno norteamericano contra la Revolución.

Entre los 57 cubanos, deportistas, técnicos, funcionarios y tripulantes que perdieron sus vidas estaba Nancy Uranga Romagoza, una jovencita de la localidad de Cuatro Vientos cercana al central Pablo de la Torriente Brau en Bahía Honda, que inició el preescolar justo en el año que triunfó la Revolución.

"Era una muchachita alegre, como a todas le gustaba jugar a las muñecas, a las mamás, muy bien llevada con los niños del barrio y le encantaban los animles...nos quitaron casi todo, nos arrancaron a nuestra hija", dice Eladia Romagoza no sin antes limpiar con un gesto sus ojos azules desbordados de mar, como aquel que todos los días divisa desde el portal de su casa.

Teresa, una de las hijas que acompaña esta conversación a sus padres, nos recuerda que eran cinco hermanos; ella la mayor y por su orden Nancy, Bárbara, María Amelia y José.

Cuando ocurre el execrable hecho Nancy estudiaba Biología en la Universidad de la Habana; quizás su carió hacia los animales la colocó en aquel camino.

"De todos nosotros era la más estudiosa. Nunca dejó de hacer una prueba porque estuviera de competencias en el exterior, cuando regresaba se ponía a estudiar y las vencía. Recuerdo además que aprendió a nadar de chiquita, fue la única que lo logró de nosotras, le gustaba mucho el mar.

"Cuando estaba aquí, a pesar de su fama y de que viajaba, nunca se sintió superior a alguien, al contrario, seguía siendo sencilla y humilde, desde el vestir hasta en el trato con sus amigos y la familia", asegura Teresa.

A Eladia, la mamá, los ojos le siguen brillando mientras escucha a su hija. Ella prefiere no recordar, pero no puede dejar de reconocer que fue "uno de los crímenes más horribles que se han cometido contra la Revolución, algo que nunca se podrá olvidar...

Todavía me dicen que me acuerde que tengo otros cuatro hijos y yo lo sé, pero cuando te arranca uno entre cinco, ese, como quiera que sea, nunca se olvida... mucho más si se pierde de una forma tan triste como esa.

"Recuerdo que en julio y agosto me decía que tenía que irse y yo le pedía que se quedara, pero ella debía entrenar. Su condición de militante de la juventud y sus responsabilidades las tenía en un alto puesto...", dice la madre.

A Chalía, como le dicen en su barrio a José María Uranga González, padre de aquella valiosa joven que regresaba victoriosa de los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Venezuela y que había dejado huellas con su florete en varios países del mundo, el dolor todavía lo embarga, pero también le ha dado fuerzas para seguir luchando.

"Por muchos sabotajes que cometan no van a destruir a la Revolución, yo digo igual que Carlos Manuel de Céspedes: mi hija es un mártir de la Patria y todos los mártires de la Revolución son mis hijos".

Por eso hoy a pesar de sus 73 años sigue al frente de un núcleo zonal del Partido y cree que el pueblo cubano tiene razones más que suficientes para demandar al gobierno de Los Estados Unidos por la larga lista de muertos e incapacitados por atentados, sabotajes y otras acciones criminales cometidas contra Cuba.

Se siete orgulloso de Nancy, de sus condiciones como revolucionaria, como atleta, e incluso, de su personalidad independiente que "nos recriminaba por ir a verla si estaba en la Escuela al Campo o en otro lugar porque decía que nosotros no debíamos pasar trabajo por su causa.

"Creo que una vez, solo una, fuimos a verla a Alquízar y claro que se molestó un poco", dice José María sin poder disimular sus palabras apretadas por ese nudo en la garganta que solo zafa una lágrima.

Pero es que Chalía vendió muy barata su fuerza de trabajo antes del triunfo de la Revolución en los muelles de los almacenes del central como estibador, paleando arena de playa a 30 centavos el metro, pescando y haciendo maravillas - como se dice-. Por eso aquilata en su justa medida el proceso revolucionario que le aseguró un empleo y la posibilidad a sus hijos de estudiar gratuitamente.

Él sigue volviendo al mar. Hace ya unos cuantos años que se jubiló y ahora una vieja chalana lo acompaña muchas noches pescando peces y recuerdos en las cristalinas aguas de la bahía de Cabañas, en la que a veces pasa madrugadas completas, quién sabe si esperando que el mar le regrese un día su más preciado tesoro.

Eladia, como un rito, lo espera al amanecer mientras busca por los alrededores flores naturales y frescas que hace 23 años, religiosamente, día a día, adornan un cuadro con una foto de su querida Nancy. padres nancy barbados fpt3

Sobre el Autor

Felix Témerez

Felix Témerez

Presidente de la Unión de Periodistas de Cuba en Pinar del Río. (UPEC)

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