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Una profesión llena de amor

Los niños pasan la mayor parte del día con sus titas

Los niños pasan la mayor parte del día con sus titas

Como cada mañana desde hace aproximadamente 10 años, Daisy Zayas se levanta temprano, gustosa de saber que encamina sus pasos hacia el lugar más feliz del mundo, allí donde sin ser doctora o ingeniera, protege y construye el futuro de todos.

Lo mismo le sucede a Anadelis Veliz, a quien sus 23 años, y la inexperiencia que inevitablemente viene con la juventud, no han sido un impedimento para que desempeñe tan importante labor. Ambas son madres, pero no solo de los niños que gestaron en sus vientres, sino de los tantos que cada día llegan al círculo infantil “Amiguitos de la ciencia”, ubicado en el reparto Carlos Manuel de la capital pinareña. El amor por su profesión se les nota de tan sola mirarlas. Viven enamoradas de lo que hacen, y sí, no todo es color de rosa, pues tener bajo su cuidado a infantes de tan corta edad es una responsabilidad enorme, no obstante, están convencidas de escogerla por segunda vez si tuvieran la oportunidad de volver a nacer. “Me gustan mucho los niños, creo que debe ser el requisito fundamental para trabajar en un círculo”, explica Anadelis quien una vez concluido el noveno grado, pasó el curso de educadora. “Estudié dos años, y en tercero comencé a trabajar directamente en los círculos infantiles. En estos momentos estoy en el proceso de hacerme licenciada”. Daisy, de 31 años lleva alrededor de una década en esta profesión. “La escogí, no como muchos creen, como última opción. En el último año de preuniversitario obtuve un promedio de 99. Ni mis profesores querían que optara por esta carrera. Pero es esto lo que quise y querré ser siempre. Ni aún hoy me olvido de todo el cariño que recibí de mis titas, me cuidaron con mucha dedicación, y fue ello precisamente lo que me hizo escoger esta profesión, además claro, del gran amor que siento por los niños”. El trabajo con los pequeños de casa...

“Es lo más maravilloso que puede existir. Hay personas que no lo valoran, y nos ven como simples cuidadoras, pero es mucho más que eso. Damos amor, formamos, enseñamos”, explica Daisy. Es precisamente esa interacción con los niños lo que más disfruta Ana. “Realizamos actividades que potencien su desarrollo, en el lenguaje, conocimiento, habilidades artísticas, y eso me hace sentir útil”. Por ello es fundamental, como asevera Daisy, la necesidad de llegar al círculo con la mejor energía y disposición. “Lo primero que hacemos es la gimnasia matutina, algo así como una Educación Física. En el horario de la mañana realizamos las actividades programadas, a través de las cuales se incentivan el desarrollo sensorial y el lenguaje, manipulan los objetos, aprenden a conocer las figuras, colores, tamaños. Los orientamos y enseñamos qué es cada cosa, sus usos”. Un día en el mundo de los niños...

“Llego en la mañana, y en cuanto me divisan, salen todos a recibirme, y me llenan de abrazos. Ese es un cariño tan sincero y desinteresado”. Poder disfrutar de esos momentos es para Daisy un verdadero tesoro. “Es una gran responsabilidad y al mismo tiempo un regalo, poder trabajar con ellos”, así lo define Anadelis. “Mis días aquí son muy alegres, me siento de maravilla rodeada por tantos pequeños deseosos de aprender, que lo quieren conocer todo, y soy yo precisamente quien los voy guiando. Es un proceso de enseñanza en dos direcciones, pues de la misma manera que los enseño, con ellos también aprendo”. Para Daisy los niños son como un disco duro en blanco. “Así le digo a la familia. Poco a poco hay que ir incorporándole el conocimiento, y después ellos lo asimilan y ponen en práctica. Nosotros les creamos una base, por ejemplo siempre dedicamos una parte del día para que ellos dibujen, y es algo que puede sonar muy simple, pero es a partir de ahí que desarrollan una buena motricidad y correcto uso del lápiz; eso los ayuda mucho cuando comienzan a aprender los trazos en el preescolar o las primeras escrituras en la enseñanza primaria. La mayor satisfacción...

“Son muy cariñosos, cuando escucho que me dicen tita Ana, siento una sensación que no se puede explicar, es como si además de los míos, tuviera 28 hijos. La mayor parte del día lo pasan junto a nosotras, y llegamos a convertirnos casi en miembros de la familia. Es increíble como son capaces de multiplicar el cariño que les ofrecemos. “Tenemos niños con necesidades educativas especiales, los cuales requieren una mayor atención. Por ejemplo hay una niña con un implante coclear. Al hablarle debemos hacerlo mirándola fijamente para que pueda entender las palabras, pues no oye. Cuando llegó apenas articulaba palabras, solo sabía decir “agua”, y ya dice “mamá, papá”. Esa es una de las mayores satisfacciones que puedo sentir, ver cómo evolucionan, y cuán importante es nuestra labor para su posterior desarrollo”. Daisy lo siente de la misma manera. “Los niños llegan aquí dando prácticamente sus primeros pasos, y en mi caso hubo una niña que me marcó mucho, pues cuando la recibimos solo decía mamá, y la primera palabra que incorporó a su vocabulario fue mi nombre. El sentimiento y la felicidad que se siente en esos instantes no lo puede comprar ni todo el oro del mundo. Porque los niños son los que saben querer, estas jóvenes no se arrepienten ni un segundo de la decisión que tomaron, y aunque para algunos, lamentablemente, es una profesión sin mucha importancia, para ellas representa la más noble labor. Daisy Zayas, tita del círculo infantil Amiguitos de la CienciaDaisy Zayas, tita del círculo infantil Amiguitos de la Ciencia Anadelis Veliz, tita del círculo infantil Amiguitos de la CienciaAnadelis Veliz, tita del círculo infantil Amiguitos de la Ciencia Ambas comparten su amor por los niñosAmbas comparten su amor por los niños

Sobre el Autor

Dayelín Machín Martínez

Dayelín Machín Martínez

Licenciada en Periodismo en la Universidad Hermanos Saíz Montes de Oca de Pinar del Río, Cuba

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