Actualizado 15 / 09 / 2019

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El poder del movimiento

Mariselis Montero

Foto: cortesía de la entrevistada

Ese día llegó tarde a la escuela. La mañana anterior había despertado con gripe y decidió quedarse un rato más en la casa de tablas y techo de guano. Ella, la segunda de tres hermanos, se levantó de la cama solo después de las ocho, cuando el malestar matutino pasó un poco y caminó como de costumbre hacia el centro escolar.

Con 13 años había vivido desde siempre en el poblado rural de Surí, a unos tres kilómetros de la cabecera municipal de Guane y con cerca de mil habitantes. Quizás, por las condiciones del lugar, sería trabajadora en la planta de creosotar u otras pequeñas industrias de los alrededores, agricultora de alguna finca contigua o ama de casa. Ella, tenía otros planes: ser la bailarina de su familia. Desde los cinco años lo tenía claro. Le gustaba inventar movimientos con la música del televisor, marcar el ritmo al compás de la melodía y sobre todo dar muchos saltos y muchas volteretas. Su padre, un mecánico de profesión con gran sensibilidad artística, fue su primer preparador. Le enseñó a caminar en punta de pies y hacer arqueadas hacia atrás. Tiempo después conocería que realizaba ejercicios básicos como el cambré y el empeine. En la puerta del aula de su escuela Policarpo Fajardo, Mariselis Montero escucha como una de sus maestras le comenta que los alumnos estaban en Guane para una prueba de captación de los profesores de la Escuela Nacional de Arte (ENA) en la especialidad de danza. Hacía un año se había presentado a los exámenes pero, aunque los aprobó, ese ciclo no abrió la convocatoria para niños de quinto grado. Fue sola. Estaba asustada. No había pasado los talleres que impartían en la Casa de Cultura. Tampoco poseía un conocimiento técnico.
Primero le indicaron que hiciera movimientos para repetirlos: ejercicios de flexibilidad, split y le midieron la elasticidad. No tenía conocimientos técnicos de nada, pero su cuerpo sí respondía. Era muy ingenua. Por su inexperiencia y como no tenía leotard realizó el examen en blúmer que era lo único que tenía debajo del uniforme. Pero las condiciones nacieron con ella aunque después las desarrolló. En 1977 fue la única alumna de la escuela y una de los tres niños del municipio en llegar a la ENA. “Yo guajira de Guane que nunca había estado en Pinar del Río, imagínate ir a La Habana sola y a esa edad. Fue muy difícil”. Entonces habla y nos deja como pegados a las butacas del teatro antes de empezar la función. Y conoce sobre giros, y saltos, y de la dramaturgia de la improvisación y de la relevancia de la música... Mariselis constituye la única profesora en Pinar del Río graduada de los niveles elemental y medio superior en la ENA. Su formación es de bailarina en danza moderna y folklórica y licenciada en educación musical del Instituto Superior Pedagógico de la provincia. Recibió clases de los precursores de la danza en Cuba como las norteamericanas Lorna Burdsall y Elfrida Marhler; los cubanos Guillermo Márquez, Karina Álvarez, Graciela Chao, y de varios integrantes de Danza Contemporánea de Cuba. Bailó en todos los grandes teatros de La Habana como el de Miramar y el Mella, en las salas García Lorca y Covarrubias del Teatro Nacional... y conformó durante años la compañía del teatro lírico Ernesto Lecuona, bajo la dirección de Francisco Alonso. También la prepararon para formar a nuevas generaciones. Debía retornar a su provincia natal y abrir el nivel elemental en la Escuela Vocacional de Arte y medio superior en Instructores de Arte, ambas instituciones cerradas por la carencia de profesionales. En el 2016, uno de sus alumnos obtuvo el tercer premio en el sexto concurso coreográfico del encuentro Internacional de Academias de Danza. Este curso imparte taller de creación coreográfica a cerca de 30 estudiantes. El próximo periodo escolar ofrecerá la asignatura de técnica de la danza. Su sueño fue ser bailarina, pero le ha dedicado la mayor parte de su vida al magisterio

Yo aproveché mi tiempo de bailarina. Fue una etapa muy intensa, pero siempre supe y estaba preparada para enfrentar la enseñanza hasta hoy. Me satisface enseñar y ver el resultado de mi trabajo durante toda la vida. Ver crecer a mis alumnos. Disfruto cuando me encuentro a algunos que después de 30 años me besan y me dicen: ‘Profe, empecé a sentirme bailarín cuando me montó tal coreografía’ o cuando otro me comenta que vive en Italia, pero nunca me ha olvidado. ¿Por qué sus hijas no siguieron el camino del arte?

Realmente no era lo que querían. ¿Qué es lo que menos le complace de su profesión?

Me gusta todo, incluso cuando hay escasez, sé crear. ¿Qué la define?

La pasión al movimiento. El amor por lo que hago. ¿Se hicieron realidad sus sueños?

Sí, todos.

Mariselis, posee una estatura mediana, de un metro sesenta. Tiene 53 años, un tono locuaz y sencillo y más de tres décadas en la profesión. No representa a una simple formadora de discípulos, ávidos de nuevos métodos de estudio; sino una artista que se lanza al vacío para moldear el cuerpo de otros y desprenderse de sus más anheladas esencias. Cada gesto lo ensambla como dentro de un montaje coreográfico, y ondula las manos una y otra vez con movimientos repetitivos y elegantes como si nunca cerrara el telón.

Sobre el Autor

Elizabet Colombé Frías

Elizabet Colombé Frías

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río, Hermanos Saíz Montes de Oca.

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