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Entre los mejores, Ramoncito

Cuando un o una joven se enamora su mirada es otra, el pensamiento los transporta hacia donde está la otra mitad y asoma fácil la sonrisa. A Ramoncito le ocurría eso; quería casarse pronto pero había algo sagrado que muy temprano sus mayores le enseñaron y era, primero, amar y defender a la Patria.

Desde los 15 años ayudaba a sus padres en tareas del Movimiento 26 de Julio del cual eran miembros y tras el triunfo de enero puso sus conocimientos al servicio de la Revolución, para lo que pasó el curso de mecanógrafo en 1959, se graduó de contador en 1964 y comenzó a estudiar taquigrafía.

La jovialidad y alegría no se reñían con la disciplina y disposición para el trabajo de Ramón Hernández Hernández, Monguito para sus familiares, quien conjugó sus estudios de contador con manifestaciones y huelgas junto a los alumnos del Instituto de Pinar del Río, la confección de cocteles molotov y cuando la Revolución llegó a su Coloma natal se dedicó a hacerla toda suya.

Nunca fueron limitantes los ataques epilépticos que sufrió en su infancia ni la hepatitis ni la ubicación inversa de sus órganos, ese corazón que ni pensó mudar cuando se le orientaba una nueva tarea, y así fue a tomar el cuartel de la Marina, donde devino auxiliar de radiotelegrafía, escribiente, siempre atento a otras ocupaciones.

Su carácter y actitud se confabularon para que Alejo Bouzón, al frente de la Seguridad en La Coloma, conocedor de su trayectoria y de su familia, lo propusiera para que integrara estos órganos como ayudante en una unidad especial.

EL PRIMER MILICIANO

Recuerda el teniente coronel retirado del Minint que conoció bien de cerca a Ramoncito, dispuesto a cumplir cuanto se le orientara y cuyos conocimientos resultaron muy útiles en la investigación y seguimiento de operaciones.

"Fue el primero en llenar la planilla para pertenecer a las brigadas obreras revolucionarias Ceferino Fernández, creadas por el Movimiento en La Coloma en enero de 1960, y después se vincula a la cooperativa agrícola Celso Maragoto, interviene en la nacionalización de la industria pesquera y asume su control económico, con resultados que merecen la felicitación de la dirección de ese organismo".

Miriam es la hermana, quien aún no puede hablar de él sin llorar, sin reír cuando rememora sus ocurrencias. "Su pasión era el baile, todo un bailarín y aunque le gustaba fumar, por respeto se escondía de nuestro padre para hacerlo, hasta un día que él mismo lo llamó y le dio un cigarro".

Alejo trae otras anécdotas del compañero que tenía como a un hermano, casi un hijo: "Su conducta e ideología manifiestas me llevan a proponerlo para que trabaje con nosotros y así lo hace gustoso, para lo que se le crea una fachada como inspector de la Empresa Agropecuaria del INRA. Él, de mecanógrafo se convierte en valioso investigador de importantes casos seguidos entonces por el G2, como fue la desactivación del FUO, organización contrarrevolucionaria".

Fue de los primeros en integrar la Asociación de Jóvenes Rebeldes, los CDR y socio fraternal de la FMC en el pueblo pesquero; maestro de la brigada Conrado Benítez, para en sus horas de descanso y en las noches alfabetizar a los obreros de la fábrica de conservas, y participó en cuanta concentración convocaron estas organizaciones.

De forma intensa disfrutó su Revolución y se enfrentaba a lo mal hecho, a quienes no actuaran en consecuencia, por lo que se ganó la admiración de cuantos le conocieron. Su última evaluación, aquella que no pudo ver, fue el Diploma de Mérito, firmado por el Capitán San Luis, que la dirección de Instrucción Política del Minint entregó a sus padres, por haber sido elegido Combatiente Ejemplar en la emulación por el Festival de la Juventud y los Estudiantes.

"Los mejores van a Argelia" era el lema entre los jóvenes entonces y él estuvo entre los candidatos en la asamblea del día siete de mayo para esa cita mundial, pero la casualidad quiso que una bala en el directo que se escapó a un compañero, encontrara su corazón al lado derecho de su pecho y fuera mortal, el cinco de junio de 1965, cuando solo contaba 23 años.

Hoy se cumplen 50 años de su desaparición física y los combatientes y vecinos del sureño puerto pesquero le rinden homenaje y lo traen hasta el presente, porque aunque Monguito no llegó a casarse como tenía pensado, amó y defendió a la Revolución que hizo toda suya para siempre en breve tiempo.

Sobre el Autor

Blanchie Sartorio

Blanchie Sartorio

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana, Cuba.

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