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Aquella triste página de historia

Una de las víctimas del atentado al teatro Riesgo.Una de las víctimas del atentado al teatro Riesgo.

Los pinareños y pinareñas que rondan las seis décadas y más, particularmente los que disfrutaban la matiné del teatro Riesgo, hoy Saidén, no pueden olvidar el 28 de mayo de 1961, aquella página de la historia local que los marcó para siempre y acusó a los asesinos que sembraban el terror a cualquier precio.

Las cicatrices quedaron en la piel y en el alma de 26 infantes y 14 adultos víctimas de la sorpresa y las llamas, en el afán de escapar de un infierno fabricado con fósforo vivo por exmilitares del ejército de Batista y otros desafectos a la Revolución, resentidos por la derrota sufrida en Playa Girón. Vaya valentía contra un público de mayoría infantil, pues sabían que las consecuencias no se limitarían al susto cuando la pantalla comenzara a arder; y sin embargo recibieron la aprobación de la CIA.

El presidente norteamericano Barack Obama dijo –con marcada ironía en la reciente Cumbre de las Américas– "disfrutar las lecciones de historia" que recibía en ese tipo de citas, pero no estaba interesado en disputas iniciadas antes de que él naciera, ni atrapado en ideologías, y que tampoco sería prisionero del pasado.

Pero el pasado es la historia y esa no se debe olvidar, es la suma de hechos que nos han traído hasta aquí, es la raíz que sustenta las ramas del presente. Si se olvida revisarlas, volver a ellas... ¡Ay del follaje, de los frutos que vendrán! No es estar resentidos, sino recordar la calaña de aquellos que en todos estos años de Revolución han intentado truncarla, hacer difícil la existencia a quienes quieren vivir en paz donde nacieron y con el sistema elegido por la mayoría.

Dijo José Martí: "Es un criminal el que promueva en Cuba odios, o se aproveche de los que existen". Y ese calificativo es para los malos cubanos del Riesgo y también para los que en la actualidad con otra fachada alimentan sus odios, desvirtuando la obra de la Revolución, pero reciben algo más que el consentimiento de quienes fuera de estas costas se aferran a otro pasado, que aunque no se olvida tampoco volverá.

El actual Presidente norteamericano reconoció que ya pasaron los días en que la agenda de los Estados Unidos para este hemisferio a menudo presumía entrometerse con impunidad, y la parte cubana dejó clara su aceptación al intercambio y a los buenos cambios, siempre que se respeten los principios en los que se basa el modelo económico que cubanas y cubanos perfeccionan.

La historia va a ayudar en todas esas aspiraciones, y permitirá entender a propios y extraños porqué Cuba lucha y no claudica ante un bloqueo inhumano de quienes se proclaman defensores de los derechos universales, mientras resiste digna y solidaria para constituir un ejemplo ante el mundo.

Obama, padre también, no había nacido cuando la Revolución triunfó, ni fue de los adultos que a partir de entonces vivieron con el miedo de entrar a un cine o dejar que sus hijos fueran a la matiné, pero debe saber que los autores del sabotaje al teatro pinareño y de otros que causaron muertes y mutilados en la Isla, reconocieron su vinculación con la CIA o escaparon de la justicia al dirigirse a los Estados Unidos.

Hoy la historia es otra y cuando la familia va al cine, o dejan a los pequeños en los centros de enseñanza lo hacen con la seguridad de que están protegidos, de que quienes se aprovechan de los odios actuales tienen mucho cuidado para atentar contra la infancia y esgrimen "sus verdades", esas que ceden aún ante una inteligencia de bajo coeficiente, con valentía de mercenarios. Eso debe tenerlo en cuenta el presidente Obama.

Por eso, hay que respetar la historia, no para autoflagelarnos al recordar hechos de dolor, sino como tan sabiamente insistiera la mandataria argentina Cristina Fernández, también en la Cumbre, para entender de dónde venimos y hacia dónde vamos, pues ayuda a comprender lo que pasa, lo que pasó, por qué pasó y fundamentalmente, a prevenir lo que puede llegar a pasar, porque sin duda la historia enseña.

Una buena colega me resumió este comentario: "Aprender de la historia, defender las ideas y entender que estamos ante un mundo diferente con nuevos desafíos, y actores, que exige un nuevo marco teórico para comprenderlo, es el primer paso para poder abordar consecuentemente los verdaderos problemas y peligros que se ciernen sobre la humanidad".

Sobre el Autor

Blanchie Sartorio

Blanchie Sartorio

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana, Cuba.

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