El Kingue y la bestia
El mar se mecía suave, con una bonanza inusitada por aquellos días calurosos cuando las brisas del este, predominantes en la isla, convierten la orilla sur del Cabo de San Antonio en un rugir de olas contra los rompientes de las barreras coralinas y explotan como un aerosol en la costa afilada por el diente de perro.
- Escrito por Felix Témerez
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