Actualizado 21 / 08 / 2017

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Las buenas y las malas compañías de hoy

En la antiguedad, cuando en el barrio había algún joven de mala reputación, los padres aconsejaban a sus hijos dejar esa mala compañía; el tiempo ha pasado, la tradición se ha perdido, pero los adolescentes tienen peores amigos y nadie sospecha; los ignoran o se hacen los desentendidos para estar a tono con los nuevos tiempos.

Hoy una amistad peligrosa para un niño o un adolescente puede viajar en la mochila o en el bolsillo, llámese teléfono o tablet; quizás una laptop o las consolas de videos juegos. Cada cual posee sus riesgos y sé que críticos no me faltarán, estoy metiéndome con el boom de última generación, pero sinceramente los peligros llaman a la reflexión.

Las nuevas tecnologías cuentan con beneficios, negarlo sería insensato, pero aceptarlas ciegamente a pie juntillas tiene más. Como todo lo que ofrece un lado positivo, también da uno negativo, les propongo empezar por lo primero.

Los beneficios suman muchos, los gobiernos que participaron en el Foro Mundial de la Educación, en Dakar, Senegal, en abril del 2000, acordaron trabajar por objetivos esenciales, con la meta final de alcanzar la tan deseada educación para todos, algo que en Cuba les adelanta un gran trecho y precisamente como herramienta principal apuestan por la utilización de las tecnologías de la información.

Pero esas tecnologías hay que utilizarlas con responsabilidad, y ya los países del primer mundo, más algunos en desarrollo que no tuvieron cuidado, están pagando las transformaciones que se han operado desde lo individual hasta lo familiar.

En muchas partes se vive en un mundo individualista, donde cada uno se preocupa de su “yo” dejando de lado a los demás y eso se da igual en el interior de las familias, con los riesgos acrecentados del embarazo en las adolescentes, el alcoholismo, las drogas y la violencia como consecuencias de la “incomunicación” que existe en los núcleos humanos.

Los más cautos dirán y ¿qué peligros encierra un celular?, bueno son bastantes si estás conectado a Internet, una meta hacia la que avanzamos a pasos agigantados, pero aún su uso local los tiene igual: permite a adolescentes y jóvenes intercambios (y no culpen solo a zapya) que van desde la última foto porno, hasta selfies (autofotos) de desnudos, más los favoritos vídeos que empiezan por la música e imagínense donde acaban.

Esto sucede porque es muy común ver a los padres que llegan del trabajo a su casa y van directo a acostarse, sin saber de cómo funciona ese aparatico inteligente que le regaló a su hija o hijo.

Los intercambios de archivos es una de las cosas más atractivas que tiene los terminales digitales. Los adultos ignoran el funcionamiento, pero cualquier muchacho de secundaria es un avezado hacker, y más aún en la computadora –tan común como una batidora en un hogar cubano– donde se pueden “esconder” archivos con esos contenidos que no deben estar a la vista de todos.

La gran familia de las nuevas tecnologías suman los dispositivos útiles y necesarios, como teléfonos y medios digitales valiosos para trabajar y estudiar, hasta los más sofisticados para jugar, y aunque costosos, son bastantes comunes en las casas de hoy.

Si la televisión la bautizaron los europeos como la caja tonta, por el daño que causa su adicción, qué pensar de los medios interactivos, que además de hacerte daño te muestran cómo hacerlo.

La comunicación entre padres e hijos se torna cada vez más escasa o simplemente nula, debido a la evolución de los diversos ámbitos tecnológicos y el conocimiento apresurado de las nuevas generaciones sobre ellos.

Ya a las personas en una casa les es más fácil comunicarse con alguien a miles de kilómetros que conversar con la familia que está a unos metros. Existen chistes que revelan esa realidad, cuando dicen... ¿a la hora de comer el celular se sitúa a la derecha o a la izquierda del plato?

Alguna literatura explica que esos medios son un poderoso instrumento de socialización, tanto más vigorosos que la familia, la escuela o el trabajo, porque forman los sentimientos y las creencias, entrenan los sentidos y ayudan a la imaginación social.

En la actualidad estamos inmersos en la tecnología desde los niños hasta los adultos, y por desgracia no siempre es un hábito bueno, ya que algunos se ven influidos de manera negativa por ellos.

Una paradoja, ya los escolares no leen libros, todo es digital, se perdió ese hábito de ir razonando mientras lees, ahora todo es automático. La gramática está sufriendo lo indecible, los fabricantes de software se desviven poniendo en sus máquinas sistemas de corrección ortográficos, pero cada vez que un menos ducho mete el dedito en el “diccionario”, lo que le añade es una monstruosidad.

Los medios visuales como las revistas, los periódicos, los folletos y los libros en general, difícilmente son apetecidos por la juventud de Cuba hoy, y aunque creemos lejana la Internet, ya casi se oyen sus pasos y con la celeridad que se hacen las cosas aquí, vamos a ver qué sucederá, pues navegar es el acontecimiento más extraordinario de los últimos tiempos, porque además de recibir los más actualizados conocimientos, también te enterarás de en qué parte “hay una población alienígena” o de que “Jesús visitará la tierra la semana próxima”, así de disparatadas son las cosas.

A nivel de producción estos medios no requieren ni de mucho dinero ni de tantas personas para hacerlo, basta tan solo uno con los suficientes conocimientos acerca de cómo aprovechar los recursos que dispone la red para que pueda ponerse en marcha. Su variedad es infinita e ilimitada, lo que hace que, día a día, un gran número de individuos se inclinen por ellos para crear, expresar, diseñar, informar y comunicar.

Para el mundo digital no existen los secretos, todo es posible; todo se puede comunicar, mandarlo por el mundo a miles de kilómetros o distribuirlo más de cerca con el bluetooth, zapya u otras herramientas con igual propósito.

Quizás una lectura a priori no permita comprender la magnitud de lo que expongo, pero actualícese, documéntese y verá cuántos riesgos corren cuando no podemos moni-torear a nuestra generación más menuda, que aunque llamen nativos digitales no lo son, pero eso lleva otro artículo.

Sobre el Autor

Ramón Brizuela Roque

Ramón Brizuela Roque

Licenciado en Periodismo Universidad de La Habana 1977. Premio Provincial por la Obra de la vida, 2013.Fue redactor reportero en Juventud Rebelde y Trabajadores; colaborador asiduo en Radio Guamá y TelePinar.

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  • Invitado - Ryuzaky

    Mmm..., usted ha publicado en un sitio web, y usado la tecnología con un buen fin. No creo que la tecnología implique tanto ¨mal¨ al punto de volverse una mala compañía; el uso que le damos a la tecnología depende de los valores, conocimientos, principios e ideales que tenga una persona (y también del tiempo que invierta en ellas). Un fusil puede usarse para vivir de la caza o para cometer un crimen, así mismo un tablet puede servir para comunicarse, ver una película, estudiar, o como bien dice usted, ¨copiar la última foto porno por zapya¨.
    No se dice que la familia es la primera escuela del hombre? Pues creo que con una buena educación y preocupación por parte de los padres, las futuras generaciones ¨estarán a salvo en las garras de la tecnología¨. Y para terminar, en cuanto a lo de que se ha perdido el hábito de lectura, yo siempre he querido tener la saga de Harry Potter, de Canción de Hielo y Fuego o todo lo relacionado con el universo de Tolkyen…, averigüe que cuestan esas sagas, o cuanto habría que pagar para traerlos desde otro país (porque pesan, y ocupan espacio que podría usarse para cosas de uso más urgente) y entonces sabrá por qué algunos lectores debemos resignarnos a los libros digitales.
    Salu2s

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