Me cuentan de Pinar del Río
- Escrito por Ramón Brizuela Roque
"¡Se está poniendo bonita!", así dicen todos de Pinar del Río, cuando aún el maquillaje está en cierne y queda mucho por hacer hasta el próximo año, porque la belleza no deberá ser solo arquitectónica, sino humana y rescatar las tradiciones y normas de cortesía y hospitalidad, muy propias de los vueltabajeros.
La Calle Real, como dicen los viejos, José Martí para las nuevas generaciones, tiende a transformarse, dos sistema de comercio pugnan armoniosamente, los privados y el estatal, aunque siempre salta el pero, deben ambos poner gran empeño para que sus establecimientos reluzcan como merecen.
La Empresa de Servicios está fuertemente comprometida, aunque todos los organismos igualmente lo están, es necesario que quienes arrienden locales los embellezcan más que sus propias casas. De lo estatal ni hablar, las cadenas propietarias de las tiendas y otros sitios están obligados a que sus vidrieras tengan la magia de los cuentos infantiles.
Hay un ordenamiento vial, ciudadano, comercial y hay que abogar por el humano, no es bonito un vendedor ni un bicitaxista con una presencia descuidada, porque eso le resta credibilidad ante el cliente o el solicitador del servicio y no basta con la limpieza del vestuario, más hace falta la del léxico: un buen vocabulario, acompañado del debido respeto gestiona más pasaje que un gestor.
Los parques principales - con los servicios inalámbricos – han recuperado la tradición de estar sus asientos ocupados, pero eso lleva esfuerzo y limpieza, además de mucha exigencia, el respaldo no es para sentarse, el papel mantecoso de la pizza, debe ir al cesto, no al suelo.
En ingeniería se modifican segmentos desde la intersección de Martí y Rafael Ferro, incluso en un futuro no lejano será agradable, cuando el sol se pone, ir a tomarse fotos ahí, porque con diferentes diseños renace todo el tramo hasta el hotel Pinar del Río.
Las calles cambian en su entorno, aunque mucha gente todavía no lo entienda, el parque Martí se alarga y hará las estancias más agradables, en la Alameda no se ha comenzado, pero está en los planes y así va cambiando la ciudad.
Hay muchos lugares que renacerán como bazares, bares, cafeterías, tiendas de artesanía y muchos servicios necesarios para los pinareños, lo que no podemos desesperar, algunos no entenderán porqué tardó tanto para comenzarse, pero la economía es implacable y las cosas se hacen solo cuando ella lo permite.
Esto es un esbozo, un pequeño acercamiento, lo más difícil será lidiar con la personas, explicarles y después exigirles porque mantengan limpio el entorno, para que sus bicicletas no obstruyan el paso en aceras y portales, ¡Ah! y que por fin los citadinos se decidan a caminar por las aceras, algo censurable del nuestra capital y una vara para que los forasteros nos midan.
Sobre el Autor
Ramón Brizuela Roque
Licenciado en Periodismo Universidad de La Habana 1977. Premio Provincial por la Obra de la vida, 2013.Fue redactor reportero en Juventud Rebelde y Trabajadores; colaborador asiduo en Radio Guamá y TelePinar.




