Actualizado 22 / 02 / 2020

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Conciencia

Las situaciones críticas tienden a exponer lo mejor de unos y lo peor de otros, algo que se constata en numerosas aristas de la vida y que, en ocasiones, nos dejan sorprendidos con personas que no valorábamos, en tanto otros individuos nos desencantan con su actitud.

Recientemente, en los meses de septiembre y octubre del 2019, el país vivió lo que las máximas autoridades denominaron un escenario coyuntural, marcado por la disminución del transporte público, y la provincia no escapó a ese sensible panorama.

Dificultades en el abasto de combustibles a la Isla desencadenaron tormentosas aventuras en la vida de los cubanos para trasladarse a los trabajos, escuelas o regresar a los hogares en las tardes luego de agotadoras jornadas.

Medidas gubernamentales no faltaron en medio de un contexto hostil para la nación, y se tuvo que optimizar el uso de los recursos: el popular lema con menos hacer más, nunca fue tan válido como en aquellos momentos y, hasta hubo quien brindó su medio particular para ayudar a sus coterráneos.

De esa última experiencia, muchos en Pinar del Río tendrán sus propias vivencias: el lada particular que los recogió, la moto eléctrica que los adelantó o hasta el visitante foráneo que cargó en su auto rentado a algún desconocido.

También habrá mucho que agradecer a los inspectores colocados en las paradas y el estoicismo de estos para lidiar contra choferes y directivos que parecían no estar al tanto de la realidad ni a la altura de su pueblo, y por tanto, trazaron insólitas estrategias para escapar de la obligación de recoger en «sus vehículos».

Claro, estos fueron unos pocos, la mayoría de los conductores y jefes cooperaron y los cubanos de a pie llegamos a nuestros destinos, gracias a sus acciones solidarias, orientadas y verificadas desde las más altas instancias de la dirección del país.

En la actualidad, cuando se han quedado establecidas las medidas tomadas por el Gobierno para ordenar la transportación de personal, como respuesta a un justo reclamo de los cubanos, persisten indisciplinas que dañan la coexistencia pacífica.

En ese sentido, muchas posturas se deben criticar de los propios afectados, de los que aglomeramos las paradas para tratar de movernos en las guaguas o carros chiquitos, bajo el sol de la tarde o con el apuro de la mañana.

Las colas parecen convertirse en un elemento simbólico: a la hora de abordar el auto no se respeta el orden de la misma ni las prioridades de los más necesitados, entre ellos niños, ancianos o enfermos, así la tarea se torna titánica.

La realidad aparenta divorciarse de la idea de pensar como país», como colectivo, como hermanos de causa y, lo más triste es que el individualismo, entiéndase como el resolver lo propio a toda costa, es una tendencia que se incrementa cada día en nuestra sociedad, pensada con todos y para el bien de todos.

Ese fenómeno, a seis décadas del triunfo de la Revolución, cambio que no solo fue político, sino cultural, es algo alarmante en medio de todos los retos que tiene ante sí la Cuba de hoy, más necesitada que nunca de patriotas, de vergüenza, en fin, de conciencia.

Los esperanzados soñamos con que se supere este escollo, y los valores más fundamentales, esos que han permitido mantener las conquistas de tantos años de lucha, reinen en las paradas, en las tiendas y en cada ámbito; de suceder lo contrario, una pregunta se impone: ¿Hacia dónde vamos?

Sobre el Autor

Luis Alberto Blanco Pila

Luis Alberto Blanco Pila

Periodista deportivo del Periódico Guerrillero

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