Actualizado 18 / 01 / 2020

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Año nuevo, metas nuevas

El 2019 oficialmente forma parte del pasado y con él todos los buenos y malos momentos que nos sucedieron. A esta fecha, comenzaremos a entrar en la segunda decena de un 2020 que se antoja agridulce por naturaleza. Pues, aunque existan piedras en el camino, –y seguramente las habrá– contamos con el característico optimismo que siempre posee el cubano promedio.

Para nadie es un secreto que el pasado año fue intenso, en gran medida al abarcar parte de los renglones de la economía nacional; en ello tuvieron protagonismo la escalada y las pretensiones estadounidenses de hacerse con el control y dominio absoluto de la Isla. El método, uno que nunca les funciona: rendirnos por la fuerza. Pero a ellos se les olvida que, si es a «pepe…», a los cubanos no nos gana ni el más pinto de la paloma.

Lejos de cualquier especulación sobre el periodo que sobreviene, de posibles aprietos y beligerancias, resistencias y carencias, éxitos y metas vencidas, deberíamos enfocar nuestro accionar en cómo transitar este 2020.

Y es que lo más importante no es el camino en sí, sino la forma de recorrerlo. Me viene a la mente Cantares, aquella canción de Serrat que versa «Todo pasa y todo queda/ pero lo nuestro es pasar/pasar haciendo caminos…/. Caminante, son tus huellas/ el camino y nada más/caminante, no hay camino/ se hace camino al andar».

Y en este punto de inflexión me gustaría detenerme, porque sabido es que un nuevo año significa siempre para nosotros una forma de empezar de cero.

Esta es una oportunidad para adentrarnos en un 2020 con toda la energía positiva posible, con el fin de desenmarañar las trabas de la empresa estatal e incentivar el desarrollo local a partir del encadenamiento productivo de los sectores económicos.

Debemos luchar por producir con calidad y durabilidad, pues el país no puede darse el lujo de facturar ni caer en la producción miserable de baratijas, bajo el principio del consumismo de la economía de mercado.

Es imprescindible lograr que cada obrero se sienta dueño de su empresa y que obre como tal, enfrentando el ruedo de las indisciplinas, las chabacanerías, los falsos compromisos, la corrupción y tantos otros males que ralentizan el socialismo óptimo que pretendemos.

Como dijera el presidente Díaz-Canel, no solo nos interesa resistir, pues ese mérito es nuestro desde hace tiempo. El desafío mayor que se presenta en medio de las presiones yanquis es el de conquistar la mayor prosperidad posible. Para ello será fundamental alcanzar el tope de las producciones nacionales, las que deberán ser más diversas y de mayor calidad.

Tampoco olvidemos que en cada jornada la reducción considerable de las importaciones y explotación de todos los renglones que contengan potencialidades en materia de rubros exportables será vital.

No nos engañemos, también hay que prepararse, sin duda, para un escenario de mayor bloqueo; pero independientemente de las artimañas para asfixiarnos, seguiremos con la actualización del modelo económico y nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, como dijera el Comandante en Jefe en su concepto de Revolución.

Otras líneas de trabajo deberán estar basadas en corregir las deficiencias del proceso inversionista, cuya solución nos corresponde inequívocamente, y contrario a lo que piensen algunos, nada tiene que ver con el bloqueo estadounidense.

Priorizar al sector no estatal deberá ser premisa indisoluble, pues con su dinámica de crecimiento ha demostrado la importancia de que todos confluyan y tributen al desarrollo del país.

Por último y no menos importante, tendremos que incrementar la circulación mercantil minorista en la oferta de bienes y servicios a la población, y mejorar la asignación oportuna de recursos en la agricultura y la industria.

En esta correlación las empresas serán responsables de crear y aprovechar más las opciones existentes para acceder a las divisas y potenciar el vínculo entre la academia y el sector empresarial.

Quizás sea un año duro, es una posibilidad cercana. Pero si trabajamos mancomunadamente en función de los objetivos anteriores, nada podrá salir mal, pues parafraseando las palabras de Fidel ante la salida inminente del «Granma» y salvando las distancias: «si llegamos… triunfamos».

Sobre el Autor

Ariel Torres Amador

Ariel Torres Amador

Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana, Cuba

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