Actualizado 18 / 01 / 2020

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Ideales y coleros

Qué suerte la mía, hoy sí compro galletas de sal», pensé al ver que aún descargaban la mercancía en el mercado Ideal ubicado al lado de la dulcería Doña Nely de la ciudad de Pinar del Río. Lo creí porque no había muchas personas a la espera.

Pedí el último. De inmediato me explicaron que eran dos colas: una para las galletas dulces y otra para las saladas. Así que marqué en esta última. Empezaron a despachar y todo iba bien hasta que alguien de un grupo solicitó producto que correspondía al otro. Así inició la desorganización y con ella emergieron los coleros.

Sí, esos individuos que se dedican a hacer colas en diferentes establecimientos para comprar productos de alta demanda popular y luego revenderlos a un precio muy superior. Algunos operan de forma independiente, pero generalmente actúan motivados por alguien que a cambio de sus servicios les paga una comisión.

Aquel día viví de cerca su modus operandi. En el intento de unificar ambas colas se formó el desorden y las discusiones, situación ante la cual muchas personas desistieron de comprar y abandona-ron el lugar. Justo ahí uno de los coleros se plantó y dijo que le correspondía a él y no hubo forma de demostrarle lo contrario.

Los demás integrantes de la banda ya estaban ubicados de forma estratégica. Dos de ellos devinieron organizadores voluntarios de la fila. Dos señoras pasaron por la cola de los limitados físicos. Un joven pidió prioridad en dos ocasiones como estibador. Y otros seis más, entre hombres y mujeres, pasaron varias veces por la cola convencional, porque cada uno marcaba para sí y para los demás socios de la tropa.

A las afueras del mercado, su “amo”, cubierto en oro, los esperaba con dinero en mano, recogía los paquetes de galletas y los depositaba en un maletín de proporciones enormes.

La existencia de coleros en distintos centros comerciales genera demora en la prestación de servicios, impide que personas que hacen la cola adquieran el producto y constituye causa de especulación en el mercado negro de algunas mercancías altamente demandadas.

Los medios de comunicación han insistido en la necesidad de solucionar este problema que tanto molesta a los pinareños, sin embargo, los sujetos continúan presentes en nuestra cotidianidad y pareciera que perfeccionan su sistema de trabajo, mientras, varias administraciones muestran desatención, y en cierta medida, hasta complicidad con este tipo de delincuente.

¿De qué manera pudiéramos llamar a un administrador que ante el reclamo de la población, dice que detendrá la venta hasta que lleguen los agentes de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR), pero no cumple con lo dicho y permite que los propios coleros organicen la cola? ¿Cuál es el nombre indicado para un directivo que desde una esquina del “Ideal” presencia el disturbio provocado y no toma partido para resolver el conflicto?

Que los acaparadores coexistan en el contexto pinareño también es responsabilidad de la PNR y de la Dirección Integral de Supervisión en la provincia, máximos responsables de garantizar el orden y la legalidad en los sitios de venta.

Las administraciones de los mercados Ideal –a los que suelen acudir los coleros en busca de mercancía como galletas de sal, bonito troceado, pasta de tomate y otros– tienen facultades y el deber de crear mecanismos para controlar las ventas a quienes ellos conocen que contribuyen a esta actividad ilícita.

Asimismo, previo a la comercialización de los productos antes mencionados –que resultan los «perseguidos» por los coleros– la dirección de estos establecimientos pudiera solicitar la ayuda de los organismos impositivos, a fin de lograr un mejor establecimiento de la disciplina.

Cuando estos elementos inescrupulosos sientan sobre sí el peso de la ley, la autoridad de los directivos y el reclamo de la población, abandonarán este empleo parasitario.

Pongamos fin a la historia de gentes que al servicio de otra persona o de forma individual se dedican a hacer, bueno, más bien a romper colas en centros comerciales para adquirir recursos de alta demanda popular y luego revenderlos a precios exorbitantes.

Sobre el Autor

Yurina Piñeiro Jiménez

Yurina Piñeiro Jiménez

Licenciada en Periodismo en la Universidad Hermanos Saíz de Pinar del Río, Cuba

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