Actualizado 18 / 01 / 2020

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Ecos de un festival

Hubo jolgorio en Pinar del Río. No fue un carnaval ni fiestas populares. Tampoco se celebraba un aniversario más de la fundación de la ciudad. Era Nosotros, el festival de la cultura pinareña, un evento que surgió en el 2014 con la importante misión de reflejar las tradiciones más autóctonas que nos distinguen como habitantes de este extremo cubano.

La cuarta edición tuvo a su favor un programa más amplio y abarcador que en años anteriores. Las propuestas, en contenido, resultaban atractivas en casi todas las manifestaciones del arte.

El público que asistió a los espacios, especialmente los dedicados a la música, agradeció la presencia de artistas de renombre que accedieron a matizar el evento y que no visitaban Vueltabajo hacía bastante tiempo.

Toques del Río, Telmary, Síntesis e Ivette Cepeda le inyectaron al festival un sabor agradable. «Sabroso» se puso el estrado de los bailables con El Noro y Primera Clase, al igual que con los conciertos de Will Campa y Tania Pantoja.

Se hicieron homenajes como la entrega del Escudo Pinareño a dos personalidades que además de merecerlo por su trayectoria artística, han defendido siempre a Pinar del Río desde aquí, su tierra. Felicidades a Panchito Alonso y a María Elena Lazo.

La música y la literatura se robaron el show. Las artes escénicas demostraron que el teatro joven intenta renovar una manifestación que en Vueltabajo va perdiendo adeptos. La danza quedó esta vez relegada, al igual que las artes plásticas, aunque hubo muy buenas propuestas en varias salas expositivas.

En general, Nosotros ganó en diversidad y seriedad. Sin embargo, quedaron numerosas inconformidades que empañaron una impresión feliz.

En extremo pálida resultó la gala en La Piscuala dedicada a Polo Montañez. En el aniversario 17 de su desaparición física, el Guajiro Natural merecía un mejor tributo.

¿Saben los pinareños quién fue El Niño Rivera? ¿Por qué no reflejar su música en los espacios abiertos o hablar de su vida, de sus aportes al panorama musical cubano? Un festival dedicado a su centenario necesitaba más que una gala en el teatro principal de la ciudad.

¿Por qué destinar un local como La Sitiera para alguien como Ivette Cepeda, cuando contamos con un teatro Milanés y un cine Praga?

¿Por qué no extender el programa hasta el fin de semana, en vez de atiborrarlo con actividades a las que la población trabaja-dora no pudo asistir?

¿Por qué para tomarse una cerveza en algunas áreas había que obligatoriamente comprar una cajita con comida o un bisté?
Son preguntas que surgieron al calor de las jornadas de celebración y que son válidas si queremos que el próximo año el resultado sea mejor.

En comparación con ediciones anteriores, esta dejó un mejor aroma, pero sigue sin respirarse la identidad, la pinareñidad por la que se concibió el evento. Aún la gente lo siente lejos, ajeno. Algunos todavía se preguntan cuál era el motivo de tanto ajetreo.

Faltó la promoción directa, precisa, ordenada, oportuna. Los medios pudieron hacer su parte, pero eso no basta. La estrategia debe estar mejor pensada para que se sienta realmente que cada año, por esta fecha, en Pinar del Río se espera una jornada de celebración, de rescate de tradiciones, historia y cultura.

¿Será que como dicen por ahí el pinareño no está acostumbrado a ello? Pues es misión de todos acostumbrarnos, distinguirnos como lo hacen los holguineros con sus Romerías de Mayo o los camagüeyanos en la Fiesta del Tinajón.

Hubo jolgorio en Pinar. No eran carnavales ni el aniversario de la ciudad. Ojalá que los sinsabores de este sirvan para que el próximo festival de la cultura pinareña sea verdaderamente de Nosotros.

Sobre el Autor

Dainarys Campo Montesino

Dainarys Campo Montesino

Licenciada en Estudios Socioculturales. Ha trabajado como traductora de la versión en inglés del Periódico Guerrillero.

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