Actualizado 05 / 12 / 2019

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Los vegetales y mi plato

Mis platos extrañan los vegetales, que por estas fechas ya comenzaban a comercializarse en diferentes puntos de venta de la provincia. No soy particularmente vegetariana, pero gusto de tener siempre algo con qué dar color a nuestra constante monocromática: arroz y frijoles.

Hace unos meses, los topes de precios hicieron que la mayo-ría de los carretilleros retiraran sus tarimas de las calles. Algunos quizás lo hicieron por avaros, y menciono esta posible causa, porque muchos piensan que con los precios de las viandas se enriquecían, yo lo dudo. Sobrevivían sí, pero ¿ricos?

El pueblo, agradecido por la política que favorece sus bolsillos, hoy no encuentra con frecuencia la oferta que antes tenía en cada esquina de la ciudad (a sobreprecio, pero había). Las tarimas han cerrado, el sistema de control creado se quedó en el eslabón más básico que eran los vendedores, simples intermediarios entre productores y transportistas sin topes de precio.

La crisis energética hizo su parte también, al inicio de la campaña de frío, con escasez de combustible para el riego de los cultivos, dificultades en la llegada de las semillas hasta los campos y de fertilizantes y plaguicidas desde los puertos hasta las estructuras productivas de la agricultura.

Si bien a nivel macro pudiera decirse que la producción de vegetales no ha estado significativamente perjudicada, a las mesas llegan estos alimentos en ocasiones contadas, cuando se vende algún tomate verde o pepino, y nada más.

Los organopónicos pudieran ser un alivio a la situación, amén de que sus cultivos no brindan las proporciones necesarias para surtir cada hogar. Esta forma de Agricultura Urbana surgió también en otro periodo de crisis, más cruento que el que vivimos hoy y con menos acceso a estos productos, porque aún las carretillas no existían para acercarlos a las ciudades.

Sin embargo, en este momento, la mayoría de los organopónicos solo planta vegetales de hoja como lechuga, col china, acelga y hortalizas menores; aunque también hay algunos más rezagados que recién comienzan los movimientos de la hierba en los canteros para iniciar la siembra de la presente estación, un lujo que, en las condiciones actuales, no se puede permitir.

Según autoridades competentes en el tema de la Agricultura Urbana, los sistemas de riego constituyen la dificultad más importante, pues no existen otros problemas asociados con la disponibilidad de semillas, excepto las de col y cebolla. Los especialistas afirman que ya estas estructuras comenzarán en breve el cultivo de la zanahoria, el tomate y el pimiento, ubicados en mayor preferencia entre los consumidores.

Es cierto: ni los organopónicos ni las carretillas responden a la totalidad de las necesidades y posibilidades económicas del pueblo, respectivamente; pero, ¿qué decir de los mercados agro-pecuarios estatales? Ellos sí podrían abastecer a la masa, con un sistema subsidiado y bien articulado de acopio de los vegetales que llegue oportuna-mente hasta donde estos se encuentren sembrados, porque para nadie es secreto que tienen un tiempo de caducidad menor que el resto de los productos.

No hay que hablar de «vegetales para fin de año» como si fuera la única época en que la demanda de estos existe. No se trata del mes de diciembre, sino de exigencias alimentarias de la población que gusta de consumir los que corresponden a cada estación.

Sobre el Autor

Vania López Diaz

Vania López Diaz

Periodista y fotorreportera del Periódico Guerrillero.

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