Actualizado 05 / 12 / 2019

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Conformismo… ¿a lo cubano?

A los periodistas las ideas y las parrafadas nos surgen en los lugares menos esperados: en la cola del pollo, dormidos en una guagua tras la jornada laboral, bajando la avenida Martí o simplemente cuando algo golpea nuestra vista e irrumpe en el cerebro sin permiso, trayendo consigo oleadas de frases cortas que deberán completarse con urgencia.

Digo esto, pues tenemos una mirada muy crítica ante lo mal hecho, ya que nos molesta más que al ciudadano común, posiblemente porque contamos con voz para denunciarlo o no dejamos nunca la profesión en casa y con ella representamos al pueblo.

En este sentido, he analizado cómo la desidia se ha apoderado de muchos, aunque quizás sería mejor llamarlo conformismo para ser exactos. Y aquí me gustaría detenerme y comenzar el análisis que propongo en estas líneas: el conformismo.

Y es que esta actitud, algo incipiente que me gustaría llamar «conformismo cubano», está haciendo estragos diariamente en nuestra Revolución, en la cotidianidad de todos.

Debido a las disímiles situaciones críticas que hemos enfrentado, dígase periodo especial, bloqueo estadounidense, algunos tiempos de escaseces alimentarias y otras, es que hemos aprendido a convivir con este sentimiento –si es que se le pudiera llamar así– y a dejar entonces que nos arrastre hacia el con-sentimiento final.

Muchas de las cosas que antes criticábamos ya nos parecen bien o nada fuera de lo normal. Si una persona cualquiera tiene la posibilidad de «resolver» para los suyos, decimos que está luchando y así lo permitimos. Si nos tratan mal en algún lugar o violentan los derechos que tenemos, también lo dejamos pasar por aquello de «hoy por ti y mañana por mí» ... el mismo texto anterior serviría además para los favores, las colas y así sucesivamente.

La cuestión es que nos hemos ido acostumbrando a convivir con todo lo que nos rodea, pues son tantos los problemas diarios que debemos asumir, que no existe tiempo para pelear o hacerles frente, solo nos conformamos y esperamos lo mejor.

Un ejemplo real. Hace poco asfaltaron la calle donde radica la vivienda de este escriba. ¿Quedó bien? ¿Valieron la pena el esfuerzo y los recursos empleados? ¿Se cumplió el objetivo? Pues al parecer sí, porque «quedó mejor que como estaba», aseguran la mayoría de los vecinos.

Pues no. El hecho de que haya quedado mejor que como estaba –en la opinión generalizada– no significa nada, pues en peores condiciones no podía estar este vial. Reitero: ¿Quedó bien? Muy debatible. Y en lo relativo a los movimientos de maquinarias, utilización de hombres/hora, logística y recursos valiosísimos del Estado utilizados, por solo citar algunos, pudieron ser mucho mejor empleados.

Ah, eso sí. Se cumplió el objetivo porque se asfaltó la calle y... «quedó mejor que como estaba». En resumen, eso, queridos lectores, es una muestra sencilla del llamado conformismo cubano.

Recordemos que no somos un pueblo indolente, que somos aquellos mismos que hicieron Revolución, y mientras más aguda sea nuestra visión para juzgar lo mal hecho, mejor será la posición ante la resignación.

Por tanto, el conformismo nuestro, el cubano, constituye una condición antinatural a modo de nación, y en consecuencia, deriva en una actitud perezosa que bien puede entorpecer, detener y/o dañar sensiblemente el desarrollo próspero del socialismo y de la soberanía.

Sobre el Autor

Ariel Torres Amador

Ariel Torres Amador

Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana, Cuba

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