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Aquí estamos, vivos como no nos quieren

No sé sus nombres, tampoco el número de circulación de la moto, solo que desde cierta distancia una mujer me llamó y al aproximarme para saber de qué se trataba, me dijo: «Es para que mi esposo te de botella».

Pero cuál no sería mi sorpresa, cuando al preguntarle hasta que parte de la ciudad llegaba, este me dijo que sentía pena conmigo por solo poder adelantarme hasta el Hospital Viejo, pues tenía que regresar por su esposa e hijo al lugar en el que me recogió para traerlos a ellos también.

En el carro que abordé rumbo a la urbe escuché a alguien describir cómo en la guagua de El Sitio ocurrió algo digno de reconocer.

Cuando el ómnibus avanzaba, un viajero vio en la carretera a un vecino de esa comunidad intrincada de La Coloma e inmediatamente desde su asiento le pidió al chofer que lo recogiera. El pedido encontró eco en varias personas y respuesta en quien conducía el ómnibus: de inmediato frenó el vehículo y hasta marcha atrás dio para ayudar al coterráneo.

Ese mismo día encontré a los trabajadores de una panadería garantizando diferentes elaboraciones en hornos de leña para ahorrar energía eléctrica. Cuando les pregunté por qué permanecían allí en aquellas condiciones desfavorables, me contestaron que lo hacían con entusiasmo, puesto que de ello dependía su salario, pero sobre todo el desayuno y la merienda de muchos niños y personas.

Si alguna duda quedaba en mí sobre la posibilidad de encontrar algo positivo en medio de la situación coyuntural, esta desapareció al llegar al portal de una casa de campo y ver a tres jóvenes campesinos y otros no tan mozos hablar sobre la tensa realidad que vive el país con la entrada de combustible, y sin embargo, exteriorizar satis-facción con las disposiciones de la máxima dirección del país ante el contexto actual.

«Díaz-Canel sabe lo que está haciendo. Ahora todos los choferes de vehículos estatales tienen que recoger pasajeros en las paradas, pero él es el primero que monta gente en su carro. Dijo que se evitarían los apagones, pero en caso de ser necesarios, había que informarlo antes al pueblo para que se prepararan. Además le está poniendo freno a los que se quieren volver ricos a cuenta de la gente (...)».

Estas son algunas experiencias de las tantas que día a día acontecen en las calles y campos de la provincia más occidental de Cuba, que nos hacen asegurar que a pesar de las restricciones derivadas del recrudecimiento del bloqueo a la Isla, los cubanos vivimos un tiempo hermoso. Me refiero a la dicha de ver cómo un pueblo se crece ante las dificultades, más allá de las consignas. Muestras de patriotismo y solidaridad que alivian las penas de las carencias.

Cierto es que podemos demorar horas en carretera para llegar al destino deseado, pero qué bueno saber que a diferencia de tiempos atrás, el transporte estatal que pase por el punto de recogida o la parada tiene la obligación de recoger a los viajeros o que simplemente alguien podría por buena voluntad darte botella. Satisface el hecho de que son minoría los que burlan a los inspectores de Transporte y no cooperan con el traslado de pasajeros.

Entre los pinareños no prevalece un ambiente pesimista. De forma general, la población muestra satisfacción con las medidas adoptadas por las autoridades gubernamentales, por ejemplo, la regulación de los precios de los porteadores privados y de algunos productos agrícolas, la posibilidad de realizar compras con tarjetas magnéticas que se obtienen con diferentes monedas internacionales, la creación de tiendas donde se comercializarán equipos que antes había que importarlos desde la gestión personal y otras disposiciones a favor del pueblo.

Los vueltabajeros no se cruzan de brazos, sino buscan alternativas para lograr las metas que se propusieron al empezar el 2019. Conozco productores de porcino que han armado molinos para triturar yuca, maíz u otros alimentos y de esta manera mantienen la crianza de sus animales en lo que se restablece el suministro de pienso.

Otros han rehabilitado sus bicicletas chinas, algunos se han incorporado a la recogida de desechos mediante la tracción animal y así todos los que piensan como país cooperan desde sus hogares y centros de trabajo a atenuar los daños ocasionados por el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto a la nación cubana.

Digno es de destacar también el trabajo a deshoras que realizan los directivos de los diferentes organismos junto a las autoridades del Gobierno y el Partido, quienes cada día estudian las particularidades de nuestra provincia y proyectan estrategias a fin de garantizar vitalidad en los servicios fundamentales.

Un tiempo hermoso además porque ha habido mayor empoderamiento ciudadano. La dirección política del país y la provincia han puesto en manos de las personas naturales diversas vías para denunciar las violaciones que se cometan a sus derechos. Un poder en la ciudadanía manifiesto también es el seguimiento a las insatisfacciones y en la comunicación de las autoridades al pueblo de todos los deterioros paulatinos que sufrirían los diferentes servicios.

A pesar de las limitaciones, los pinareños continuamos estudiando, trabajando, viviendo y soñando el futuro, obligatoriamente propio, no importado. Quizás porque consideramos que el origen de la situación actual no es la incapacidad del Gobierno cubano, sino la agresividad del bloqueo.

Aunque tal vez parezca disparatado, la tensa realidad actual también tiene aspectos positivos. Y es que al menos entre pinareños ha habido un renacer de la solidaridad y el sentimiento patrio. Un contexto además en el cual el pueblo ha exteriorizado confianza en la dirección política del país y, sobre todo, capacidad de resistencia. Aquí estamos, vivos como no nos quieren.

Sobre el Autor

Yurina Piñeiro Jiménez

Yurina Piñeiro Jiménez

Licenciada en Periodismo en la Universidad Hermanos Saíz de Pinar del Río, Cuba

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